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viernes, 12 de abril de 2019

Lista de pendientes



A punto de estrenar autoridades, y habiendo recibido las más novedosas ofertas de campaña, es adecuado recordarnos – y recordarles – que más allá de la obra física, el reforzamiento de la seguridad y otras ofertas, tenemos una larga lista de pendientes que parecen hacerse olvidado en campaña, pero que no pueden ser dejados de lado a la hora de administrar.

1. Inseguridad.- Aunque la campaña se ha enfocado en un supuesto aumento del crimen, esto no es del todo real. Pero la ciudad sigue siendo insegura en muchos aspectos: la violencia doméstica se mantiene vigente y esto solo se resuelve con políticas públicas de convivencia. La contaminación visual y auditiva es brutal, y la solución solo se depende de una buena ordenanza y un comisario bien parado. Nuestros ríos también están contaminados, y para ello debemos reorganizar nuestros sistemas de manejo de aguas y empezar a sancionar a los contaminadores.

2. Accesibilidad.- Latacunga no es apta para personas con capacidades disminuidas. Hay que mejorar la infraestructura general. También tenemos problemas de accesibilidad al gobierno local: los trámites aún se hacen a la antigua, la información municipal es difícil de acceder y los ciudadanos no somos informados eficientemente de la gestión. Urge incorporar herramientas de gobierno electrónico, reducción de trámites y mejora de los contenidos de la página oficial de la municipalidad y sus redes sociales.

3. Normativa.- Las ordenanzas de nuestra urbe están desordenadas, mal hechas y dejan muchos temas sin tratar. Se requiere una consultoría que informe a los Concejales del estado de la normativa local. En la misma línea, el Concejo debe encargarse de derogar, reformar, crear y codificar un cuerpo normativo sólido que permita reglas claras. Así no solo mejoraremos el sistema en si mismo, sino que seremos más atractivos para la inversión.

4. Tributos.-  Hay muchas tasas y otras imposiciones que se cobran de manera inadecuada o injusta. Una que otra es, incluso, inconstitucional. Deben revisarse los mecanismos de ingreso económico del Municipio, aliviando a los contribuyentes, alentando la inversión privada y permitiendo el desarrollo local en parámetros más competitivos.

5. Producción.- Debemos implementar una política productiva global, que permita el establecimiento de emprendimientos con bajas o nulas cargas impositivas durante sus primeros años. Hay que definir una zona industrial y dotarla de infraestructura. Además urge reestructurar las empresas públicas municipales volviéndolas más eficientes y competitivas en relación a la oferta privada.

6. Turismo.- La mayor tarea de la administración municipal en este punto es la promoción. Conjuntamente se deben iniciar actividades de capacitación a las comunidades indígenas en materia de servicio al cliente, conformación de sociedades y otros temas propios de esta industria. Establecer y promover un circuito turístico que explote las potencialidades de cada parroquia y que convenza al turista de quedarse más de un día en nuestra ciudad.

7. Áreas verdes.- Siendo una de las ciudades con menos espacios verdes por habitante, aún muy por debajo de los estándares recomendados internacionalmente, debemos eliminar la disposición que permite, a los constructores, pagar en efectivo el equivalente al área verde que están obligados a guardar. Si ello no fuere políticamente posible, el Municipio debe organizar un fideicomiso que se encargue de administrar directamente estos fondos, con el único fin de adquirir tierras no productivas y convertirlas en parques y reservas; también de invertir en la recuperación de espacios verdes que ya tenemos pero que no son más que potreros o botaderos.

Y así podemos seguir, posiblemente sin alcanzarnos el espacio de esta página. Posiblemente en siguientes ediciones completemos la lista. Toda recomendación es bienvenida. Solo no olvidemos que una buena administración va más allá de la obra física: debe mejorar nuestro estándar de vida, hacernos sentir más seguros y sobre todo más felices y orgullosos de ser latacungueños.

jueves, 28 de marzo de 2019

Necesitamos Historia



Latacunga es una ciudad que crece aceleradamente. Cada año, miles de nuevos vecinos se nos unen, algunos, compartiendo las líneas de convivencia que siempre han caracterizado al latacungueño. La mayoría de los nuevos bienvenidos desconocen por completo el sentido y concepto de “latacungueñismo”.
Ahora, ya avocados a esto, ¿será que los que con orgullo nos decimos LATACUNGUEÑOS, conocemos también este concepto? Dudo.
Dudo bastante, porque yo mismo soy mashca de cepa, hijo de mashca, nieto de mashca. Algunas veces he utilizado, en este espacio, el término “latacungueñismo”, no siempre seguro si lo hago bajo mis propios paradigmas de comportamiento, mi ideal de latacungueño, o un verdadero sentimiento proveniente del conocimiento de mi ciudad. Siento, obvio, pasión por mi ciudad, pero no puedo estar seguro de amarla bien; esto, desde el paradigma de que no se puede amar algo que no se conoce.
¿Conocemos la ciudad? ¿Sabemos la historia real de nuestra fundación, de nuestros próceres, de nuestros personajes?
Mientras historiadores nacionales y locales, cronistas y coleccionistas se debaten entre detalles y microleyendas que más parecen anécdotas, en la mayor parte de nuestra historia local, no hay consenso; y, si lo hay, no lo conocemos. Los textos que contienen nuestra historia están en manos de unos pocos, en colecciones poco visitadas y, en ningún caso, en programas educativos.
Claro que también es mi culpa, porque pude siempre mostrar mayor interés, y buscar esos textos, interesarme en investigar. Pero, seamos sinceros, en nuestra comodidad, ¿no sería bueno que alguien nos enseñe, en lugar de ir a buscar?
Entiéndase que no me estoy excusando, de ningún modo. Solo digo que, es claro, que durante décadas nos hemos despreocupado de mantener nuestra memoria histórica. Es más, pareciera que hacemos todo lo posible por olvidar.
¿Por qué queremos olvidar? ¡Carajo! Tenemos antecedentes históricos riquísimos, llenos de intelectuales, próceres, héroes, escritores, políticos…
Cantamos lo de “filántropos, sabios y grandes” con la imagen de León en la cabeza, mientras desconocemos a Páez, Ramírez, Subía, Vásconez, Campi, Varea…
Un filántropo es quien dona algo a la caridad, porque tiene y puede, Más valor tiene, para mí, el que da sin tener nada, el que crea, el que genera, el que guía y libera. No hago de menos a León, cuya virtud de “tener bastante” ha permitido la existencia de esta ciudad; pero es evidente que debemos descobijarnos del paternalismo filantrópico pasado, para dedicarnos, también, a estudiar y recuperar otras dotes que siempre caracterizaron a los latacungueños, y que lo siguen haciendo, pero con menos “cobertura de prensa”. Siempre hubo, y sigue habiendo, entre los mashcas de otrora y hoy, grandiosos políticos, pintores, escritores, deportistas, científicos. Yo mismo conozco, gente de mi edad, escribiendo libros técnicos de mecánica aplicada, cursando estudios de motores espaciales y, un compañero de aula mío, dando charlas de matemática avanzada en el extranjero. Somos mashcas, eso somos. Somos grandes.
Regreso al título: necesitamos historia. Necesitamos recuperar nuestra historia perdida y, por sobre todo, necesitamos escribir nuestra historia futura. Todo latacungueño tiene, en su ser, y por la bendición de haber nacido en esta tierra, el potencial de ser leyenda.
Salgamos del sillón, de nuestra comodidad, de nuestro ostracismo y de nuestra autoinfringida ineptitud, que nuestra madre no se cambia la chalina sola!

martes, 26 de febrero de 2019

Fiesta electoral




(Agradezco la colaboración en este editorial a mi amigo Juan Carlos Moreno Mora)

Como enamorando a una chiquilla, el candidato ofrece cualquier cosa a cambio de un voto. Nosotros, mientras tanto, hacemos brillar los ojos, ilusionándonos con la propuesta más grande, aunque la sabemos imposible de cumplir. Es que somos como muchachitos inexpertos, nos enamoramos de cualquier cosa, de un ideal. Como doncella de cuento, buscamos príncipe a caballo, cuando no hay más que oportunista en burro.

Tenemos 2 candidatos que son como la ex novia: quieren volver pero no sabemos para qué. Se promocionan haciéndote acuerdo de lo bonito que pasaban, pero uno también debe acordarse que los momentos bonitos tuvieron un precio, un alto precio. Y en la política, como en el amor, eso de “mas vale malo conocido...”, simplemente no aplica. Sabes que al decirle que si, no habrá muchas cosas nuevas o diferentes.

