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jueves, 14 de febrero de 2019

Campaña de pobre




Por ley, el Estado debe proveer a los candidatos de cierta cantidad de fondos para que éstos puedan enfrentar su campaña. Estos fondos se calculan en al rededor de 40 centavos por persona según el territorio donde uno sea candidato. La verdad, no es mucho para una campaña. Pero es bastante para una no-campaña.

Los costos de una lid electoral para una provincia como la nuestra, puede fácilmente superar los trescientos mil dólares, sin hacer grandezas. Lo que el Estado provee no llega ni a la quinta parte de eso. Entonces una persona honesta que ha vivido de su propio esfuerzo toda su vida, difícilmente podría afrontar una campaña semejante. Esto hace que los mejores ciudadanos, que normalmente no serán millonarios, deban quedar fuera de la administración gubernamental, aunque fueran muy queridos por la población.

Obviamente, para conseguir esos capitales, los candidatos deben recurrir a ciertas maniobras como hacerse apoyar de intereses privados que, con la misma obviedad, deberán recuperar sus inversiones. Esto compromete al candidato a beneficiar a sus ayudadores cuando llegare a ser administrador de nuestras cosas.

Ningún candidato puede negar que tiene estos pactos. Ninguno.
Es importante, para nosotros los votantes, preguntar al candidato quiénes son sus aliados, y qué pacto se va a hacer con ellos. Debe preocuparnos que los aliados de los candidatos sean los menos peores. Al final, ellos son los que nos van a gobernar, tras cortinas. Así ha sido siempre.

Debemos trasnparentarnos: el candidato no puede seguir apareciendo como virgen inmaculada, y los votantes no podemos hacernos los tontos buscando al que dice que no tiene ningún pacto ni debe favor a nadie, porque eso simplemente es mentira.

El que no tiene acuerdos, el que dice enfrentar la campaña solo, ese me da más duda: no hace propaganda, no moviliza gente, no llega a las masas, no pone ni un cartel. Queda averiguar qué hace entonces con la plata que le dio el Estado, y si no puede mover ni cien personas, cómo se le ocurrió lanzarse de candidato.

Repito: lo que el estado da es poco para el que si tiene intensiones, pero mucho para el que no va a hacer nada y pueda esperanzarce en estos rubros para pagar alguna deudita.

Vecinos: es importante entender cómo funciona la política. Nos están vendiendo seres mitológicos, no administradores reales. Y nosotros seguimos votando por estos demagogos mentirosos, en lugar de elegir a quien, con transparencia, nos dice cómo realmente piensa hacer las cosas.

Nos gusta que nos mientan.

No hay campañas de pobre. Hay pobres haciendo campaña. Y otros haciendo campaña para dejar de ser pobres.


viernes, 15 de enero de 2016

Cómo potenciar la economía




La pregunta del millón de dólares, el cáliz perdido de los políticos y la respuesta mesiánica que esperamos todos.

Está claro que el año anterior fue recesivo, y este año, según casi todos los analistas, pinta para peor. La esperanza principal de todo un pueblo está afincada en la capacidad (o bondadosa voluntad) de las esferas políticas y en la genialidad de los supermanes de turno. Esto no va a suceder nunca, así de simple.

Iniciemos buscando la respuesta en el análisis delos errores que cometimos. Y empiezo conmigo mismo, pero seguro de que ustedes habrán pecado igual: primero que nada, nos acostumbramos muy fácil a la bonanza. Pasamos los últimos años en medio de un oasis petrolero que nos permitió elevar nuestro ritmo de vida; y, eso hicimos: subimos nuestros gastos mensuales, en lugar de capitalizar proyectos productivos. Los que no teníamos carro, ya tenemos; los que no tenían terreno, ya tienen, y casa, y seguro privado, y los hijos en el extranjero, y cambiamos El Salto por el Supermaxi. Todo tenemos: deudas también.

