Dice el diccionario: “ESPECULACIÓN: Idea o
pensamiento no fundamentado y formado sin atender a una base real.”
Somos
una ciudad especulativa, puramente. Desde el chisme de la vecina
hasta algunas decisiones de los administradores de turno se dan por
puras ideas irreales e infundadas. En mi ciudad es peligroso andar en
el carro con un acompañante del sexo opuesto, porque resulta casi
obligatorio haber tenido alguna relación sentimental con esa
persona. Si logramos tener algo de dinero en esta vida, pues
seguramente tenemos negocios chuecos o estamos lavando dinero. SI
somos exitosos en lo que hacemos, no puede ser que seamos
inteligentes o capaces, sino que seguramente tenemos la palanca
adecuada o comerciamos favores. ¡Puro cuento!
De
la misma manera especulativa y loca que organizamos la evacuación de
la ciudad, estamos ahora abandonando nuestras casas de siempre y
pagando arriendos ridículos en cualquier otro lado que sea zona
segura. Seguimos más interesados en las noticias que nos da el
FaceBook que el IGM y nos enteramos que hubo presos y garroteados en
las marchas por los “memes” e imágenes jocosas antes que por las
noticias de la mañana. Sabemos más del juicio al marido de la
Sharon que de la política local; nos importa más adónde correr que
cómo salvar esta ciudad.
¡Especulador!
Usted, vecino, si, usted: especulador. Usted que comenta lo que no
sabe y afirma lo que no conoce. Usted que se atreve a dar consejo
sobre el Cotopaxi sin haber ni siquiera leído el último reporte
técnico.
¡Ladrón!
Usted, que ya subió los precios de su tienda y que dice que “todo
está caro” cuando sigue comprando a su distribuidor al mismo
precio y haciendo lucro infame, abusando del susto e ignorancia de su
propio hermano latacungueño.
Otro
especulador es el comerciante de fuera, que llega a nuestra ciudad
solamente a fomentar el desorden, a competir deslealmente y a
destruir la frágil economía de quienes ejercen el comercio
legalmente.
Pero
no me quedo en los comerciantes ilegales, pues otros especuladores
son algunas grandes cadenas comerciales que, llegadas a nuestra
ciudad hace poco y habiendo sido recibidos con alegría, hoy nos
duplican y hasta triplican los precios de algunas mercaderías
específicas, como si no nos diéramos cuenta.
Pero
ideas y pensamientos no fundamentados es lo que más hay en la
administración de las últimas décadas de nuestra ciudad. ¡La
misma ciudad es prueba de ello! El puente nuevo, por ejemplo, ese que
está junto al hospital, ¿no tenía por finalidad desahogar el paso
por los “dos puentes”? Y qué sucede ahora, si de todos modos el
tráfico de este obra se redirige a la cuesta del Molino Poultier. Y
para ello tuvieron que modificar varias veces el sentido y geometría
de las calles. Quedó claro que primero se hizo la obra y luego los
estudios de tránsito, o los hicieron mal.
Nos
encanta el chisme y la desinformación. Somos especulativos. Nos
estamos mostrando al mundo como poco reflexivos e ignorantes. ¡Qué
vergüenza!
Acá
no hay solidaridad, ni un mínimo sentido de buena vecindad o
compasión por el prójimo. El que pudo ya huyó, el que pueda huirá
y al que mejor le fue ni siquiera vive aquí porque se acomodó en
cualquier otra ciudad y se olvidó de su cuna.
Y
así está la cuna de los filántropos sabios y grandes: despoblada
de sus hijos y llena de gorgojos.
Así
vivimos hoy, en lo que otro día fue el centro del país: totalmente
apartados de cualquier avance social, medio incultos y medio
ignorantes. Dependientes y a la vez promotores del qué dirán,
flojos de acción y ligeros de lengua. Lo mismo aplica para la clase
política, si es que hay una.
Ah,
cierto, la clase política local, ¿qué opinará? Ni se le ha visto.
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