Otros, asoman como nuevos. Son la chica guapa, popular y nueva que podrías tener, pero no le metes mucho ñeque o no le tienes mucha confianza porque también puede tener algún mal antecedente. Además tus ex te dejaron tan golpeado que, mejor, ya no quieres saber nada. Y eso es riesgoso también. El miedo puede hacernos perder algo bueno.

Hay candidatos honorables, claro que los hay, gente de principios, trabajadores y con alto sentido del latacungueñismo, pero se ven como la niña fea pero de buenos sentimientos a la que le gustas pero no puedes dejar que la gente te vea con ella porque se te arruina la reputación. Es que no son populares, nadie les conoce y uno prefiere no arriesgarse.

Y hay candidatos, que ahí están. No son ni chicha ni limonada. No se sabe ni sus intenciones ni sus ideas. Ni siquiera hacen el esfuerzo de coquetear. Pero se llevan una parte de la fiesta, comen, bailan. Saben que no van a conseguir nada de ti, pero aunque sea se dan un baño de popularidad y es mejor alguito, aunque no pesquen nada concreto.

Es igual que una discoteca: están personas buenas, las malas, las guapas y las feas. También las invisibles. Pero hay que escoger una para bailar, porque si nos quedamos sentados viendo, tampoco vamos a conseguir nada. La fiesta se hace bailando. Y si nos quedamos fuera, ni siquiera tendremos luego el derecho a opinar. Es imperativo, urgente, que tomemos partido, que nos definamos por uno u otro candidato y lo apoyemos.

El mayor problema en nuestra ciudad es el quemeimportismo político. Nuestra fiesta se está llenando de candidatos y no tiene ciudadanos informados. Es una fiesta llena de chiquillas coquetas, con muy pocos interesados en ellas. Cuando el local está lleno de coquetas y vacío de gente interesada, ya no es una fiesta: es un prostíbulo.

Nuestra política local está así, prostituida. Y es nuestra culpa como ciudadanos, porque no hemos sabido dejar fuera a los oportunistas. No hemos querido atacar frontalmente a los corruptos. No opinamos contra los negociantes de votos ni reclamamos a los mentirosos. Así, las posibilidades de tener buenos administradores se reducen. Es que las princesas ya no quieren ir a la fiesta, porque está llena de indeseables. Los buenos ciudadanos no quieren lidiar elecciones, porque no hay apoyo popular y no pueden pelear con las chequeras de los oportunistas.

Aún quedan candidatos buenos. Están dispersos, un poco ocultos. Nosotros, lo ciudadanos, tenemos que llevarlos a la fiesta y hacerlos bailar. Nosotros tenemos que apoyarlos abiertamente, agruparnos con ellos y así sacar del salón a las fieras, las locas y las coquetas.

Insisto: si no lo hacemos ahora, terminaremos bailando con cualquier cosa, con oportunistas, con dulcesueños, ladrones.

jueves, 14 de febrero de 2019

Campaña de pobre




Por ley, el Estado debe proveer a los candidatos de cierta cantidad de fondos para que éstos puedan enfrentar su campaña. Estos fondos se calculan en al rededor de 40 centavos por persona según el territorio donde uno sea candidato. La verdad, no es mucho para una campaña. Pero es bastante para una no-campaña.

Los costos de una lid electoral para una provincia como la nuestra, puede fácilmente superar los trescientos mil dólares, sin hacer grandezas. Lo que el Estado provee no llega ni a la quinta parte de eso. Entonces una persona honesta que ha vivido de su propio esfuerzo toda su vida, difícilmente podría afrontar una campaña semejante. Esto hace que los mejores ciudadanos, que normalmente no serán millonarios, deban quedar fuera de la administración gubernamental, aunque fueran muy queridos por la población.

Obviamente, para conseguir esos capitales, los candidatos deben recurrir a ciertas maniobras como hacerse apoyar de intereses privados que, con la misma obviedad, deberán recuperar sus inversiones. Esto compromete al candidato a beneficiar a sus ayudadores cuando llegare a ser administrador de nuestras cosas.

Ningún candidato puede negar que tiene estos pactos. Ninguno.
Es importante, para nosotros los votantes, preguntar al candidato quiénes son sus aliados, y qué pacto se va a hacer con ellos. Debe preocuparnos que los aliados de los candidatos sean los menos peores. Al final, ellos son los que nos van a gobernar, tras cortinas. Así ha sido siempre.

Debemos trasnparentarnos: el candidato no puede seguir apareciendo como virgen inmaculada, y los votantes no podemos hacernos los tontos buscando al que dice que no tiene ningún pacto ni debe favor a nadie, porque eso simplemente es mentira.

El que no tiene acuerdos, el que dice enfrentar la campaña solo, ese me da más duda: no hace propaganda, no moviliza gente, no llega a las masas, no pone ni un cartel. Queda averiguar qué hace entonces con la plata que le dio el Estado, y si no puede mover ni cien personas, cómo se le ocurrió lanzarse de candidato.

Repito: lo que el estado da es poco para el que si tiene intensiones, pero mucho para el que no va a hacer nada y pueda esperanzarce en estos rubros para pagar alguna deudita.

Vecinos: es importante entender cómo funciona la política. Nos están vendiendo seres mitológicos, no administradores reales. Y nosotros seguimos votando por estos demagogos mentirosos, en lugar de elegir a quien, con transparencia, nos dice cómo realmente piensa hacer las cosas.

Nos gusta que nos mientan.

No hay campañas de pobre. Hay pobres haciendo campaña. Y otros haciendo campaña para dejar de ser pobres.


jueves, 17 de agosto de 2017

Corrupción.



Si, otro más que va a hablar de esto. Disculparán nomás, ustedes y yo estamos cansados de este tema. Y es que las últimas semanas nos ha llovido información brutal sobre los miles de millones de dólares que nos habrían robado algunitos.

Y es necesario volver a escribir sobre esto, y sería muy bueno que los medios no se olviden tan pronto de los asuntos pendientes. Sobre todo en nuestra localidad, donde los problemas se convierten en chisme en cuestión de dos semanas, y como todo chisme, pasa volando y nos olvidamos de todo.

Ahorita es el asunto del Vicepresidente Glas y Odecrecht. Pero ya no suena en ningún rincón el que en su tiempo fue el escándalo de la refinería del Pacífico, ni los contratos con empresas chinas, ni la preventa del petróleo ni las concesiones mineras, ni el Yasuní… Ya nos olvidamos de todo.

Tampoco sabemos en qué mismo acabó lo del feriado bancario, la mochila escolar de Abdalá, los gastos reservados, el comecheques, la compra de los Dhruv, los radares chinos, las hidroeléctricas… Olvidado.

Y no vayamos a lo grande: aquisito nomás. Nos hemos olvidado también todos los petardos que explotaron en esta y otras administraciones. Que será, pues, de las colaciones de las hijas de Rodrigo Espín, los permisos de construcción en zonas de riesgo, las pérdidas de la empresa pública que maneja nuestra basura, los informes de contraloría,… recién nomás fue motivo de conversa los supuestos dos millones que Espín no podría justificar. De nada de esto se habla ya. ¡Nos olvidamos de todo en menos de dos semanas!

Y no es que esté reclamando cabezas, me encantaría que todos estos asuntos fueran solo chisme, y que mañana los implicados salgan con una sentencia (ojalá bien hecha) donde nos callen la boca a todos y ratifiquen su inocencia. Pero no hay sentencia, no hay nada. Nada se sabe.

Culpo a los medios: no hay seguimiento. No hay periodismo de investigación. En unos casos faltan los recursos para mantener a estos equipos, y es explicable. Pero en algunos casos sorprende algún medio que arrecia contra algún personaje y, a semana seguida, lo alaba.

Pero mas culpa tenemos todos nosotros: no nos importa. Parece que la plata pública realmente es plata de nadie. No nos duele. Y es plata nuestra. Asuma, vecino, el siguiente cálculo: somos dieciseis millones de ecuatorianos, de los cuales, según cifras oficiales, mas o menos ocho millones somos económicamente activos; es decir, pagamos impuestos y generamos dinero; solo en el caso Odebrecht, se dice, existe un perjuicio de cuarenta mil millones de dólares (¡40,000,000,000!); es decir, que a cada uno de nosotros nos habrían perjudicado en cinco mil dólares.

