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lunes, 3 de octubre de 2016

COLECTIVOS




Mucho hemos oído hablar últimamente de los famosos “colectivos”. Pero muy pocos de nosotros sabemos exactamente qué es lo que son. Y la respuesta es sencilla: somos nosotros. Si, nosotros, todos.

Me explico: los colectivos son, formalmente, agrupaciones de personas que se conforman para lidiar, gestar o activar algún hecho o labor social de interés común. NO son minorías, para nada y al contrario, son quienes representan los intereses de las mayorías frente a los actos arbitrarios de la administración. A veces son miles, a veces cientos y muchas veces solo un par de decenas de gentes, pero eso no significa que sean pocos: somos todos. Ellos nos representan a todos y tenemos mucho que agradecerles.

El colectivo no es una asociación formalmente hablando, ni es un club, ni una ONG. Es, realmente, la más sencilla forma de participación: son los que están y están los que son. Para formar un colectivo no se necesita una escritura, ni sede, ni actas, ni cuotas ni membresías; la voluntad basta.

Cualquier grupo de personas, donde estén más de tres, que tengan un objetivo social común y que dispongan del tiempo y las ganas de cabildear y hacer activismo social por dicha causa son, por defecto, un colectivo, así no se reconozcan como tales. Es, más o menos, como una minga, pero con fines de construcción social.

Y son poderosos: los colectivos GLBTI han organizado cruzadas de miles de personas y han llegado a paralizar ciudades y preocupar Parlamentos; organizaciones animalistas han logrado reformas legislativas en varias ciudades y estados del mundo; lo mismo feministas, naturalistas, antiracistas y toda una serie de “istas” que se van colocando juntos conforme sus intereses les reúnen.

En Latacunga esta forma de agrupación ya había tardado bastante en hacerse ver. Sorprende que entre más de doscientos mil habitantes de Latacunga, no haya sino un par de cientos de latacungueñISTAS organizados. Pero, recordemos: no tienen que ser muchos, porque nos representan a todos.

Obra de colectivos fue, recuerden ustedes, las exposiciones de arte en los pasajes del centro histórico, adornar con geranios el pasaje de La Compañía en la calle Padre Salcedo, captar donaciones para afectados del terremoto y entregarlas directamente a los beneficiarios, activismo político en redes sociales contra la construcción del camal en Tilipulo y, más recientemente, la campaña y propuesta de protección de dicha hacienda. ¿Ven? Los colectivos somos todos, son los intereses de todos, nos benefician a todos.

Ahora, vecino, usted que sigue echado leyendo La Gaceta, párese (levántese, elévese) y busque una agrupación con la que pueda colaborar. Siempre encontrará dónde ser útil. Siempre habrá mas como usted buscando colaborar con los mismos asuntos que a usted le interesan. Y, sino encuentra un grupo, pues forme uno: solo necesita cuatro panas y un poco de voluntad. Cualquier pretexto es bueno, desde la recuperación de la cancha del barrio hasta un motivo humanitario internacional.

Pero, claro, le recomiendo que empiece sus acciones aquí, en Latacunga. Propenda usted al latacungueñismo, preocúpese de los temas locales y colabore con el impulso de los temas sociales que tanto nos interesan. Le dejo ideas: todavía hay que estar pendientes del asunto de Tilipulo, también habrá que organizarnos para supervigilar las torres de alta tensión y que no las pongan donde afecten nuestro patrimonio natural; es oportuno conformar una veeduría al proyecto de alcantarillado y tratamiento de aguas, puede usted gestionar charlas y ayuda en la cárcel u organizar un grupo que vigile los Derechos Humanos en ella...

Hay mucho por hacer, y no hay pretexto para no hacerlo. Recuerde: ni somos pocos ni somos tontos.

