Hasta
que se vio algo de acción en nuestros administradores. Sendas líneas
verdes recorren algunas calles de la ciudad, indicando las zonas de
seguridad en caso de erupción volcánica. Dioslepague, señores
administradores, ahora ya sabemos para dónde correr. Confiamos en
que, al final de la línea haya dónde guarecernos por un par de días
y, si no es mucho exigir, un poquito de agua y medicinas básicas.
Ahora
debemos saber verdaderamente cuál es la “línea de cota” que
divide las zonas seguras de las de riesgo y que, más que definir
quién vive y quien no, están ya justificando mercantilmente quién
tiene un bien sobrevaluado y quién no podrá vender su casa hasta
que el volcán explote o la venderá en precios de risa. Hemos
perdido la “línea de horizonte” de nuestra ciudad, estamos
extraviados en nuestra propia casa y el mercado de cualquier
profesión o negocio es extremadamente volátil. Mas claro: estamos
hechos locos y no hay plata.
Mi
vecina ya “perdió la línea” de tanto mal dormir preocupada por
el volcán; y mi vecino, que antes estaba “en línea” con el
gobierno, hoy no quiere creerle más que al FaceBook y a sus panas
del voley. Los administradores recién cogen la “línea de trabajo”
para casos de emergencia, y ahora aparecen muy seguros y atinados en
sus primeras acciones concretas antidesastre. ¡Que comparación con
cómo se veían hace unas semanas: completamente “desalineados”!
Y yo
creo que mejor ya dejo de hacer líneas, porque sino mi vecino de la
derecha va a pensar que yo también me estoy “alineando” con su
estilo de escritura.
Hablando
de vecino de la derecha, un vecino derechoso, que no es lo mismo, ya
me dijo que debería “alinearme” a algún partido político. Lo
mismo me dijeron un par de pseudoizquierdosos. Les dije que me
disculpen, que “mi línea” es la radical coronelsubista; es
decir, que prefiero que no me den pensando y que además vivo hecho
bolas, motivo por el cual no me gustan las líneas pues me resultan
geométricamente incompatibles.
Otros
bien fuera de línea son algunos amigos que andan con la moda
#YOMEQUEDOENLATA, y publican en redes sociales fotos con ese lema
hasta en las camisetas... pero viven en Quito. ¡Hablen serio! ¿No
se dan cuenta que le quitan crédito a la iniciativa? Capaz que me
coge la moda de ponerme la camiseta, porque me gusta la idea de
acompañar una tendencia tan buena como esa y en verdad
#yomequedoenlata para ver que tal van las cosas, y para contarles, el
lunes que le siga a la erupción, cómo se ve todo, desde la humilde
óptica de un guambra de Lata.
Mientras
el Cotopaxi nos permita, cuidemos lo que aún tenemos de ciudad, lo
que aún nos queda de latacungueñismo y, a ser posible, hagámoslo
crecer. Pero, sobre todo, seamos coherentes y tengamos sindéresis.
Ojala los primeros en salir de mi tierra no sean los supermanes de
turno; aunque pensándolo bien, hasta sería bueno.
Tampoco
sería malo que el batallón de ajenos destructivos salieran y se
olvidaran de volver. Pero solo los destructivos, porque está claro
que hay foráneos, y hasta de otras nacionalidades que nos dan
lecciones de latacungueñismo.
Y
así, podemos seguir “tirando líneas” para esta columna, pero me
arriesgo a que me tilden de amargado, y no lo soy tanto. Hasta ver
qué mismo pasa con el volcán, nos veremos el otro lunes, a menos
que nos toque alerta roja entre semana, en cuyo caso, seguro nos
veremos al final de la línea.
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