¿Ahora si le duele? Le sacaron cinco mil dólares del bolsillo. Usted, por menos, le mete un juicio al estafador si no le va cayendo a puñetes. Pero en este caso ni siquiera se ha dignado en enterarse bien de qué mismo está pasando, y se le olvidará el asunto en un par de semanas. Si sumamos los otros casos que he mencionado y otros que francamente yo tampoco me acuerdo, a usted le van robando más de veinte mil dólares, y eso son contar lo que se le llevaron de la cuenta en el feriado bancario. Pero le apuesto esos veinte mil a que usted, vecino, ni siquiera sabe si esos casos fueron juzgados o no. Así de torpes somos, porque plata para regalar nadie tiene, pero empeño en recuperarla tampoco tenemos.

Y por esto es que yo también hablo de corrupción hoy, no para castigar a nadie ni para avivar el fuego en contra del chivo expiatorio de turno: lo hago para que no nos olvidemos que hay mucho mas pendiente.

No enfriemos la memoria. Exijamos resultados, sobre todo, al aparato judicial, a los jueces, a los fiscales. Esta plata es nuestra, y nadie nos va a dar cuidando con tanto celo como nosotros mismos. Organicemos veedurías ciudadanas, escribamos en nuestras redes sociales sobre los asuntos que nos preocupan y, sobre todo, estemos enterados de los asuntos. No esperemos la información de los medios o de las entidades públicas, todo está en internet, seamos proactivos.


Lo he dicho antes, si queremos cambiar las cosas hay que cambiar nuestros modelos de comportamiento primero. Un ciudadano informado y activo es difícil de engañar. Hacer que las cosas se enfríen y se olviden es estrategia de ellos. Nosotros, no les demos gusto.

viernes, 3 de febrero de 2017

Crónicas de Piedra Pómez



¿Ya se vieron las películas tipo Crónicas de Narnia y otras parecidas que cuentan historias sorprendentes, en reinos mágicos, donde ninguna cosa parece tener sentido,pero sin embargo suceden? Yo ya me vi algunas. Y veo novelas parecidas todos los días. Situaciones increíbles, personajes que nadie explica por qué están en la posición que están, locaciones mágicas y un montón de mentiras infantiles que algunitos optan por creer para no complicarse.

Creo que podríamos ensayar una historia similar, más o menos con el siguiente guión:

En una tierra prodigiosa, isla de paz y poblada por gente industriosa pero extremadamente incauta, lugar apacible rodeado de colinas y surcado por ríos se levantó, hace más de un siglo, un elegante castillo de Piedra Pómez, el mejor y mas grande en su tipo que el mundo haya visto jamás. Habitar ese castillo es un premio que galardona al mejor habitante del reino, por selección escrupulosa de sus vecinos y con el fin de gobernar y administrar dicho reino para que continúe siendo, como ha sido siempre, el más bonito de la región.

Naturalmente, el acceso a ese castillo ha sido muy codiciado por mercenarios, oportunistas y vagos. La mayor parte de quienes han pasado por la casa de cascajo han aprovechado la inocencia de los habitantes para hacerse de beneficios personales. Unos, disfrazados de héroes azules, otros con coraza y espada en mano, otros acanallando al antecesor y todos, pero todos, escondiendo sus errores, agrandando virtudes inexistentes, ocultando su incompetencia e ignorancia, engañando.

El castillo otorga bondades mágicas a quienes lo gobiernan. De repente, tienen el poder de desaparecer monedas, crear estructuras sin nunca haber hecho un plano, convertir tierras agrícolas en edificaciones de concreto, hacer llegar agua hasta donde nadie la necesita, convertir monumentos históricos en carnicerías, otorgar absoluciones a los más pecadores y hasta organizar tratos con el diablo sin que parezca haber ningún efecto colateral para el que gobierna.

En este castillo también funciona una mesa redonda, donde notables ciudadanos cumplen con el deber de organizar la vida del reino. Pero el gobernante de turno es hábil e impide que los notables puedan llegara a acuerdos benéficos para la ciudad, ya sea haciéndose de la voluntad de algunos u organizando entuertos para desprestigiar a otros. Se dice incluso que algún notable se ceba con favores y beneficios para sus cercanos.

El que gobierna el castillo distribuye su poder entre varios delegados, a fin de que le ayuden a gestionar su autoridad. Algunos de estos delegados son terribles tiranos, otros incluso se creen superiores al propio gobernante y, en general, hacen y deshacen sin control, aún por fuera del conocimiento y aprobación de aquel que los delegó. En el mejor de los casos hay delegados que no hacen nada, porque no saben hacerlo y están en sus lugares a título acomodaticio, pero como tampoco presentan incomodidad para el gobernante, son mantenidos allí, mientras se fabrique situación más favorable.

Mientras, los habitantes del reino se distraen y contentan con mínimas raciones de felicidad y comida, además de una que otra bondad residual de la administración. El reino pierde su lucidez y los habitantes se encuentran más preocupados en sobrevivir el día a día que en el propio destino del reino.

El castillo de Piedra Pómez se ha vuelto gris. Ya no es símbolo de orgullo del pueblo, sino un estandarte de decadencia.

(...)

Obviamente el cuento está incompleto. Es indispensable que usted, amigo lector, colabore con el final de la obra. Pero no se moleste en escribir, usted solo ejecute su papel que el cuento se escribirá solito. Decida, amigo mío, si quiere ser villano, ogro, mutante, duende, aldeano ignorante o si, por el contrario, desea ser el héroe del cuento o, al menos, un soldado activo y leal al antiguo espíritu de este pueblo.

Usted decida y actúe, que yo también le entraré a la obra, que seguro tendrá teatro lleno.



lunes, 3 de octubre de 2016

COLECTIVOS




Mucho hemos oído hablar últimamente de los famosos “colectivos”. Pero muy pocos de nosotros sabemos exactamente qué es lo que son. Y la respuesta es sencilla: somos nosotros. Si, nosotros, todos.

Me explico: los colectivos son, formalmente, agrupaciones de personas que se conforman para lidiar, gestar o activar algún hecho o labor social de interés común. NO son minorías, para nada y al contrario, son quienes representan los intereses de las mayorías frente a los actos arbitrarios de la administración. A veces son miles, a veces cientos y muchas veces solo un par de decenas de gentes, pero eso no significa que sean pocos: somos todos. Ellos nos representan a todos y tenemos mucho que agradecerles.

El colectivo no es una asociación formalmente hablando, ni es un club, ni una ONG. Es, realmente, la más sencilla forma de participación: son los que están y están los que son. Para formar un colectivo no se necesita una escritura, ni sede, ni actas, ni cuotas ni membresías; la voluntad basta.

Cualquier grupo de personas, donde estén más de tres, que tengan un objetivo social común y que dispongan del tiempo y las ganas de cabildear y hacer activismo social por dicha causa son, por defecto, un colectivo, así no se reconozcan como tales. Es, más o menos, como una minga, pero con fines de construcción social.

Y son poderosos: los colectivos GLBTI han organizado cruzadas de miles de personas y han llegado a paralizar ciudades y preocupar Parlamentos; organizaciones animalistas han logrado reformas legislativas en varias ciudades y estados del mundo; lo mismo feministas, naturalistas, antiracistas y toda una serie de “istas” que se van colocando juntos conforme sus intereses les reúnen.

En Latacunga esta forma de agrupación ya había tardado bastante en hacerse ver. Sorprende que entre más de doscientos mil habitantes de Latacunga, no haya sino un par de cientos de latacungueñISTAS organizados. Pero, recordemos: no tienen que ser muchos, porque nos representan a todos.

Obra de colectivos fue, recuerden ustedes, las exposiciones de arte en los pasajes del centro histórico, adornar con geranios el pasaje de La Compañía en la calle Padre Salcedo, captar donaciones para afectados del terremoto y entregarlas directamente a los beneficiarios, activismo político en redes sociales contra la construcción del camal en Tilipulo y, más recientemente, la campaña y propuesta de protección de dicha hacienda. ¿Ven? Los colectivos somos todos, son los intereses de todos, nos benefician a todos.