¡Manos a la obra!

viernes, 12 de febrero de 2016

El Anticristo (político)



Hemos pasado las últimas décadas soportando proselitismo político que ha aprovechado y agudizado las diferencias de clases para crear luchas ficticias e innecesarias y, de esas guerras entre pueblo hermano, obtener rédito electoral.

Actualmente todo parece ser un conflicto. Patrono contra trabajadores. Pobres contra ricos. Mujeres contra hombres. GLBTI contra heterosexuales. Consumidores de marihuana contra dogmáticos religiosos. Burócratas contra independientes. Todos contra todos.

Naturalmente, en las guerras nacen los héroes. Pero debemos tener claro que las guerras simuladas traen héroes simulados.

Acuso que, en nuestra sociedad actual, existen todavía falsos arengadores, sembradores de tormentas que se entretienen fabricando problemas inexistentes para, luego, y tras no poco engaño, hacerse aparecer a sí mismos como los únicos salvadores. Mientras tanto, los torpes seguidores se quedan con los problemas que el falso mesías les endilgó (porque obviamente no va a solucionar los problemas, sino deja de ser indispensable) y sin que nadie sepa cómo, resulta que además se le debe favores, gratitudes y hasta honorarios.

Hay que tener cuidado en año electorero. Estas temporadas son cuando los chacales visten de ovejas, los burros usan birrete y los pícaros lucen hábito obispal.

Y, si algo hay en nuestra política local es chacales, burros y pícaros.

Vecinos, cuídense del chacal, porque ese perro no solo come ovejas, sino a sus propios congéneres. De los pícaros huyan, porque esos dejan, nomás, endosando problemas y luego no hay ni cómo encontrarles. Pero más teman a los burros porque, bueno, ya ven cómo nos está yendo.

Nuestra situación -la de Latacunga- es delicada y emergente. No podemos permitirnos el lujo de volver a elegir en base a pasiones o desafectos. Es verdad, esta vez elegiremos asambleistas, pero en estas elecciones es dónde levantarán su perfil los futuros candidatos a supermanes locales. Cuidado, mucho cuidado, y ojo atento.

Hay que estar muy agudos en este año electoral por dos principales motivos: porque tras la masa de alimañas disfrazadas hallaremos a un séquito de zombies anonadados por las ofertas proselitistas (y, como dijo don Facundo, hay que tener miedo de los pendejos); y, sobre todo, porque es bastante posible también que en la mitad de esta fanesca del diablo, se encuentre alguno que realmente valga la pena y que no llegue muy lejos por faltan de apoyo.

Un solo consejo voy a dejar hoy: no se dejen llevar por ofertas ni discursos. Exijan planes reales y factibles, propuestas legislativas y temas fiscalizables específicos. Luego, analicen uno a uno a los candidatos en base a las iniciativas LEGISLATIVAS y de FISCALIZACIÓN (porque solo eso hace la Asamblea, así que cualquier otra oferta es simplemente falsa) y, viendo bien quién miente y quien no -que siempre se delatan solos-, elija su representante.

Estamos en crisis, y estamos muy mal acostumbrados a salir de ellas no por esfuerzo propio sino por gestión de héroes o salvadores. Este es el año en que los anticristos se aprovecharán de nuestras esperanzas y nuestros anhelos.

Solución: no tenga esperanza en un tercero sino en usted mismo y póngase a trabajar; no tenga más anhelo que el de un día bien justificado, llegar a casa cansado por una jornada aprovechada. Aléjese del dogmatismo político, crea en usted y no en el candidato.

viernes, 4 de septiembre de 2015

Especulación




Dice el diccionario: “ESPECULACIÓN: Idea o pensamiento no fundamentado y formado sin atender a una base real.”
Somos una ciudad especulativa, puramente. Desde el chisme de la vecina hasta algunas decisiones de los administradores de turno se dan por puras ideas irreales e infundadas. En mi ciudad es peligroso andar en el carro con un acompañante del sexo opuesto, porque resulta casi obligatorio haber tenido alguna relación sentimental con esa persona. Si logramos tener algo de dinero en esta vida, pues seguramente tenemos negocios chuecos o estamos lavando dinero. SI somos exitosos en lo que hacemos, no puede ser que seamos inteligentes o capaces, sino que seguramente tenemos la palanca adecuada o comerciamos favores. ¡Puro cuento!

