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jueves, 8 de octubre de 2015

CONTRATO COMPLEMENTARIO




En una radioemisora local se entrevistaba una administradora de turno, mientras se recibían llamadas en vivo para permitir las preguntas de rigor. Hago algunas anotaciones personales:

1.- Los administradores locales (algunos, pero casi la mayoría) no tienen idea de lo que están haciendo en sus cargos. Aunque los medios se esmeran en tener al entrevistado adecuado, éste no logra responder la expectativa de un oyente medianamente culto. Me queda la duda, si es que el/la superman de turno realmente es torpe, o si está terriblemente seguro de que todos los demás somos torpes y nos trata como tal. Para cualquier ciudadano informado, gran parte de lo que se dice es claramente falso o, al menos, equivocado. Merecemos información oficial fidedigna, confirmada y corroborable.

2.- Estamos copiando estrategias viciosas de manejo de los espacios mediáticos. Las llamadas al aire, de esta entrevista a la que me refiero, todas o casi todas, no eran sino para felicitar y agradecer al entrevistado, a sus estandartes, compadres y priostes. ¡Vergonzoso! Pareciera que ningún Latacungueño tuviera idea de una pregunta coherente. Claro, al intentar llamar al medio para preguntar alguito, toda comunicación se encontraba ocupada. Ahora bien, si casi todas las llamadas son del mismo barrio, a felicitar por la misma obra, de gente adulta y en horas de oficina, lo que a mi me parece es que esas felicitaciones no eran tan sinceras. Me parece mas bien, que algunos burropies y uno que otro cognado se dedicaron a saturar las líneas de comunicación con el medio radial, a fin de realzar las dubitables dotes del superman entrevistado y, de pasito, evitar que preguntas reales lleguen a ser públicas y evidencien (más) la ignorancia del preguntado. Horrible, además de la mentira (o error, demos el beneficio de la duda), tener que aguantar a un puñado de anónimos zalameros que no hacían sino restarle aún más a la imagen de la entrevistada ante cualquier oyente culto.

3.- En toda la entrevista escuché varias veces que, en diferentes obras, habría que hacer “contratos complementarios”. Pero, ¿qué es un contrato complementario? Pues simple: es un segundo contrato que se hace sobre la misma obra, para realizar ciertas tareas que resultan ser nuevas e indispensables para el cabal funcionamiento de la obra principal. Es decir, por la complejidad de la obra, se determinan requerimientos adicionales o diferentes a los originalmente presupuestados y como no puede modificarse el contrato principal, se hace otro llamado complementario. Lo dicho: “por la complejidad de la obra”. Pero escucho que, en mi Latacunga, una gran cantidad de obras van a salir con contratos complementarios. Pregunto: ¿dónde estamos construyendo la nave espacial?

Con esta contratación complementaria puedo disponer hasta del 70% del monto del contrato original; es decir, puedo llegar casi a duplicar el valor de la obra. Si se hace bien, sirve para salvar eventualidades típicas de construcciones complejas; pero si se hace “mejor” sirve para salvar las eventualidades económicas del contratista. Roguemos que estos contratos complementarios de que han tratado en la radio sean a bien de la ciudad. Normalmente, para obras de relativamente pequeña envergadura, como son las pocas que se ven de esta administración, no debería haber mucho contrato complementario. O las obras son enormes, o los contratos están mal hechos o la fiscalización no funciona; pero no puede solucionarse todo con contratos complementarios.

Nos encantaría considerar que todo lo que escuché se debe solo a una ligereza o error de la persona entrevistada. Nos gustaría creer que esta persona estaba nerviosa o, incluso, que no contaba con la información real en sus manos. Pero, en todo caso, y mientras no se nos permita información oficial a la ciudadanía (que nunca se encuentra accesible), nos tocará quedarnos con la duda de si algunos problemas de Latacunga son asunto de corrupción o de simple incompetencia.

