viernes, 11 de septiembre de 2015

Siga la línea




Hasta que se vio algo de acción en nuestros administradores. Sendas líneas verdes recorren algunas calles de la ciudad, indicando las zonas de seguridad en caso de erupción volcánica. Dioslepague, señores administradores, ahora ya sabemos para dónde correr. Confiamos en que, al final de la línea haya dónde guarecernos por un par de días y, si no es mucho exigir, un poquito de agua y medicinas básicas.

Ahora debemos saber verdaderamente cuál es la “línea de cota” que divide las zonas seguras de las de riesgo y que, más que definir quién vive y quien no, están ya justificando mercantilmente quién tiene un bien sobrevaluado y quién no podrá vender su casa hasta que el volcán explote o la venderá en precios de risa. Hemos perdido la “línea de horizonte” de nuestra ciudad, estamos extraviados en nuestra propia casa y el mercado de cualquier profesión o negocio es extremadamente volátil. Mas claro: estamos hechos locos y no hay plata.

Mi vecina ya “perdió la línea” de tanto mal dormir preocupada por el volcán; y mi vecino, que antes estaba “en línea” con el gobierno, hoy no quiere creerle más que al FaceBook y a sus panas del voley. Los administradores recién cogen la “línea de trabajo” para casos de emergencia, y ahora aparecen muy seguros y atinados en sus primeras acciones concretas antidesastre. ¡Que comparación con cómo se veían hace unas semanas: completamente “desalineados”!

Y yo creo que mejor ya dejo de hacer líneas, porque sino mi vecino de la derecha va a pensar que yo también me estoy “alineando” con su estilo de escritura.

Hablando de vecino de la derecha, un vecino derechoso, que no es lo mismo, ya me dijo que debería “alinearme” a algún partido político. Lo mismo me dijeron un par de pseudoizquierdosos. Les dije que me disculpen, que “mi línea” es la radical coronelsubista; es decir, que prefiero que no me den pensando y que además vivo hecho bolas, motivo por el cual no me gustan las líneas pues me resultan geométricamente incompatibles.

Otros bien fuera de línea son algunos amigos que andan con la moda #YOMEQUEDOENLATA, y publican en redes sociales fotos con ese lema hasta en las camisetas... pero viven en Quito. ¡Hablen serio! ¿No se dan cuenta que le quitan crédito a la iniciativa? Capaz que me coge la moda de ponerme la camiseta, porque me gusta la idea de acompañar una tendencia tan buena como esa y en verdad #yomequedoenlata para ver que tal van las cosas, y para contarles, el lunes que le siga a la erupción, cómo se ve todo, desde la humilde óptica de un guambra de Lata.

Mientras el Cotopaxi nos permita, cuidemos lo que aún tenemos de ciudad, lo que aún nos queda de latacungueñismo y, a ser posible, hagámoslo crecer. Pero, sobre todo, seamos coherentes y tengamos sindéresis. Ojala los primeros en salir de mi tierra no sean los supermanes de turno; aunque pensándolo bien, hasta sería bueno.

Tampoco sería malo que el batallón de ajenos destructivos salieran y se olvidaran de volver. Pero solo los destructivos, porque está claro que hay foráneos, y hasta de otras nacionalidades que nos dan lecciones de latacungueñismo.

Y así, podemos seguir “tirando líneas” para esta columna, pero me arriesgo a que me tilden de amargado, y no lo soy tanto. Hasta ver qué mismo pasa con el volcán, nos veremos el otro lunes, a menos que nos toque alerta roja entre semana, en cuyo caso, seguro nos veremos al final de la línea.

No hay comentarios:

Publicar un comentario