De la misma manera especulativa y loca que organizamos la evacuación de la ciudad, estamos ahora abandonando nuestras casas de siempre y pagando arriendos ridículos en cualquier otro lado que sea zona segura. Seguimos más interesados en las noticias que nos da el FaceBook que el IGM y nos enteramos que hubo presos y garroteados en las marchas por los “memes” e imágenes jocosas antes que por las noticias de la mañana. Sabemos más del juicio al marido de la Sharon que de la política local; nos importa más adónde correr que cómo salvar esta ciudad.

¡Especulador! Usted, vecino, si, usted: especulador. Usted que comenta lo que no sabe y afirma lo que no conoce. Usted que se atreve a dar consejo sobre el Cotopaxi sin haber ni siquiera leído el último reporte técnico.

¡Ladrón! Usted, que ya subió los precios de su tienda y que dice que “todo está caro” cuando sigue comprando a su distribuidor al mismo precio y haciendo lucro infame, abusando del susto e ignorancia de su propio hermano latacungueño.

Otro especulador es el comerciante de fuera, que llega a nuestra ciudad solamente a fomentar el desorden, a competir deslealmente y a destruir la frágil economía de quienes ejercen el comercio legalmente.

Pero no me quedo en los comerciantes ilegales, pues otros especuladores son algunas grandes cadenas comerciales que, llegadas a nuestra ciudad hace poco y habiendo sido recibidos con alegría, hoy nos duplican y hasta triplican los precios de algunas mercaderías específicas, como si no nos diéramos cuenta.

Pero ideas y pensamientos no fundamentados es lo que más hay en la administración de las últimas décadas de nuestra ciudad. ¡La misma ciudad es prueba de ello! El puente nuevo, por ejemplo, ese que está junto al hospital, ¿no tenía por finalidad desahogar el paso por los “dos puentes”? Y qué sucede ahora, si de todos modos el tráfico de este obra se redirige a la cuesta del Molino Poultier. Y para ello tuvieron que modificar varias veces el sentido y geometría de las calles. Quedó claro que primero se hizo la obra y luego los estudios de tránsito, o los hicieron mal.

Nos encanta el chisme y la desinformación. Somos especulativos. Nos estamos mostrando al mundo como poco reflexivos e ignorantes. ¡Qué vergüenza!

Acá no hay solidaridad, ni un mínimo sentido de buena vecindad o compasión por el prójimo. El que pudo ya huyó, el que pueda huirá y al que mejor le fue ni siquiera vive aquí porque se acomodó en cualquier otra ciudad y se olvidó de su cuna.

Y así está la cuna de los filántropos sabios y grandes: despoblada de sus hijos y llena de gorgojos.

Así vivimos hoy, en lo que otro día fue el centro del país: totalmente apartados de cualquier avance social, medio incultos y medio ignorantes. Dependientes y a la vez promotores del qué dirán, flojos de acción y ligeros de lengua. Lo mismo aplica para la clase política, si es que hay una.

Ah, cierto, la clase política local, ¿qué opinará? Ni se le ha visto.

miércoles, 5 de agosto de 2015

Me muero, la Mama Negra




Eso mismo, de morirse está, pues, la idea de suspender la Mama Negra. Yo, Mashca a muerte, estoy en rotundo desacuerdo; pero como la opinión que se publica debe ser lo más desapasionada posible, me permito compartirles algunas cositas que deben considerarse a la hora de tratar el tema de nuestra fiesta magna.

