lunes, 24 de abril de 2023

Yo te ofrezco…

 


… busca quién te dé.

Así funcionan nuestros poderes estatales. El ejecutivo ofrece cosas que la Asamblea no está dispuesta a legislar; ésta saca leyes que el Presidente no puede cumplir porque no tiene fondos. Y así también con la función judicial.

Cuando creamos esta Constitución ultragarantista, no nos dimos cuenta que todas esas maravillosas garantías tenían que protegerse mediante procesos judiciales. Pero no reformamos el sistema judicial. Luego, asumimos preferencias legales para grupos minoritarios como mujeres y niños, lo que está bien; pero tampoco reforzamos el sistema judicial.

 Hoy, revisando las últimas reformas que hace la Asamblea al Código Orgánico Integral Penal, veo que la Asamblea le da plazo a la judicatura para que haga los cambios que se legislaron. Esto incluye mejoras de infraestructura, nueva infraestructura, más jueces, etc. Es decir, el poder legislativo le ordena al poder judicial hacer gastos millonarios, mientras el poder judicial está demandando al poder ejecutivo por algo así como 250 millones que le falta para poder sostener la estructura que ya tiene. ¿Cómo va a completar la estructura que le ordena el legislativo?

Es que nuestros políticos son idiotas. O nos creen idiotas. Son incapaces de coordinar una política pública bien hecha. Los asambleístas creen que porque escribieron una ley, la plata va a aparecer por obra de magia. El aparato judicial no va a poder cumplir con lo ordenado en el nuevo COIP, o lo hará de manera mediocre. Para hacerlo, además, necesita que el ejecutivo le asigne fondos permanentes, con plata que no hay. No se está solucionando nada, al contrario: se está fabricando nuevos problemas.

El eventual incumplimiento de la judicatura va a ser reclamado por la legislatura, para defenderse, habrá que echar la culpa al ejecutivo. Y, así, nos van a entretener muchos años más con estas peleas entre poderes, mientras los de siempre nos siguen desangrando.

¡Organícense! ¡Hagan algo bien, una vez en su vida!

Cada organismo del estado anda suelto por su lado, como una manada de perros callejeros, buscando algún desprevenido (nosotros, la sociedad) a quien robarle el pan de la mano.

Tan perdidos andan, que la función judicial quiere hacer un allanamiento a la función electoral… y no puede. Pero a Carondelet ya se han metido varias veces… y no han encontrado nada.

En estas reformas del COIP sobre las que hoy escribo, se dispone al Consejo de la Judicatura implementar mejoras y cambios en 90 días. Los que hemos estado cerca de la cosa pública sabemos que en ese plazo ni siquiera se logra terminar un proceso de contratación. ¿Cómo esperan que la judicatura cumpla? Mucho menos cuando, quedó dicho, el judicial demanda al ejecutivo por millones de dólares que le faltan.

El perro manda al gato, el gato manda al ratón. ¿Qué hará el ratón?

Cuando ellos empiecen a tirarse la culpa del seguro incumplimiento, ninguno de nosotros recordará que esta falla viene prefabricada desde la misma reforma a la ley. Es decir, o son torpes o lo hicieron a propósito para sostener el desorden político que vivimos en el país.

Y nombro el COIP porque es lo actual y lo que mejor conozco. Pero es igual en casi todo ámbito.

Por eso, insisto: a los políticos no hay que pedirles soluciones. Solo hay que pedirles que saquen al Estado de nuestras vidas, y que nos devuelvan las herramientas para atender nuestras necesidades por nosotros mismos. Devuélvannos la economía, la seguridad, la educación, la salud y la dignidad.

No queremos ser arrimados del Estado. Queremos progresar y crecer por nuestros propios medios. Y somos perfectamente capaces de hacerlo, si los políticos dejaran de estorbarnos. No queremos que el Estado nos “de” nada que no nos haya quitado antes. Queremos que nos devuelva lo que antes teníamos y nos hacía fuertes. No queremos que nos ayuden: con que no nos jodan es suficiente.

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