Entonces lo que debe usted hacer, vecino, para potenciar su economía, es sencillo: cree liquidez, Deshágase de los bienes suntuosos y, más rápidamente venda lo que a futuro pueda perder su valor como, por ejemplo, los autos nuevos. Regrese a un modo de vida más sencillo, más real y, con el dinero líquido que obtenga, apunte a un negocio: EMPRENDA. Todo es bueno, no le haga feos a ningún negocio lícito.

Eso hará usted en su casa, y el administrador deberá hacer lo propio en la casa grande. La ciudad necesita capitales, pero obviamente no tenemos bienes para vender. Necesitamos atraer la inversión y más que ello, permitir los proyectos que la gente presente.

Señores administradores, si no saben cómo generar riqueza, no estorben a quienes quieren hacerlo.

A diario converso con vecinos que se quejan de la imposibilidad de hacer arrancar sus ideas por puras necedades burocráticas. La falta de una organización territorial local flexible pero clara también limita las iniciativas de inversión. La ciudad es políticamente inestable y nadie va a poner un centavo en un lugar que no tiene reglas claras y perennes.

Latacunga debe, urgentemente, modernizar sus ordenanzas de manera tal que toda iniciativa económica tenga flujo sin fricciones. EL Municipio no puede ni debe ser la piedra de tope de los emprendedores. Entre los limitantes más comunes que he escuchado están, por ejemplo: problemas para conseguir permisos de uso de suelo, falta de reglamentos para algunas ordenanzas, organización territorial inflexible y poco o nada consecuente con el crecimiento económico y urbanístico de la ciudad, falta de proyectos de infraestructura básica, excesiva carga impositiva, falta de información general por parte de los organismos locales, inexistencia de datos históricos o estadísticos de la ciudad, poca o nula modernización de los servicios al usuario, entre otros.

Urge una reforma integral, suficiente para llamar la atención del emprendedor. Amigos Concejales, legislar es su función, y francamente no se ha visto mucho hasta ahora. Directores Municipales, (algunitos) dejen de quejarse de la falta de presupuesto y muestren más imaginación. Señor Alcalde, reorganice su equipo de trabajo, porque no está rindiendo como la gente esperaba.

¡Hay que poner la casa en orden!


lunes, 16 de noviembre de 2015

Vacas flacas




No son tiempos de bonanza, y eso es clarísimo e irrefutable. Podemos culpar a quien sea, que a la final cada uno de nosotros tiene algo de esa culpa. Y no hablo del país: hablo de su casa, vecino.

La economía, como las personas y como todo lo que existe entre el cielo y el suelo, tiene mareas. A veces estamos arriba, y otras abajo. Todas estas mareas son rítmicas, no son “porque si” ni aparecen aleatoriamente. El ritmo de la economía mundial es igual al ritmo de nuestras propias expectativas personales. Cuando se necesita no se tiene, y cuando se tiene no necesariamente se adquiere lo que se necesita.

A la famosa “crisis mundial”, que no es crisis sino para unos cuantos porque los otros siguen lucrando, hay que sumarle nuestra realidad continental: latinoamérica nunca cuajó su proceso de unificación y los problemas entre Estados siguen hoy más patentes que hace seis décadas. Mientras cinco supuestos izquierdistas tratan de forzar la idea de una sólida unidad regional (haciendo malabares para sostener sus gobiernos), tres supuestos derechistas mantienen economías medianamente más sólidas, pero a un significativo costo social.

Mire, la cosa de la izquierda y la derecha es sencilla: la derecha prefiere la producción, y entiende que cada hombre debe ser lo suficientemente capaz de producir acorde a sus fortalezas e inteligencia; la izquierda en cambio propugna repartir la plata lo más equitativamente posible entre los menos favorecidos. Y los errores de la izquierda y la derecha también son sencillos: la derecha se reserva el derecho de elegir quién es más fuerte e inteligente, lo cual es claramente presuntuoso e ilegítimo, y; la izquierda es feliz repartiendo plata, pero no sabe cómo generarla. Corrupción hay en ambos extremos, desde luego.