Primera cuestión: LA FIESTA ES MIA. Tal cual, la fiesta no le pertenece al Municipio, ni al Concejo de la ciudad, sino a los Latacungueños y ya ni siquiera a nosotros, sino al mundo entero como patrimonio intangible. Es decir, me pertenece a mi, como Latacungueño, como ecuatoriano y como ser humano.

Segunda cuestión: LA PLATA NO ES PROBLEMA. Y no es problema, justamente, porque no hay. El argumento es que el dinero destinado a la fiesta puede o debe destinarse a gestionar albergues para casos de erupción. Hagan números: el Municipio no destina apenas unos 50.000 dólares para la fiesta; ¿alcanza eso para construir un albergue o levantar un muro de contención de flujos volcánicos? ¡Seamos reales! Si se ha venido discutiendo que la Mama Negra debería tener MAS presupuesto para que así los personajes puedan ser elegidos más libremente, ahora resulta que con cincuenta “lucas” solucionaremos la inoperancia de décadas. No hay plata en la ciudad, y nunca ha habido suficiente para hacer una Mama Negra al nivel que se merece, y que se ha sostenido merced de los propios personajes que, prácticamente desabastecen a su familia por amor a su ciudad. Menos hay plata para las gestiones de emergencia que hoy nos son urgentes.

Tercera cuestión: LA FE. Es que, al final, turismo o no turismo, la fiesta es, para muchos aún, un acto de fe. Y resulta que, para supuestamente paliar la posible erupción del Cotopaxi, vamos a eliminar el acto de constricción y ofrecimiento a la Virgen Abogada de Latacunga y protectora del mismo volcán. Bueno, yo no soy un hombre de fe, pero la mayoría de vecinos si. Y si la fiesta es para la que nos salva del volcán, pues mejor hagamos la mejor Mama Negra nunca vista, a ver si esta vez nos salva también.

Cuarta cuestión: LA ECONOMÍA. Porque la fiesta no es solo cuestión de adolescentes brincando y gringos bebiendo y tomando fotos. Es el evento turístico más importante de nuestra ciudad y provincia (por no decir el único) y del cual depende la economía del año entero de cientos de familias. Quiero hacer énfasis en esto: hay familias enteras que viven UN AÑO de lo que alcanzan a obtener en las fechas de las fiestas. Está claro que el Municipio no tiene una empresa de turismo, así que no pierde un Sucre, pero seamos consecuentes con el prójimo. Aunque sea en impuestos nos han de sacar después, pero generemos renta aunque sea una vez al año.

Quinta cuestión: LA PSICOLOGÍA. Yo no estudié psicología de masas, y creo que algunos de nuestros administradores tampoco. Sin embargo, creo lógico pensar que, si a un pueblo tenso y nervioso como hoy está Latacunga, no se le da su válvula de escape, esa tensión va a crecer con efectos insospechados. Recuerden otra cosa: ya nos dijeron que hay “alerta blanca” y que “no pasa nada”; ¿qué mensaje debemos entender, si nos quitan la Mama Negra “por la emergencia”?. Al final, tengan sindéresis: ¿hay emergencia o no?.

Y, bueno, así puedo ir sacando otras cosas que se nos van ocurriendo. No se que opine la UNESCO, o los diferentes Ministerios. O cómo nos maldecirán los centenares de extranjeros que ya tienen pasaje comprado para vivir nuestra fiesta, en coro con los propietarios de Hoteles que, rara vez, pueden llenarse como en Noviembre.

A la final, esta es solo mi opinión, que seguro será muy debatida pues opiniones en contra también habrá. Es mas, quien propuso eliminar la Mama Negra este año es un Concejal que no solo es colega, sino un bien conocido Latacungueño que, estoy seguro, sus argumentos tendrá. Lo único que estoy diciendo, en esta columna es que deben considerarse muchas cosas antes de suprimir un acto HISTÓRICO, CULTURAL Y PATRIMONIAL con posibles repercusiones a nivel casi planetario. Ubiquemos a nuestra Baltazara donde se merece: es una de las cinco mayores fiestas y celebraciones folklóricas de América, al nivel del Carnaval de Oruro y apenas menos vistosa que el de Rio de Janeiro. 