Ahora, vecino, usted que sigue echado leyendo La Gaceta, párese (levántese, elévese) y busque una agrupación con la que pueda colaborar. Siempre encontrará dónde ser útil. Siempre habrá mas como usted buscando colaborar con los mismos asuntos que a usted le interesan. Y, sino encuentra un grupo, pues forme uno: solo necesita cuatro panas y un poco de voluntad. Cualquier pretexto es bueno, desde la recuperación de la cancha del barrio hasta un motivo humanitario internacional.

Pero, claro, le recomiendo que empiece sus acciones aquí, en Latacunga. Propenda usted al latacungueñismo, preocúpese de los temas locales y colabore con el impulso de los temas sociales que tanto nos interesan. Le dejo ideas: todavía hay que estar pendientes del asunto de Tilipulo, también habrá que organizarnos para supervigilar las torres de alta tensión y que no las pongan donde afecten nuestro patrimonio natural; es oportuno conformar una veeduría al proyecto de alcantarillado y tratamiento de aguas, puede usted gestionar charlas y ayuda en la cárcel u organizar un grupo que vigile los Derechos Humanos en ella...

Hay mucho por hacer, y no hay pretexto para no hacerlo. Recuerde: ni somos pocos ni somos tontos.

¡Manos a la obra!

viernes, 16 de septiembre de 2016

DE CABLES Y CAMALES




Mientras nos entretienen con las Mamas Negras, mil cosas suceden en nuestra ciudad sin que ni siquiera nos hayamos pronunciado.

Igualito que cómo nos metieron la Cárcel, ahora pretenden lacrar nuestra joya natural con un montón de torres y cables de alta tensión. Tales armatostes no serían otra cosa que el monumento a la estupidez. Recuerden: ya tenemos cárcel, ya nos excluyeron de la E35, y ahora nos van a golpear justo en la única fuente posible de ingresos: el turismo.

No podemos seguir callados, nos están acabando la ciudad.

No fue muy diferente lo que casi nos sucede con el tema de la construcción del camal en Tilipulo. A cuenta de un pseudo progreso, algunos infames, trataron de mancillar otra de nuestras joyas. Es verdad, la hacienda Tilipulo no es funcional, y está abandonada; pero una joya, aunque sucia y oxidada, no deja de ser joya.

Y esta batalla aún no está ganada, pues el uso de suelo de la hacienda Tilipulo no parece estar suficientemente definido y, tal parece, que sin una reforma legal importante que proteja a este emblema histórico, no habrá manera de garantizar que la Hacienda Tilipulo vuelva a su esplendor de siempre.

De las torres de electricidad nos ocuparemos durante la semana siguiente, pero sin descuidarnos mucho porque esas torres nos ls van a poner cualquier madrugada. Hoy es importante completar el esfuerzo hecho por Tilipulo. Varias semanas, centenares de latacungueños, cada uno desde su trinchera, hemos hecho esfuerzos por evitar el uso industrial de los terrenos de la hacienda. Esta semana, un grupo de muy preocupados Mashcas harán una propuesta al GAD Municipal de Latacunga: que se declare a la Hacienda Tilipulo como una zona de uso exclusivo ecológico y recreacional. Esta propuesta va acompañada de cientos de firmas, que se han reunido durante las últimas semanas. Si se logra, y solo entonces, podremos decir que salvamos a Tilipulo.

Gracias al Foro Latacunga por esta propuesta que, seguro, será apoyada por cada uno de los latacungueños de corazón. Y, tenemos fe, que será recogida por el GAD Municipal, en donde se forjarán los instrumentos jurídicos necesarios para ratificar el actual estado de búsqueda e identidad en que nos encontramos.

Luego, habremos de guardar fuerzas para lo que viene. La lucha por la vindicación de lo que nos pertenece no ha terminado. Hoy, como nunca, Latacunga ha renovado votos con el futuro. Hoy, como nunca, la sociedad latacungueña es fuerte y más consciente de sus atribuciones y capacidades. Hoy, como nunca, hemos vuelto a ser dueños de aquello que nos quisieron desheredar.

Las torres de alta tensión no se harán en suelo de nuestro Parque Nacional. De ellos depende el futuro turístico de nuestra ciudad, el pan de nuestros hijos.

Es tiempo de dejarnos oír. No mas miedo: nos están destruyendo la casa. O nos paramos o perecemos.

martes, 16 de agosto de 2016

Digamos “NO”




El latacungueño, por nefasta tradición, es demasiado bueno y demasiado manso. No la mansedumbre del cobarde que no enfrenta por no arriesgar, sino la mansedumbre del que se sabe habitante de un lugar pacífico, la bondad de quien ha vivido siempre entre bondadosos. Así hemos sido los mashcas siempre: generosos, bondadosos, frontales.

Hoy, estas actitudes no nos sirven mas. Necesitamos, con urgencia, saber decir NO.

Como el Concejo, que dijo “NO” al endeudamiento de la ciudad en una obra mal calculada.

Ya hemos dicho que “SI” a muchas barbaridades, como si fuésemos mascotas de un poder superior, y en espera de las migajas que puedan rodar del mantel. Algunos de estos animalitos de confianza dijeron “SI”, por ejemplo, a la cárcel, al burdel de la entrada a la ciudad, a las construcciones ilegales junto a los ríos, a ciudadelas nunca terminadas, a la proliferación anárquica del taxismo, al desorden social...

Pero hoy no vamos a tratar de esos “animalitos”, cuyos datos y razones son conocidos por todos. Justamente, porque todos sabemos quienes nos han perjudicado de tales maneras es que no hace falta dedicarles ni una línea más. Ojalá a las mascotas del poder no se les ocurra postularse para cargos de elección popular, porque somos tan giles que hasta podríamos hacerles ganar.

Justamente para quitarnos lo giles, es mejor que hoy tratemos de quitarnos nuestra mansedumbre personal. Si, vecino, usted es otro buey manso en manos de mal arriero.

Es indispensable aprender a decir “NO”. En cosas simples: como cuando vienen malvivientes a arrendarle el cuartito, o cuando le quieren cobrar sin taxímetros, diga “NO”.

Nada tiene de malo negarse a hacer lo que está mal. No tenga usted pudor en negarse al absurdo y ser más consciente de su realidad personal. Igualito, cuando le vendieron la casa al filo del río debía decir NO, o cuando nos subieron la tarifa de recolección de basura, o cuando nos pusieron la cárcel... Si hubiéramos dicho “NO”, hoy muchas cosas fueran más fáciles.

Pero empecemos con lo pequeño, lo simple. Al que bota la basura en la calle, al que pinta las paredes, al que anda borracho por la calle o escupe en la vereda, digámosle “NO”. Es verdad, no podremos regresar el escupitajo a la boca del patán, ni quitarle lo ebrio al amanecido, pero con un poco de constancia, crearemos cultura y, sobre todo, culturizaremos al que no sabe vivir en una ciudad.

Luego aprenderemos a decirle que no al demagogo, al politiquero mentiroso, al “líder de minoría” que solo busca la confrontación y ver a Latacunga arder, al migrante que no acaba de aprender a vivir en Latacunga como se debe vivir en Latacunga, al oportunista que pesca a río revuelto y al farsante que anda ofreciendo obras aún a sabiendas que no tiene plata.

Es que así somos: nos ofrecen veredas y bordillo y aplaudimos como hinchas, a cambio del favor nos hacen aceptar tonterías (como la cárcel o el camal en Tilipulo) y, a la vuelta, lo ofrecido se diluye en discursos y maromas políticas. No seamos más el borrego torpe de la demagogia, no permitamos más que jueguen con nuestras voluntades para, al engaño, hacernos empeñar nuestras vidas y las de nuestros hijos a cambio de par metros de tubería y cuatro volquetas de ripio.

Ya debemos estar cansados de tanta decepción, de tanta indolencia, de tanto oportunismo; de tanta ignorancia.

Digamos “NO”

jueves, 11 de agosto de 2016

Alcantarillado



Trascendió la semana anterior que una mayoría del Concejo de la ciudad negó la posibilidad de aceptar una deuda de 16 millones de dólares con el Banco de Desarrollo, entidad que nos entregaría 31 millones en total, de los cuales 15 son no reembolsables; es decir, nos regalan 15 y pagamos 16. Este dinero tendría como finalidad financiar la primera etapa del plan de alcantarillado para la ciudad.

Pero, siendo un negocio tan bueno, y necesitando tanto esta obra, ¿por qué los Concejales se niegan?