Como decían mis antiguos: “lindo repartir plata ajena”. Esa es la izquierda de hoy. Pero cuando la plata se acaba, ¿qué harán los izquierdosos?. Impuestos, porque de producir el que sabe es el capitalista.

Por eso las mareas también son aplicables en la economía, como en el gobierno de los países que pretendan progresar. Me explico: el capitalista debe generar plata, para que el socialista la reparta.

Este “socialismo” (término que discutiremos algún otro lunes), tuvo la enorme ventaja de encontrarse con un mercado petrolero que pagaba lo que pedíamos y esa plata se distribuyó (de formas y en montos que no son posibles discutir sin que me demanden) en obras supuestamente de beneficio social. Listo, han cumplido. Gracias, ya tenemos carreteras.

Le toca al capitalismo. Y esto no lo digo porque sea yo derechista ¡que no lo soy!, sino porque es cuestión de mareas, de ciclos, de ritmos. Es natural, simplemente.

Me gustó mucho la primera gestión de Correa, y ya dije que no soy correista -ni tampoco anticorreista-. Ese ciclo debía ser seguido de otro diferente, de explotación productiva pura para que, ahora, retorne otro Correa (o el mismo, incluso) a enfrentar la crisis con un mayor sentido social que lo haría el derechoso, pero, obviamente, con la plata que este capitalista haya podido generar en su período. La lógica es facilita: en un período produzco, y en otro reparto.

Esta explicación es la más simple que me he dado a mi mismo para decidir no apoyar mandatos extensos. Trate de hacer lo mismo. El argumento de que “me cae mal” o “es prepotente” o “mucho habla”, no es un argumento técnico ni lógico. Hay que madurar políticamente, creo yo.

En definitiva, para mi, mientras sigamos pensando en Izquierda vs. Derecha y los sigamos viendo como antagónicos y seamos incapaces de crear un modelo político PROPIO, fuera de moldes comunistas o imperialistas o socialistas o capitalistas, sino un modelo de pura ADMINISTRACIÓN, bajo parámetros técnicos basados en eficiencia y eficacia, mientras no seamos capaces de dejar de lado animosidades en lugar de concentrarnos en lo que a todos nos hace falta y en fijar una meta común, mientras sigamos pensando en minorías y grupos “vulnerables”, mientras no seamos libres de los prejuicios políticos y económicos que nos vienen implantando desde hace dos siglos o más, mientras no evolucionemos, cualquier intento de un Estado organizado será fallido y seguiremos obteniendo intentos autocráticos en lugar de administraciones técnicas. No saldremos de las vacas flacas.

Lo mismo aplica para el continente, para el país y para su casa, vecino. Y de la ciudad no hablo porque acá se juegan otros intereses y otros egoismos. En buena hora que se me acabó el espacio.

jueves, 8 de octubre de 2015

CONTRATO COMPLEMENTARIO




En una radioemisora local se entrevistaba una administradora de turno, mientras se recibían llamadas en vivo para permitir las preguntas de rigor. Hago algunas anotaciones personales:

1.- Los administradores locales (algunos, pero casi la mayoría) no tienen idea de lo que están haciendo en sus cargos. Aunque los medios se esmeran en tener al entrevistado adecuado, éste no logra responder la expectativa de un oyente medianamente culto. Me queda la duda, si es que el/la superman de turno realmente es torpe, o si está terriblemente seguro de que todos los demás somos torpes y nos trata como tal. Para cualquier ciudadano informado, gran parte de lo que se dice es claramente falso o, al menos, equivocado. Merecemos información oficial fidedigna, confirmada y corroborable.