La Mama Negra es grande, enorme. Nuestra celebración se espera por cientos en Europa, Asia y Oceanía. Desde hace mucho perdimos el derecho de decidir sobre ella, sino que obtuvimos la responsabilidad y obligación de mantenerla íntegra y viva.

Insisto, no se que otras opiniones haya. Ojalá por lo menos por este tema se mueva la opinión local, visto que por otras cosas los vecinos guardan silencio. No se resentirá nadie, esto es solo mi palabra.


viernes, 31 de julio de 2015

El Champús!




Nos quedamos con ganas de más Papa. Para cuando el sacerdote llegó, la expectativa era gigante. Unos decían que iba a perdonar un año a los presos, otros creían que se les iba a hacer algún milagrito personal con solo verlo; muchos, incluyendo algunos paranóicos verdiaguados habían dicho que venía a “dejar armando” el golpe de Estado o que, cuando menos, los pelagatos golpistas iban a aprovechar la misa para dar el susto.

Los que no creemos mucho en cucos ni vamos a misas ni calculamos golpes de Estado aprovechamos para darnos un día libre -del trabajo normal- y dedicarnos a las más hermosas y distractivas labores domésticas pendientes (léase con todo el sarcasmo posible).

Pero, entre misas y erupciones volcánicas, en el Ecuador se está cocinando un futuro nefasto. Por un lado, según dicen, habría un golpe de Estado que acabaría con esta -supuesta- democracia en la que -supuestamente- vivimos; y, por otro lado, esta -supuesta- democracia está acabando con los recursos estatales mientras tensa la soga sobre el cuello de una -también supuesta- clase media que realmente es inexistente.

Lo del -supuesto- golpe de Estado ya ni asusta tanto, porque acá hemos derrocado hasta dos por año en algún momento; pero si asusta la posible reacción de un Gobierno demasiado acostumbrado al poder y a que nadie le contradiga, un Gobierno monocéfalo y descriteriado que vive de la repetición más o menos homogénea de consignas revanchistas y mentirosas.

El Cotopaxi tampoco asusta, porque estamos acostumbrados a las mentiras y es bastante posible que acabemos muriendo calcinados en plena “alerta blanca”. Y mientras las autoridades deciden que color ponerle a la alerta volcánica, el mercado inmobiliario se pone pálido y los constructores se ponen azules. ¡Viva la especulación, aunque sea a la baja!

Y mientras nos ponen en alerta colorada, nos desapercibimos de la emergencia real y más actual en Latacunga, ese fenómeno antinatural y degenerativo que plaga nuestra provincia entera: la ineptitud y conveniente negligencia de muchos administradores. Deberíamos estar más atentos al presupuesto y los contratos que se hacen en la ciudad, así como sus beneficiarios y el tipo de obras que acaban haciendo, en lugar de vivir de la farándula futbolera, tecnocumbiera y religiosa.

No me canso de decirlo: vecino, mientras usted ve la misa del Papa por la televisión, sus mismos gerentes se le van robando el crucifijo. Mientras se entretiene con el pésimo fútbol nacional, le hacen la goleada en su propio patio.

Tenemos tres problemas en pleno parque central: la erupción del Cotopaxi, la supuesta rebelión y el cubo de cascajo.

Si, un problema, porque nada funciona en el cubo de cascajo; y, lo poco que funcionaba, ha sido apartado sistemáticamente con el único fin de poder avanzar las obras que Latacunga tanto necesita, pero sin que se revisen como se debe.

Y lo más doloroso: Latacunga sigue sin un líder joven y, si alguno en algo se muestra, resulta ser que ni siquiera vive aquí y termina haciendo pura charla dogmática, por no decir demagogia.