Para dilucidar esta duda, vecino, deberemos dedicarnos un poco más a estudiar el funcionamiento de nuestra ciudad. Es momento de interesarnos realmente por lo que pasa en la caja de cascajo.

viernes, 4 de septiembre de 2015

Especulación




Dice el diccionario: “ESPECULACIÓN: Idea o pensamiento no fundamentado y formado sin atender a una base real.”
Somos una ciudad especulativa, puramente. Desde el chisme de la vecina hasta algunas decisiones de los administradores de turno se dan por puras ideas irreales e infundadas. En mi ciudad es peligroso andar en el carro con un acompañante del sexo opuesto, porque resulta casi obligatorio haber tenido alguna relación sentimental con esa persona. Si logramos tener algo de dinero en esta vida, pues seguramente tenemos negocios chuecos o estamos lavando dinero. SI somos exitosos en lo que hacemos, no puede ser que seamos inteligentes o capaces, sino que seguramente tenemos la palanca adecuada o comerciamos favores. ¡Puro cuento!

De la misma manera especulativa y loca que organizamos la evacuación de la ciudad, estamos ahora abandonando nuestras casas de siempre y pagando arriendos ridículos en cualquier otro lado que sea zona segura. Seguimos más interesados en las noticias que nos da el FaceBook que el IGM y nos enteramos que hubo presos y garroteados en las marchas por los “memes” e imágenes jocosas antes que por las noticias de la mañana. Sabemos más del juicio al marido de la Sharon que de la política local; nos importa más adónde correr que cómo salvar esta ciudad.

¡Especulador! Usted, vecino, si, usted: especulador. Usted que comenta lo que no sabe y afirma lo que no conoce. Usted que se atreve a dar consejo sobre el Cotopaxi sin haber ni siquiera leído el último reporte técnico.

¡Ladrón! Usted, que ya subió los precios de su tienda y que dice que “todo está caro” cuando sigue comprando a su distribuidor al mismo precio y haciendo lucro infame, abusando del susto e ignorancia de su propio hermano latacungueño.

Otro especulador es el comerciante de fuera, que llega a nuestra ciudad solamente a fomentar el desorden, a competir deslealmente y a destruir la frágil economía de quienes ejercen el comercio legalmente.

Pero no me quedo en los comerciantes ilegales, pues otros especuladores son algunas grandes cadenas comerciales que, llegadas a nuestra ciudad hace poco y habiendo sido recibidos con alegría, hoy nos duplican y hasta triplican los precios de algunas mercaderías específicas, como si no nos diéramos cuenta.

Pero ideas y pensamientos no fundamentados es lo que más hay en la administración de las últimas décadas de nuestra ciudad. ¡La misma ciudad es prueba de ello! El puente nuevo, por ejemplo, ese que está junto al hospital, ¿no tenía por finalidad desahogar el paso por los “dos puentes”? Y qué sucede ahora, si de todos modos el tráfico de este obra se redirige a la cuesta del Molino Poultier. Y para ello tuvieron que modificar varias veces el sentido y geometría de las calles. Quedó claro que primero se hizo la obra y luego los estudios de tránsito, o los hicieron mal.

Nos encanta el chisme y la desinformación. Somos especulativos. Nos estamos mostrando al mundo como poco reflexivos e ignorantes. ¡Qué vergüenza!

Acá no hay solidaridad, ni un mínimo sentido de buena vecindad o compasión por el prójimo. El que pudo ya huyó, el que pueda huirá y al que mejor le fue ni siquiera vive aquí porque se acomodó en cualquier otra ciudad y se olvidó de su cuna.

Y así está la cuna de los filántropos sabios y grandes: despoblada de sus hijos y llena de gorgojos.

Así vivimos hoy, en lo que otro día fue el centro del país: totalmente apartados de cualquier avance social, medio incultos y medio ignorantes. Dependientes y a la vez promotores del qué dirán, flojos de acción y ligeros de lengua. Lo mismo aplica para la clase política, si es que hay una.

Ah, cierto, la clase política local, ¿qué opinará? Ni se le ha visto.