Hay dos teorías. La primera es que algunos ediles se oponen porque el pago de este préstamo obligaría a distraer recursos de las parroquias rurales. Si así fuera, primero debería realizarse una reforma completa al presupuesto de la ciudad, cosa que no podría suceder hasta el próximo año. Además, debemos sincerarnos en algo: de todos modos no hay dinero y el próximo año deberán restringirse muchísimas obras ofrecidas. De otro lado, la obra de alcantarillado es urgente, es emergente; la zona rural tiene obra OFRECIDA, pero la parte urbana tiene obra DE EMERGENCIA, ante este posición, naturalmente la administración debe dejar de lado la obra ofrecida para impulsar la obra urgente, con toda la pena para los barrios a los que se les ofreció su media cuadra de tubería o pavimento o su canchita de fútbol.

Por esto yo creo que el hecho de desviarse fondos de la parte rural es un argumento secundario. Frente a la emergencia, cualquier administrador, incluido un padre de familia, sabe que debe priorizar lo urgente.

Pero la teoría más aceptable es la que detiene la pretensión del Alcalde por su falta de lógica. Resulta que gran parte de esta inversión terminaría en una construcción ubicada a pocos metros del río Cutuchi, lo cual es un absurdo conceptual a partir de que ese río es justamente el que más se afectaría en caso de erupción volcánica. Y, ni siquiera eso, pues hace no muchos años que ese río superó el nivel de varios puentes luego de una lluvia fuerte.

Entonces la posición del Alcalde, cuando dice que los Concejales se oponen al progreso de la ciudad es, definitivamente falaz. La cosa es simple: si queremos alcantarillado, nos urge y si, estamos perfectamente conscientes de la necesidad de endeudarse para ello. Pero nos negamos rotundamente a botar nuestra plata en una obra que se va a llevar la creciente.

En contraparte, el burgomaestre ha dicho que la obra estaría completamente asegurada. Puede ser, pero no es cuestión de asegurar la casa, sino de hacer una casa que no se caiga. Es que la razón no pide fuerza. Aunque la obra esté asegurada, ese seguro cuesta y si llegara a inundarse la obra, el seguro para responder ha de cobrar un deducible, que obviamente paga la ciudad. Y hasta que el seguro responda y se vuelva a construir la obra pasará tiempo suficiente como para que la ciudad pierda más dinero y los ciudadanos pasemos por peripecias arriesgándonos hasta a una potencial crisis sanitaria.

No hay que ser genios: si construyo junto al río se lleva la creciente. Tan sencillo como eso. Es botar la plata.

Seamos objetivos y trabajemos rápido, de lo contrario ese préstamo se va a perder. Es indispensable rehacer el plan de alcantarillado, hacerlo bien y lo mas rápido y barato posible. Pero hacerlo bien, no a lo tonto.

Los ciudadanos, desde el otro lado, debemos informarnos bien, porque los rumores y desinformaciones traen consecuencias. No hay Concejales enemigos de la ciudad, al contrario, quienes se han opuesto lo han hecho pensando en el futuro de nuestra Latacunga.

Pero seguimos necesitando una solución urgente. Y no parece que haya una.

viernes, 29 de julio de 2016

¿Qué mismo?



Nuestro Alcalde va de tumbo en tumbo. Primero que quería hacer el camal en tierras de valor histórico. Entonces muchos actores sociales brincamos por la ridiculez de esta idea y, finalmente, la razón parecía imponerse pues, además de absurdo, resultaría ser antitécnico. A la luz de estas obviedades, el Alcalde Sánchez da la buena noticia: el camal se construirá en tierras de Poaló, con el beneplácito de todos.

Pero la necedad se impone cuando, según se supo hace unos días, el burgomaestre insiste en su intención de atentar contra el patrimonio de los latacungueños.

Sabemos que hasta la fecha no se cuentan con los permisos para el proyecto, y que incluso habría problemas con los estudios que hasta ahora se han realizado, pero por sobre todo eso, la campaña de “socialización” ya arrancó.

¿Se socializa un proyecto que oficialmente no existe, que no cuenta con los permisos necesarios, y que muy pocos latacungueños aprobamos? Yo creo que es tiempo de optimizar los recursos, señor Alcalde. Insistir en la propuesta del camal en Tilipulo representa horas de trabajo y dinero de los contribuyentes invertidos en un capricho inviable e indeseado.

Elegimos administradores para que hagan lo que NOSOTROS queremos, no lo que se les pega la gana. Entiéndase esto de una vez: los barrios de 11 de Noviembre no quieren el camal en Tilipulo, mientras la gente de Poaló agradece la obra; del otro lado estamos frente a todos los Latacungueños que vemos peligrar la histórica hacienda. Si el administrador no hace lo que su gente desea, entonces ya no la representa.

Alcalde Sánchez, usted no me representa más. Si su administración se resume en dar paso a caprichos de grupos interesados, a cambio de algún apoyo político; o, a pelearse con los Concejales que no le dan presupuesto para las deudas de sus incapaces acólitos, o presentar alguna propuesta de ordenanza antitécnica y mal redactada y negar su palabra a vuelta del día, entonces ni siquiera es usted capaz de representar al espíritu del latacungueño.

Mientras todo esto sucede, pareciendo cortina de humo, porque el camal en Tilipulo simplemente no se va a hacer, nos descuidan de otro tema pendiente: el alcantarillado de la ciudad. ¿No lo sabían? Hay dineros pendientes de gestionarse por este tema, algo así como treinta millones de dólares, según los entendidos. Resulta que este capital debe ser recibido e invertido de manera inmediata, pues nuestra situación es notoriamente urgente.

Justo este tema no quiere, el Alcalde, poner en el orden del día de las sesiones del Concejo.

¿No será que “arrepentirse” de hacer el camal en Poaló es una cortinita de humo para entretenernos en un tema estéril, mientras se “coordinan” las cosas para el alcantarillado?

Espero que no sea así. Detestaría verificar que nuestra política local se ha contaminado de prácticas pútridas y deplorables.

Pero nosotros, los latacungueños, hemos crecido, ya no somos los de antes y, sobre todo, los que abrimos los ojos y tomamos interés en la ciudad cada día somos más. Y estamos vigilando.

Mucho cuidado, administradores, que cualquier certeza política es nula estando a puertas de comicios y, al final del día, la historia no perdona y los pueblos -ya no- olvidan. Si no saben cómo administrar mi ciudad, no hagan más ridículo. Renuncien.

viernes, 22 de julio de 2016

Endeudarse para crecer.



A veces, sobre todo cuando se camina por la ciudad en la noche, pareciera que nuestra Latacunga se ha estancado en el tiempo. Es una magnífica sensación, si se da un paseo nocturno por el centro histórico. Pero nada de agradable tiene cuando se siente lo mismo, a plena luz del día y en los barrios todavía urbanos de nuestra ciudad.

Nos falta mucho, y hoy no hay a quién echar la culpa. Los cambios estructurales se hacen con dinero, y cuando hubo no se aprovechó. El presupuesto de nuestra ciudad no es equitativo ni equilibrado. Una ciudad con más de doscientos mil habitantes no puede crecer sin un rubro de varias decenas de millones de dólares.

Tampoco podemos continuar esperanzados en los fondos que nos provienen o nos adeuda el gobierno central, porque el país está quebrado también. Nos urge crear fuentes de financiamiento rápido y barato, no para financiar obra corriente, sino para financiar proyectos productivos que nos garanticen un ingreso estable durante las próximas décadas. Hay que dejar de pensar en los próximos cinco años y empezar a proyectarnos al próximo medio siglo.

Podemos obtener dinero de las multas de tránsito. Ya hemos hablado de eso y estamos claros que en una ciudad tan llena de malcriados y choferes pseudoprofesionales, el adelantar una agencia de tránsito municipal resultará un grandioso negocio. El manejo del agua potable debería ser una empresa que genere ganancias; no muchas, porque siempre está el fin social, pero algo mismo debe dejar de ganancia. SIMTEL, como sostengo hace mucho, debe desaparecer, no solo porque el espacio público debe ser gratuito, sino porque debemos semi-peatonizar varias calles del centro de la ciudad y, además, porque es mucho mejor negocio gestionar empresas de economía mixta entre los actuales dueños de parqueaderos y el municipio, donde el municipio pondría estructura metálica para hacer dos niveles de parqueaderos y la privada se encargaría de administrar el negocio.

Si obtuviéramos crédito barato, no sería mal idea invertir en energía eléctrica eólica (del viento) para vendérsela al sistema interconectado.