2.- Estamos copiando estrategias viciosas de manejo de los espacios mediáticos. Las llamadas al aire, de esta entrevista a la que me refiero, todas o casi todas, no eran sino para felicitar y agradecer al entrevistado, a sus estandartes, compadres y priostes. ¡Vergonzoso! Pareciera que ningún Latacungueño tuviera idea de una pregunta coherente. Claro, al intentar llamar al medio para preguntar alguito, toda comunicación se encontraba ocupada. Ahora bien, si casi todas las llamadas son del mismo barrio, a felicitar por la misma obra, de gente adulta y en horas de oficina, lo que a mi me parece es que esas felicitaciones no eran tan sinceras. Me parece mas bien, que algunos burropies y uno que otro cognado se dedicaron a saturar las líneas de comunicación con el medio radial, a fin de realzar las dubitables dotes del superman entrevistado y, de pasito, evitar que preguntas reales lleguen a ser públicas y evidencien (más) la ignorancia del preguntado. Horrible, además de la mentira (o error, demos el beneficio de la duda), tener que aguantar a un puñado de anónimos zalameros que no hacían sino restarle aún más a la imagen de la entrevistada ante cualquier oyente culto.

3.- En toda la entrevista escuché varias veces que, en diferentes obras, habría que hacer “contratos complementarios”. Pero, ¿qué es un contrato complementario? Pues simple: es un segundo contrato que se hace sobre la misma obra, para realizar ciertas tareas que resultan ser nuevas e indispensables para el cabal funcionamiento de la obra principal. Es decir, por la complejidad de la obra, se determinan requerimientos adicionales o diferentes a los originalmente presupuestados y como no puede modificarse el contrato principal, se hace otro llamado complementario. Lo dicho: “por la complejidad de la obra”. Pero escucho que, en mi Latacunga, una gran cantidad de obras van a salir con contratos complementarios. Pregunto: ¿dónde estamos construyendo la nave espacial?

Con esta contratación complementaria puedo disponer hasta del 70% del monto del contrato original; es decir, puedo llegar casi a duplicar el valor de la obra. Si se hace bien, sirve para salvar eventualidades típicas de construcciones complejas; pero si se hace “mejor” sirve para salvar las eventualidades económicas del contratista. Roguemos que estos contratos complementarios de que han tratado en la radio sean a bien de la ciudad. Normalmente, para obras de relativamente pequeña envergadura, como son las pocas que se ven de esta administración, no debería haber mucho contrato complementario. O las obras son enormes, o los contratos están mal hechos o la fiscalización no funciona; pero no puede solucionarse todo con contratos complementarios.

Nos encantaría considerar que todo lo que escuché se debe solo a una ligereza o error de la persona entrevistada. Nos gustaría creer que esta persona estaba nerviosa o, incluso, que no contaba con la información real en sus manos. Pero, en todo caso, y mientras no se nos permita información oficial a la ciudadanía (que nunca se encuentra accesible), nos tocará quedarnos con la duda de si algunos problemas de Latacunga son asunto de corrupción o de simple incompetencia.

Para dilucidar esta duda, vecino, deberemos dedicarnos un poco más a estudiar el funcionamiento de nuestra ciudad. Es momento de interesarnos realmente por lo que pasa en la caja de cascajo.

jueves, 18 de junio de 2015

¿Socialismo?



Cuando era chico, pensaba que lo mejor que podría ocurrir en el mundo era el comunismo. En mi cabeza de guagua de primaria se me hacía perfecta la idea de compartir todo con todos, en partes perfectamente iguales, y todos trabajar para un mismo fin general que sería, a la postre, el engrandecimiento de la Patria y, algún día, de una Patria única planetaria.

Claro, eso fue en la primaria. Para mi adolescencia, ya podía percatarme que esa uniformidad asfixiante era fatal. Evidentemente, ser “exactamente igual” a cualquier otro, acabaría con el corazón, mente y voluntad de artistas, genios, deportistas, científicos, escritores y hasta políticos. Claro, asumiendo que los políticos fueran limpios y honestos. Decidí, al terminar el colegio, que mi tendencia sería socialista, porque aún creía que los pobres debían ser auxiliados y que había una serie de personas social y económicamente incapacitadas que debían ser solventadas por la mayoría productiva. El socialismo parecía ser una buena opción.

