viernes, 4 de septiembre de 2015

Especulación




Dice el diccionario: “ESPECULACIÓN: Idea o pensamiento no fundamentado y formado sin atender a una base real.”
Somos una ciudad especulativa, puramente. Desde el chisme de la vecina hasta algunas decisiones de los administradores de turno se dan por puras ideas irreales e infundadas. En mi ciudad es peligroso andar en el carro con un acompañante del sexo opuesto, porque resulta casi obligatorio haber tenido alguna relación sentimental con esa persona. Si logramos tener algo de dinero en esta vida, pues seguramente tenemos negocios chuecos o estamos lavando dinero. SI somos exitosos en lo que hacemos, no puede ser que seamos inteligentes o capaces, sino que seguramente tenemos la palanca adecuada o comerciamos favores. ¡Puro cuento!

De la misma manera especulativa y loca que organizamos la evacuación de la ciudad, estamos ahora abandonando nuestras casas de siempre y pagando arriendos ridículos en cualquier otro lado que sea zona segura. Seguimos más interesados en las noticias que nos da el FaceBook que el IGM y nos enteramos que hubo presos y garroteados en las marchas por los “memes” e imágenes jocosas antes que por las noticias de la mañana. Sabemos más del juicio al marido de la Sharon que de la política local; nos importa más adónde correr que cómo salvar esta ciudad.

¡Especulador! Usted, vecino, si, usted: especulador. Usted que comenta lo que no sabe y afirma lo que no conoce. Usted que se atreve a dar consejo sobre el Cotopaxi sin haber ni siquiera leído el último reporte técnico.

¡Ladrón! Usted, que ya subió los precios de su tienda y que dice que “todo está caro” cuando sigue comprando a su distribuidor al mismo precio y haciendo lucro infame, abusando del susto e ignorancia de su propio hermano latacungueño.

Otro especulador es el comerciante de fuera, que llega a nuestra ciudad solamente a fomentar el desorden, a competir deslealmente y a destruir la frágil economía de quienes ejercen el comercio legalmente.

Pero no me quedo en los comerciantes ilegales, pues otros especuladores son algunas grandes cadenas comerciales que, llegadas a nuestra ciudad hace poco y habiendo sido recibidos con alegría, hoy nos duplican y hasta triplican los precios de algunas mercaderías específicas, como si no nos diéramos cuenta.

Pero ideas y pensamientos no fundamentados es lo que más hay en la administración de las últimas décadas de nuestra ciudad. ¡La misma ciudad es prueba de ello! El puente nuevo, por ejemplo, ese que está junto al hospital, ¿no tenía por finalidad desahogar el paso por los “dos puentes”? Y qué sucede ahora, si de todos modos el tráfico de este obra se redirige a la cuesta del Molino Poultier. Y para ello tuvieron que modificar varias veces el sentido y geometría de las calles. Quedó claro que primero se hizo la obra y luego los estudios de tránsito, o los hicieron mal.

Nos encanta el chisme y la desinformación. Somos especulativos. Nos estamos mostrando al mundo como poco reflexivos e ignorantes. ¡Qué vergüenza!

Acá no hay solidaridad, ni un mínimo sentido de buena vecindad o compasión por el prójimo. El que pudo ya huyó, el que pueda huirá y al que mejor le fue ni siquiera vive aquí porque se acomodó en cualquier otra ciudad y se olvidó de su cuna.

Y así está la cuna de los filántropos sabios y grandes: despoblada de sus hijos y llena de gorgojos.

Así vivimos hoy, en lo que otro día fue el centro del país: totalmente apartados de cualquier avance social, medio incultos y medio ignorantes. Dependientes y a la vez promotores del qué dirán, flojos de acción y ligeros de lengua. Lo mismo aplica para la clase política, si es que hay una.

Ah, cierto, la clase política local, ¿qué opinará? Ni se le ha visto.

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