Paralelamente a estos negocios, deberemos revisar cómo estamos explotando el mercado turístico, retomar una posesión activa de nuestro volcán Cotopaxi, fomentar el turismo de aventura y, luego de un trabajo de recuperación de la memoria local, organizar recorridos turísticos históricos. Cuando estos negocios florezcan, y solo luego de ello, el Municipio podrá alimentarse de tarifas diferenciadas por uso de suelo y  lugares naturales que hayamos repotenciado con estructura básica, como el Putzalahua y otros atractivos que existen en cada parroquia. El famoso teleférico, olvídenlo, es demasiado costoso e inútil, no generará un centavo.

Otro negocio para la ciudad es la gestión de residuos sólido. Si. La basura da plata, y bastante. Pero más dinero podría permitirnos si invirtiéramos en una plante de incineración, donde dispongamos de desechos hospitalarios, químicos, biológicos e, incluso, podamos incinerar drogas y otras sustancias. Naturalmente, se cobra por estos servicios.

Las tasas que se cobran en la Dirección de Movilidad son antitécnicas y no tienen sentido en muchos casos. Si se reestructura esa dirección, se brinda mejor servicio y se trabaja como se debe, puede ser una mina de oro para la ciudad. Todos lo que tenemos carro debemos pasar por ahí algún día, lo que lo convierte en un monopolio de lucro simple.

¿Ven? En seiscientas palabras proponemos casi media docena de ideas lucrativas para la ciudad. Es cuestión de dejar de buscar la pantalla política y ponerse a administrar como se debe. Los ciudadanos ya sabemos que no va a haber obra, porque no hay plata. Que haya endeudamiento estratégico para inversión rentable, por lo menos.

lunes, 18 de julio de 2016

Prenda el taximetro




Mientras los suizos rechazan la posibilidad de recibir un sueldo de dos mil quinientos dólares sin trabajar, el taxismo latacungueño se emociona por recibir veinte y cinco centavos más por carrera mínima. Definitivamente, somos torpes.

El problema del taxismo no es el dólar que cobran por el servicio mínimo, sino que ya no se sabe de dónde a dónde es un servicio mínimo. Obviamente ya no es la ciudad que podíamos cruzar por un dólar, hemos crecido bastante y es indispensable revisar los costos de la movilidad. Pero esta revisión no se sostiene en el aumento de las tarifas, sino en medidas más modernas y hasta progresivas. Una de estas medidas fue el uso del taxímetro que, además es obligatorio conforme la Ley de Tránsito vigente; otra medida podría ser, por ejemplo, la zonificación de la ciudad.

Para mi, el taxímetro era lo mejor: nadie podía quejarse, pues el valor era justo y conductor y cliente podían estar tranquilos. Pero aquí no, no se nos pegó la gana de prender el aparatito ese. Ni los taxistas lo usaron nunca, por cómodos, ni los ciudadanos lo exigimos, por sapos.

El razonamiento (si puede llamarse así) era sencillo: por un lado, como pasajero, yo se que si prende el taxímetro puede salirme costando unos centavitos más, entonces mejor no lo pido; y, si soy chofer, no lo prendo para ahorrarme tener que explicárselo al pasajero, por simple pereza o para evitar que se me lleve registro de los ingresos.

Lo peor es que hubo quienes, supuestamente en representación de la ciudad, aprobaron tal medida.

Creo que los administradores de turno no se dieron cuenta de lo que hicieron. Ellos, los administradores, que solamente buscan la sonrisa del votante y convierten a su labor en un mercadillo electorero no repararon en calcular los efectos adversos de tal medida. Ellos, los mal llamados políticos, en nada aplican políticas, sino que deciden los destinos de la ciudad en base a sus encuestas de popularidad. Hoy, quisieron caerle bien al gremio del volante, nada más.

Pero no se dan cuenta que acaban de elevar el índice de costes de movilidad de una ciudad entera, que esto transforma a Latacunga en una ciudad más cara para vivir. Elevar el costo del transporte equivale, en la cartera familiar, a elevar el costo de los combustibles. Todo tiene efectos progresivos en la economía. Quien necesita pagar más por cualquier servicio, obviamente cobrará más por lo que él produzca, justamente para poder pagar el nuevo costo del servicio que necesita, y quien adquiera éste último, también elevará sus costos para poder pagarlo. Simple y obvio.

¡Pero si tan solo es cuestión de abrir los ojos y ver los errores del otro! Hace poco nos subieron 2% el IVA, y miren lo que pasó; y nuestros administradores van a elevar 25% el costo de moverse en la ciudad. Adivinen el desenlace.

Lo que debía haberse hecho es controlar y promover el uso del taxímetro, así todos ganaban. Hagan un experimento simple: díganle a su taxista de confianza que prenda el aparato y, lo más seguro es que el taxímetro marque más que lo que pactaron. Yo lo he hecho, y realmente, por tener el aparatito apagado, quien pierde es el chofer. Eso es buena administración: lograr que los administrados respeten y ejecuten la Ley, no ser capariche del incumplimiento de la norma, repartiendo dádivas a unos pocos y cayendo mal a todo el resto.

A eso súmenle la elevación de las contribuciones municipales, que ya trataremos otro lunes. Están convirtiendo a nuestra ciudad en un lugar invivible, inviable, irracional.

Muchos, como yo, no vemos la hora en que esta administración termine.

jueves, 9 de junio de 2016

Boyas para el ahogado




Flotar, sacar la cabeza y respirar. Es básico, es indispensable tener un flotador salvavidas para no morir.

La economía es igual: el barco zozobró y no podremos aguantar mucho sin un flotador. Ese flotador no es, ni menos, un crédito internacional o una subvención estatal o un proyecto no reembolsable. La boya, para nuestra ciudad, se llama TURISMO.

Latacunga es estratégica: estamos en el centro de todo. Desde aquí se puede, fácilmente, comandar expediciones a las más altas y bellas montañas de nuestro país, lagunas, ríos, páramos interminables y demás. Nuestra provincia es muy explotable en lo que se refiere a turismo naturalista y de aventura. Si nos ponemos las pilas podríamos todavía evitar perder gran parte de nuestro patrimonio histórico explotable, y no me refiero a las casas viejas.

Hay que ver las cosas con mente abierta, hay que adaptarse. Insistimos en proyectos productivos, cuando la única industria que ha sobrevivido es la agrícola, y no como industria propiamente sino como producción primaria. Además se nos viene la ley de tierras y habrá que ver cómo ésta afecta a nuestra provincia. Nos gusta creer que somos grandes comerciantes, creemos que es sencillo eso de “comprar barato y vender caro”, pero no tenemos parámetros de servicio al cliente ni políticas de calidad. El mercado de servicios es restringido y con sobreoferta, con contadas excepciones. Mercado cambiario no tenemos y bolsa de valores tampoco. Los costos de la tierra en Latacunga son obscenos, y más ridículos aún si tomamos en cuenta la deficiente planificación de la ciudad.

Turismo, señores: TURISMO.

Este mercado ha mantenido boyantes economías en países donde parecería no haber nada más. ¡Haití tiene menos deuda externa que nosotros! Macao y Palaos viven casi exclusivamente de turismo, y tienen menos que ofrecer que nuestra provincia.

Urge un cambio de actitud. El mejor o peor estado de la economía es solo un pretexto cuando no se tiene ideas.

Está claro que si mañana me pongo una agencia de viajes, pues no me va a ir nada bien. Se requiere un cambio estructural. De parte de la población es indispensable detener el abuso al turista, y que no me digan que no hay, porque lo he vivido yo, siendo paisano. Urge que nuestros hijos hablen varios idiomas y, nosotros mismos, hablemos por lo menos uno más.

Hay cositas que no van juntas, por concepto. Hay situaciones atentatorias al turismo en niveles intangibles. Dos ejemplos: a la entrada de la ciudad tenemos un motel y un prostíbulo, con un UPC policial entre los dos, hasta pareciera caricatura de Bonil; y casi ponemos un camal junto aun lugar histórico y turísticamente explotable.

Es cuestión de sentido común. En mi casa, no pongo a mis parientas desnudas en la puerta de entrada ni instalo la refrigeradora en la sala.