No necesitamos políticos nuevos, sino proyectos nuevos. Necesitamos un nuevo concepto de Latacunga y Latacungueñismo, no un próximo Alcalde “light” o “new age” o “hipster” ni nada parecido. Un proyecto serio, con números y conceptos claros, con opciones reales, libre de megaobras de humo, teleféricos a la nada y columpios sin cuerda.

Necesitamos una revolución cultural y de identidad.

miércoles, 22 de abril de 2015

Lo que hay entre los conos



Alguna vez, cuando más guambra, un amigo me dejó subirme a uno de esos enormes cabezales cargados de chorrocientas ruedas. Él estaba aprendiendo algunas habilidades para conducirlo y, en un ejercicio de parqueo, debía ubicar el monstruoso aparato entre una serie de conos naranjas. Yo, asustado, no podía ni considerar manera cómo encuadrar semejante animalón. Los conos se me hacían enormes. Parecía no haber solución.

Le pregunté a mi amigo cuál era el truco para conseguir tremenda hazaña, y me respondió algo bien simple: no hay que ver los conos.

Aunque en ese momento no entendí, hoy, que han pasado más de diez años, me he dado cuenta de cuánta razón hay en esa respuesta. Es que el consejo no sirve solo para parquear camiones, si no, para la vida entera.

Los conos no son parte del camino: el camino está entre los conos.

Desperdiciamos ingentes cantidades de tiempo, dinero y esfuerzo en lidiar con supuestos problemas que no son tales, en librarnos de obstáculos que no obstaculizan nada, en sufrir por los miles de peros que nos pone la vida, pero no nos damos cuenta que, todos ellos, están fuera del camino. Dejemos de ver los conos, y concentremos nuestro esfuerzo en lo que hay entre ellos: el espacio vacío por donde habremos de pasar nuestros logros.

Lo mismo pasa a nivel de gobierno y administración pública. Nos quedamos paradotes, viendo los conos, sin darnos cuenta de todo el espacio que tenemos para pasar. Estos son algunos “conos” típicos de la administración pública: “no hay presupuesto”, “la gente no hace”, “no van a cuidar”, “falta la sumilla”, “eso dejaron dañando los que estaban antes”....

Si no hay presupuesto, pues hay que generar ingresos de alguna manera; si la gente no hace, pues hago yo; si no van a cuidar, pues igual lo hago hasta que se aburran de dañar; si falta la sumilla, voy y la busco; si los de antes hicieron pendejadas, pues yo soy el llamado a solucionarlas. ¡Ese es el espacio que queda entre conos, y que nadie quiere ver!

Hay dos palabras que, mediante ordenanza o decreto supremo o lo que sea, deben PROHIBIRSE en Latacunga: “es-que” y “pero”.

Revira el hígado, cuando uno plantea alguna idea, recibir por respuesta, por ejemplo, “es-que nadie hace”, “pero igual no va a valer”, y otras parecidas. ¡Mediocres!¡Pusilánimes!. Hay que ser como el humilde aprendiz de albañil: si nadie hace, yo hago, y si mañana no va a valer, pues igual lo hago hoy, simplemente porque TIENE QUE hacerse. El aprendiz de albañil se saca el aire armando castillos, sin saber quién los va a ocupar, o si siquiera va a ser ocupado, o si mañana será derrocado, si quedará abandonado o si, realmente, la pared en la que se esmera llegará a ser un castillo algún día: lo hace, simplemente porque es su deber.

Vecinos, nos falta eso, nos falta sentido del deber. TENEMOS que hacer las cosas que TENEMOS que hacer, simplemente porque TENEMOS que hacerlas y porque TIENEN que estar hechas.

No nos importe si el de junto cumple o no, si el otro hace o no. Debemos hacerlo nosotros. Debo hacerlo yo.