En la Universidad, la Central del Ecuador, tuve la total desgracia de conocer a otros pseudo izquierdosos que se encapotaban de rojo para nomás de ir a jugar voley de piedras con los Policías que, a la postre, también disfrutaban el partido, a su manera. Clarito me quedó, que eso no era izquierda, ni socialismo ni cosa parecida. Eso era anarquía, oportunismo, corrupción, vagancia y abuso. Hasta ahí me llegó lo socialista.

En algo parecido a mi madurez, me cayó encima esto del “socialismo del siglo 21”. Casi me enamoro. Parecía perfecto. Era el socialismo que no me había convencido, pero con traje “sport”. Yo me imaginé un concepto cercano al “Capitalismo Solidario”, donde uno puede producir, crecer, prosperar y, naturalmente, el Estado se encargaría de sostener programas y políticas para las minorías menos abastecidas en base a un prodigioso sistema de impuestos y compensaciones. Pensé que se daría privilegio a los intelectuales y a los trabajadores independientes, permitiendo el crecimiento del mercado, provocando exportaciones masivas de productos elaborados o semielaborados y elevando los índices de empleo en base a la contínua generación de empresa e industria.

Pero no.

Lo que pasó es que la única fuente de empleo es la burocracia, se busca que el mayor ingreso público provenga de los impuestos de un pueblo oprimido y amordazado, las políticas públicas no curan males sino que disfrazan realidades; la inversión privada es mínima o nula, la ciencia inexistente, el arte a punto de morir, la industria acabada, el Ecuador en vías de muerte. Y lo peor, si alguna vez hubo industria, comercio, producción, empresa, economía y emprendimiento, pues no va a haber más porque, de todos modos, vecino, si a usted se le ocurre emprender en nuestro país, y por esas confabulaciones del destino llega a prosperar, pues todo su esmero volverá a un Estado obeso,lento y feo que devorará todo el patrimonio de sus hijos en forma de impuestos.

Este socialismo XXI, muy lejos de restituir mi fe en el socialismo, me ha convencido de los favores y la correcta óptica de la derecha. Es que es simple: al Estado le compete preocuparse de las minorías, y a las mayorías se les debe permitir crecer y explotarse conforme sus propias capacidades, permitiendo el mayor premio al esfuerzo e inteligencia y no, como hoy, que el peor pecado y casi un delito es, precisamente, ser joven saludable y en edad productiva.

Tampoco está bien el capitalismo monopólico del cual podrían ser fanáticas las cuatro empresas que, prácticamente, gobiernan el mundo; pero podemos seguir ejemplos cercanos, como el chileno y el más lejano suizo y finlandés. Se puede, si, llegar a un punto en que el Estado necesite una alta tasa de impuestos; pero si con una mano quita, con otra mano permite e incentiva el esfuerzo PRIVADO, la producción y el empleo.

Ah si, es que si de empleo hablamos, hay que ser bien claros: la burocracia no es un empleo. La burocracia es una necesidad que hay que eliminar. El burócrata consume recursos, y no genera nada. El famoso “gasto corriente” de nuestro país es, casi en su totalidad, sueldos de burocracia. El verdadero empleo, que genera riqueza, es el de la empresa privada.


Mientras la burocracia se alimenta de los impuestos y no genera riqueza, la empresa paga impuestos cuando compra materia prima o insumos, vuelve a generar impuestos cuando vende sus productos o servicios y, de los sueldos que paga a sus empleados, se volverá a cobrar impuestos cuando estos a su vez gasten ese dinero.

Entonces, señor gobierno, ¿quiere más impuesto cobrar? Pues genere inversión privada, fomente la empresa y el emprendimiento. Saque a los jóvenes, que tiene adormilados atrás de escritorios en funciones públicas, cobrando sueldos a cambio de dejar de pensar; sáquelos de ahí, señor gobierno, que los jóvenes no somos para estar rumiando las migas del fisco, sino para hacer crecer a la Patria, para prosperar, para producir.

Los jóvenes no queremos pan caído de la mesa, queremos darle todo al País; pero nuestro país no nos está ofreciendo nada a cambio.