La administración insiste en que sus proyectos son “factibles”. Y puede que sean, pero no son lógicos ni buenos. A Poaló le querían comprar la voluntad con ofertas fútiles que seguramente ni se cumplan, tal como tampoco se cumplió el alcantarillado ofrecido a cambio de ponernos la cárcel. El camal es factible, el prostíbulo también ha de haber sido, pero no es correcto ni adecuado en los lugares que se plantearon, así de simple.

Tilipulo podría generar muchísimo dinero con una administración proactiva. San Buenaventura, si se reorganizara, estaría llena de extranjeros. Mulaló debería ser un refugio de paz y aprovechar tanto el turismo de montaña como el de jubilados. Belisario Quevedo tiene decenas de rutas de aventura para explotar, miradores, puerto de parapente y un sin fin de opciones. Y así, cada parroquia está dotada de beneficios explotables como termas, cascadas, folclore, cultura, gastronomía.

Administrador, láncenos una boya: publicite. NO pedimos más, ni necesitamos. Los ciudadanos organizados haremos el resto.

lunes, 30 de mayo de 2016

SIMTEL




Primero que nada, he de disculparme por el editorial anterior. Hice constar como si fueren más recientes algunos hechos que se sucedieron ya varias semanas atrás. A veces la tecnología no nos acompaña y, en el apuro, remitimos archivos borradores en lugar de versiones finales. Me disculpo.

Ahora si, a lo que vinimos: siempre he sido un profundo detractor de SIMTEL. No solo que nos golpea en el hígado cuando nos ponen esos candaditos, sino que los parámetros legales sobre cuales lo hacen no son, digamos, los más técnicos.

Verán, bajo mi muy personal opinión, el Sistema Municipal Tarifado de Estacionamiento Latacunga tiene mal desde el nombre -que por norma gramatical debería ser “Sistema Municipal de Estacionamientos Tarifados de Latacunga”-, además de varias incongruencias legales. No estoy seguro de cómo sea hora, pero la última vez que multaron a un conocido no le dieron ni factura. Por sobre ese problemita tributario tenemos el hecho de que las ordenanzas que regulan a SIMTEL dejan demasiados vacíos legales. La meta, los objetivos de SIMTEL están oscuros y su gente son una mezcla de oficial de tránsito y aparcador de carros... cualquier cosa sirve mientras venda su cuota de tarjetas. Como siempre, la estadística por sobre el sentido común.

Incluso, creo yo, toda la idea misma de cobrar por parquearse es ilegal, inconstitucional. No se si lo han pensado ya, pero la calle no es propiedad municipal: es mía, del ciudadano, del que paga los impuestos. Ya me dejan “limpio” cuando matriculo mi carro (mas ahora que ese asunto lo maneja el municipio) y encima quieren cobrarme por dejarlo en un lugar que me pertenece (¡¿?!).

Lo que yo rescato, así a muchos les duela, es a los trabajadores del SIMTEL. Esas personas que andan por las calles controlando las tarjetas, sí, esos que nunca aparecen cuando queremos comprar tarjetas pero están primeritos cuando dejamos el carro mal parqueado cinco minutos. Esos “malas gentes” que nadie entiende, esos “perros del hortelano” como a veces les decimos, ellos, si, ellos, tienen familias y se sacan la madre por llevar el pan a su casa, aguantan agua y sol, gentiles y patanes, sonrisas e insultos y todo eso por un sueldito que, ojalá alcance para lo prioritario.

Nadie se detiene a pensar en ellos. Yo les voy a contar lo poco que se: ganan muy poquito y trabajan duro. No tienen seguro médico privado, pese a los muy evidentes riesgos de su trabajo. No son servidores públicos sino que están acomodados al Código del Trabajo, es decir, no tienen nombramiento sino que pueden ser despedidos apenas haya el presupuesto para liquidarles, cualquier día, a cualquier hora. No cuentan con asesoría jurídica. No tienen los suficientes cambios y tipos de uniformes para los variados climas de nuestra ciudad. Trabajan bajo presión y reciben muchos malos tratos todo el día... como si sus vidas privadas no reportaran suficientes problemas (como todos).

También sé que su equipamiento es apenas básico. Sus uniformes ya están viejitos y apenas cargan un esferográfico, un paquete de tarjetitas y un radio pesado y feo. ¡Así quién los va a respetar!

La mayoría de ellos son mujeres. Están, las pobres, expuestas a cualquier malcriado. No tienen un departamento jurídico encargado de apoyarlas. ¡Ni su propio jefe les acompaña a las audiencias! Están solas.

SIMTEL no sirve. No sirve para la municipalidad, no sirve para los ciudadanos y no sirve ni para sus propios empleados. Cuidado, que no estoy poniéndole cara ni nombre a esto. Que se me entienda bien: la misma idea de cobrar por usar lo público es errada. Y, además, la forma en que se lo hace aquí es antitécnica y denigrante para quien ejerce el control de tal tarifa. Por sobre eso, los mismos encargados de dicho control no cuentan con apoyo ninguno. Lo dicho: SIMTEL no sirve.
Ya hemos escrito sobre esto: desaparezca SIMTEL, peatonalice la ciudad y organice un cuerpo de control de tránsito.

lunes, 2 de mayo de 2016

Somos héroes



Tras las jornadas vividas en el país estos últimos días, me gustaría mucho tratar sobre asuntos preocupantes y de atención inmediata. Sería necesario hablar, por ejemplo, del aprovechamiento del estado de excepción para la gestión de cierto tipo de contratos y crédito; del desabastecimiento generalizado, del alza de impuestos o, incluso, de la patente incompetencia del personal del MIES que maneja las donaciones y la práctica invisibilidad de la directora provincial de esta cartera. Más cercano está el poco liderazgo de la Alcaldía en este escenario y la preocupante evidencia de estar, los latacungueños, totalmente faltos de preparación para cualquier evento remotamente similar al de nuestros hermanos costeños.

Podemos tratar hoy, también, de la completa inoperancia de la logística gubernamental y la necia posición de no permitir hacerse cargo de esto al ejército. Otro tema colgante es el qué se va a hacer con el crédito de ocho mil millones de dólares que se sacaron del sombrero chino, así como el paquetazo tributario que no va a servir los fines publicitados y todos los errores y horrores que son conocidos por todos, merced a las redes sociales.

De todo eso podemos tratar, pero no, hoy no. Y no lo haremos por dos motivos principales: primero, que en estado de excepción cualquier comentario puede ser tomado al arbitrio del superman de turno, y no vale “dar papaya” gratis; y segundo, que, simplemente, no es el momento no estamos de genio para más malas noticias. Nos damos por mal gobernados y punto, para qué ahondar el asunto. En todo caso, después nos encargaremos de ustedes, burócratas.

Hoy necesitamos revisar lo que en el fondo, en el espíritu, significó esta catástrofe natural. Y es que hemos visto lo más importante, aunque toque tomar palabras del “más simpático”: ningún ecuatoriano está solo. Somos, en el alma, los guardianes más celosos del egregor de la minga, renacimos como pueblo unánime en contra del desastre natural con fuerza nunca vista, pese a los muchos desastres políticos que vivimos los últimos tiempos. Mientras llega la ayuda internacional, en empaques bonitos y uniformizados, antes que éstos, y en mayor cantidad estuvieron ya las conservas enlatadas movilizadas a la costa desde las despensas más lejanas del país, con notas de solidaridad escritas con marcador indeleble, las cartas de los niños a sus coetáneos despojados, las redes sociales bulliendo y los más fuertes viajando a brindar rescate, aún sin formación ni entrenamiento y tan solo armados de su férrea voluntad y el compartir del dolor de otro ecuatoriano.

Es que somos héroes, forjados en el fuego de los volcanes, aleación de machetes y azadones fundidos y templados en aguas de lagunas y mares. El ecuatoriano no es cualquier gente: somos especiales, raros, únicos. Aguantamos más sufrimiento y opresión que ningún otro (lo cual, de paso, es un defecto), pero no medimos limites en nuestra voluntad cundo un hermano sufre y nos necesita.

¡Este es el fondo del asunto! No los políticos que viven para mal parecer, como si sus cargos incluyeran esta obligación, sino nosotros mismos, los ciudadanos, los ecuatorianos que hoy, como siempre pero más que nunca, nos convertimos en falanges de un mismo puño. Esta es la lección a aprender: siempre hemos estado juntos, y juntos hemos vencido hasta las fuerzas naturales, cuando así hemos deseado. Bajo nuestra voluntad conjunta se han rendido colonizadores, opresores, ejércitos, caudillos y gobiernos enteros. ¡Al mundo entero haríamos rendir si nos lo propusiéramos!Hoy, y a costa de la vida de cientos de hermanos, hemos encontrado algo que nos han venido quitando de a poco: la voluntad, la fuerza, el valor y la fe.