Dejemos de ser indolentes. Pareciera que no nos importa nuestra casa, ni aún siquiera nuestra vida como ciudadanos.
Dejemos de perder el tiempo en conos, cuando el camino es amplio. Dejemos de alimentar problemas, cuando, a veces, ni siquiera hace falta resolverlos, sino solamente ignorarlos.

Seamos más objetivos y, sobre todo, proactivos.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Cuestión de barrios



Todos somos Latacungueños, es verdad, pero también es cierto que a algún barrio nos pertenecemos. Yo, por ejemplo, viví en San Carlos hasta hace poco y actualmente vivo bien al sur; pero nací y mi corazón pertenece al barrio Rumipamba. Nuestro barrio es, en definitiva, la extensión directa de nuestra casa. Allí tenemos algo parecido a hermanos, con quienes jugábamos pelota; la señora de la tienda que es casi como la abuela de todos los chiquillos; el “veshi”, del cual no sabemos ni el nombre pero nos cae muy bien y hasta la vieja fregona que no nos dejaba jugar en paz. Son, todos ellos, nuestra familia también.

Normalmente las familias, cuando deben solventar algún problema o necesidad, se reúnen y, al comando del o de la jefe de hogar, se busca la mejor y más rápida solución.

Pero sucede, en nuestra familia barrial, que no sabemos ni quienes viven junto. Tampoco nos reunimos para nada, casi que ya no juegan los muchachos en las canchas y, si es que algún momento recibimos una notificación para reunirnos a formar directiva, pues le hacemos bolita y la tiramos al tacho. No nos interesa nuestra familia. Esa es la triste verdad.

Más allá de las causas, que son muchas (tiempo que dedicamos a trabajar, el maldito celular, la famosa inseguridad...), quedan los efectos.

Es de los efectos de los que debemos preocuparnos, pues la ciudad, como todo organismo vivo, debe su existencia al correcto funcionamiento de todas sus partes. El barrio es un órgano de la ciudad. Si los barrios no funcionan, la ciudad está perdida.

A muchos pseudo políticos les interesa que los barrios pierdan espacio de participación, pues así pueden comandar mas cómodos. A muchas empresas, públicas y privadas, les interesa mantener a los barrios callados, para no ser acusados de sus negligencias. A algunos burócratas les conviene barrios ciegos y mudos, que no le señalan con el dedo su incompetencia.

Me queda el sinsabor, y puede que esté equivocado; pero parece ser que la organización barrial está muriendo. Ya no hay una federación de barrios capaz de sostener o derrocar servidores públicos, ni suficientemente dotada de carisma y tanates para demandar, incluso judicialmente, cualquier circunstancia que atente al normal desarrollo de la ciudad.

Insisto, espero estar equivocado.

Ahora que tampoco vamos a hechar culpas sobre quien sea que esté al frente de los barrios. A la final, el representante solo hace y puede hasta donde sus representados exigen y ayudan. No hay guerras de un solo hombre, ni tampoco un solo hombre que pueda enfrentar una guerra. Se necesita de la unión de todos. Dicho estuvo, hace algunas semanas, que me causó sorpresa ver que la mayoría de dirigentes barriales son mujeres maduras. ¡Bien por ellas! ¡Lástima por la juventud desperdiciada y la masculinidad indolente e ignorante!

Es verdad, a la gente no le importa. Es verdad, también, que no hay líderes motivadores de esa comunidad. A la final, todos tenemos un político, un cura y un director técnico guardados en algún lugar de nuestro inconsciente. El director técnico aflora cada domingo, el cura cada vez que hay que reprender o criticar; pero el político está amarrado a vicios de percepción.

Busquemos en el diccionario el concepto de política y dejemos de creer que política es la basura que nos han obligado a ver. Hagamos política real, diaria. Dejemos la pereza y tomemos las riendas de nuestras vidas. Cada ser es un alcalde en chiquito, cada barrio es un Municipio, cada ciudad es un País.

Dicho dejo que, al final, el futuro del país y, por lo menos, de Latacunga, es solo cuestión de barrios.