La tierra ha temblado para recordarnos el tipo de pueblo que somos, para despertarnos. El precio de esta lección es alto: medio millar de almas o más. No hagamos desperdicio de la sangre de nuestros hermanos: aprendamos y aprendamos bien. ¡A despertar, ecuatoriano!


martes, 12 de abril de 2016

Información Pública




Muy a pesar de la política de “no mas pitos” que guardan varios de nuestros administradores, las desgracias siguen sucediendo. La reacción desgraciadamente natural de quienes dicen representarnos es silencio y cuasi complicidad.

Por evitar un “pito”, y hasta donde conozco, la autoridad no ha dicho nada respecto del detenido que habría sido asesinado en el interior de la cárcel y, justamente, en el área de máxima seguridad. Mientras, en las redes sociales se ha dicho que el fallecido sucumbió tras más de media docena de tiros y que, además, ni siquiera tendría sentencia. Mientras no haya una versión oficial, los ciudadanos nos vemos obligados a creer a las redes sociales, que parecen ser el único medio de información que -más o menos- nos informa de algo.

Dejemos una cosa clara: la ciudad nos pertenece, es nuestra casa, y lo que pase en esta casa debe ser informado a los dueños. Ya nos pusieron la cárcel, a contracorriente y con un secretismo ridículo. Lo menos que pueden hacer, ahora, es contarnos la verdad de lo que sucede allí. Esa información es nuestro derecho.

Pero qué derecho podría reclamar un ciudadano de a pie, cuando aquel que elegimos como fiscalizador tiene problemas para acceder a información considerada pública. Y, sino, pregúntenle al Concejal García Moreno, que necesitó de acciones judiciales para obtener información de una empresa pública local.

Es una vergüenza: el Concejal, que es el representando directo de los ciudadanos en el Municipio y que además es fiscalizador, necesita de un juicio para obtener información pública, de una empresa pública, sobre asuntos públicos.

Lo que se evidencia es que nuestra ciudad está a un paso de convertirse en tierra de nadie. Los propios representantes del ciudadano se ven limitados en el ejercicio del control de los bienes que, obviamente, le pertenecen al ciudadano y, por obvia deducción, el mismo ciudadano “de pie” se ve imposibilitado de acceder a información que la Constitución garantiza como accesible de manera directa. Así siendo, pedir que nos informen sobre lo que acontece en la cárcel sería una labor de necios.

Parece ser que los administradores olvidan algo: nosotros, los ciudadanos, somos sus jefes y nos deben información. Así es, no nos hacen ningún favor, NOS LO DEBEN, les es obligatorio mantenernos al tanto de todo lo que sucede con la cosa pública. Y, esta cosa pública, por si lo olvidan, no les pertenece a los administradores: me pertenece a mí, el ciudadano. Yo soy dueño.

La política “no mas pitos” es necesaria para cualquier gobierno que busca perennizarce (y todos los gobiernos buscan eso, en mayor o menor grado); pero evitar el escándalo público no se logra ocultando el error, sino evitando cometerlo y si, se comete, buscando su pronta solución y reparación. Cuando un error necesita ocultarse ya no es error, sino delito; y cuando éste se oculta utilizando el aparato público, no es mantenimiento de la calma social, sino encubrimiento.

La política “no mas pitos” es también saludable para el ciudadano, pues el escándalo degenera en sensación de inseguridad. Pero eso no quiere decir que la información sea ocultada, sino que tenga un tratamiento adecuado.

La verdad debe ser dicha de manera técnica y sin apasionamientos. Alguna prensa amarillista a contribuido de manera innecesaria al aumento de la sensación de inseguridad. En Cotopaxi no hay mucho de esa prensa grotesca, casi nada. Eso debería ser tomado como ventaja para el administrador local, pues puede estar tranquilo sabiendo que los medios locales no exageran las noticias y que, incluso y desafortunadamente, algunos hasta parece que tienen miedo de informar.

De nuestra parte, vecinos recordemos que somos dueños, jefes. Si usted quiere cualquier información, de cualquier entidad y ésta no se encuentra en la página web, pídala y, si no se la dan inmediatamente, acuda a un Juez, que éste seguro hará valer sus derechos.

martes, 29 de marzo de 2016

Falsa Interculturalidad.



No sé qué tipo de definiciones manejen ustedes, o las entidades gubernamentales, pero realmente este asunto es bastante simple: la interculturalidad es la convivencia de grupos de personas, de diferentes culturas, bajo tratos justos y sin ventajas ni desventajas para nadie.

En definitiva, y si lo hiciéramos bien, una ciudad intercultural haría caso omiso de los orígenes culturales del individuo y propendería a la habitabilidad pacífica y respetuosa de los vecinos.

Suena sencillo, pero no lo es.

Es que aquí no hay interculturalidad, sino transculturación. Ya le mandé a buscar el diccionario, vecino, pero no se mate, es mejor buscar en Internet.

La transculturación es, en cambio, el fenómeno por el cual un grupo socialmente definido  absorbe y se transmuta a las costumbres culturales de otro grupo.

Verán, ninguna de las dos cosas es mala ni buena, por si misma. Estos fenómenos no son “elegibles” sino que, simplemente, se dan. Y si se da el uno o el otro depende, justamente de la fuerza de las costumbres culturales de un grupo u otro.

Por ejemplo, si un grupo de indígenas orientales vinieran a nuestra ciudad, bajo parámetros de interculturalidad, ellos no deberían modificar sus vestiduras sino en tanto el clima les apremie. Pero claro, asumiremos que tales individuos están de paso, entonces su cultura no corre el riesgo de perderse en la urbanidad, ni el vecino puritano se alcanzará a escandalizar de verles chirisiquis. La interculturalidad supone, justamente, ese respeto a la cultura del otro, en tanto no signifique un atentado a la cultura propia.

En un segundo ejemplo, y que vivimos más de cerca, si este mismo grupo de hipotéticos aborígenes pretendiera afincarse en nuestra ciudad, pues es natural que terminen transculturizados. Obviamente encontrarán mucho problema andando lluchos por el centro, sin comprender el lenguaje, y bajándose tórtolas con cerbatanas. Es apenas obvio que estas personas acogerán ropajes serranos, aprenderán español y terminarán haciendo compras en el centro comercial. Y, sino, pregúntenle a unos políticos orientales que son por demás conocidos.

Pero claro, el ejemplo es bien drástico y por eso parece obvio. Sin embargo, vivimos este fenómeno incompleto de transculturización a diario en Latacunga. Vivimos a la zozobra de las -buenas o malas- costumbres de cada individuo hasta el punto que el Alcalde decidió mejor poner un servicio higiénico en media plaza pública, antes que hacer cumplir las ordenanzas vigentes y sancionar a los desculturizados que defecaban en las jardineras.

El latacungueño debe tolerar, bajo el peso de una descontextualizada interculturalidad, entre otras cosas, escupitajos en  las veredas, camionetas mal parqueadas, chóferes “profesionales” con maniobras totalmente ajenas a la lógica, familias enteras comiendo en las veredas, construcciones ilegales y a medio terminar...

Eso no es interculturalidad. A la tierra que fueres harás lo que vieres, reza el refrán. Quien quiera vivir en Latacunga, o en cualquier ciudad, ha de acoger sus costumbres, obligatoriamente. Aquí pasa lo contrario: el latacungueño (los pocos que quedan) acaba aceptando todo, cansado de nadar contra corriente; los jóvenes mezclan su crianza con las formas y modismos que traen lo huéspedes y, al final del partido, nadie culturizó a nadie, sino que obtuvimos un togro sin forma, que nos priva de la identidad y nos aleja del orgullo.

Es indispensable hacer respetar a Latacunga, sus valores, sus costumbres, sus razones y sus verdades. A falta de una fuerza ciudadana viva (porque usted, vecino, sigue tirado en el sillón viendo tele), necesitamos un representante bien fajado, uno que sienta como siente un verdadero Mashca, no uno que construye letrinas para que los ajenos se sientan más cómodos mientras nos hacen sus “favores”.

Vecino, ¿no se cansa de que le hagan baño la sala?