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viernes, 12 de abril de 2019

Lista de pendientes



A punto de estrenar autoridades, y habiendo recibido las más novedosas ofertas de campaña, es adecuado recordarnos – y recordarles – que más allá de la obra física, el reforzamiento de la seguridad y otras ofertas, tenemos una larga lista de pendientes que parecen hacerse olvidado en campaña, pero que no pueden ser dejados de lado a la hora de administrar.

1. Inseguridad.- Aunque la campaña se ha enfocado en un supuesto aumento del crimen, esto no es del todo real. Pero la ciudad sigue siendo insegura en muchos aspectos: la violencia doméstica se mantiene vigente y esto solo se resuelve con políticas públicas de convivencia. La contaminación visual y auditiva es brutal, y la solución solo se depende de una buena ordenanza y un comisario bien parado. Nuestros ríos también están contaminados, y para ello debemos reorganizar nuestros sistemas de manejo de aguas y empezar a sancionar a los contaminadores.

2. Accesibilidad.- Latacunga no es apta para personas con capacidades disminuidas. Hay que mejorar la infraestructura general. También tenemos problemas de accesibilidad al gobierno local: los trámites aún se hacen a la antigua, la información municipal es difícil de acceder y los ciudadanos no somos informados eficientemente de la gestión. Urge incorporar herramientas de gobierno electrónico, reducción de trámites y mejora de los contenidos de la página oficial de la municipalidad y sus redes sociales.

3. Normativa.- Las ordenanzas de nuestra urbe están desordenadas, mal hechas y dejan muchos temas sin tratar. Se requiere una consultoría que informe a los Concejales del estado de la normativa local. En la misma línea, el Concejo debe encargarse de derogar, reformar, crear y codificar un cuerpo normativo sólido que permita reglas claras. Así no solo mejoraremos el sistema en si mismo, sino que seremos más atractivos para la inversión.

4. Tributos.-  Hay muchas tasas y otras imposiciones que se cobran de manera inadecuada o injusta. Una que otra es, incluso, inconstitucional. Deben revisarse los mecanismos de ingreso económico del Municipio, aliviando a los contribuyentes, alentando la inversión privada y permitiendo el desarrollo local en parámetros más competitivos.

5. Producción.- Debemos implementar una política productiva global, que permita el establecimiento de emprendimientos con bajas o nulas cargas impositivas durante sus primeros años. Hay que definir una zona industrial y dotarla de infraestructura. Además urge reestructurar las empresas públicas municipales volviéndolas más eficientes y competitivas en relación a la oferta privada.

6. Turismo.- La mayor tarea de la administración municipal en este punto es la promoción. Conjuntamente se deben iniciar actividades de capacitación a las comunidades indígenas en materia de servicio al cliente, conformación de sociedades y otros temas propios de esta industria. Establecer y promover un circuito turístico que explote las potencialidades de cada parroquia y que convenza al turista de quedarse más de un día en nuestra ciudad.

7. Áreas verdes.- Siendo una de las ciudades con menos espacios verdes por habitante, aún muy por debajo de los estándares recomendados internacionalmente, debemos eliminar la disposición que permite, a los constructores, pagar en efectivo el equivalente al área verde que están obligados a guardar. Si ello no fuere políticamente posible, el Municipio debe organizar un fideicomiso que se encargue de administrar directamente estos fondos, con el único fin de adquirir tierras no productivas y convertirlas en parques y reservas; también de invertir en la recuperación de espacios verdes que ya tenemos pero que no son más que potreros o botaderos.

Y así podemos seguir, posiblemente sin alcanzarnos el espacio de esta página. Posiblemente en siguientes ediciones completemos la lista. Toda recomendación es bienvenida. Solo no olvidemos que una buena administración va más allá de la obra física: debe mejorar nuestro estándar de vida, hacernos sentir más seguros y sobre todo más felices y orgullosos de ser latacungueños.

jueves, 14 de febrero de 2019

Campaña de pobre




Por ley, el Estado debe proveer a los candidatos de cierta cantidad de fondos para que éstos puedan enfrentar su campaña. Estos fondos se calculan en al rededor de 40 centavos por persona según el territorio donde uno sea candidato. La verdad, no es mucho para una campaña. Pero es bastante para una no-campaña.

Los costos de una lid electoral para una provincia como la nuestra, puede fácilmente superar los trescientos mil dólares, sin hacer grandezas. Lo que el Estado provee no llega ni a la quinta parte de eso. Entonces una persona honesta que ha vivido de su propio esfuerzo toda su vida, difícilmente podría afrontar una campaña semejante. Esto hace que los mejores ciudadanos, que normalmente no serán millonarios, deban quedar fuera de la administración gubernamental, aunque fueran muy queridos por la población.

Obviamente, para conseguir esos capitales, los candidatos deben recurrir a ciertas maniobras como hacerse apoyar de intereses privados que, con la misma obviedad, deberán recuperar sus inversiones. Esto compromete al candidato a beneficiar a sus ayudadores cuando llegare a ser administrador de nuestras cosas.

Ningún candidato puede negar que tiene estos pactos. Ninguno.
Es importante, para nosotros los votantes, preguntar al candidato quiénes son sus aliados, y qué pacto se va a hacer con ellos. Debe preocuparnos que los aliados de los candidatos sean los menos peores. Al final, ellos son los que nos van a gobernar, tras cortinas. Así ha sido siempre.

Debemos trasnparentarnos: el candidato no puede seguir apareciendo como virgen inmaculada, y los votantes no podemos hacernos los tontos buscando al que dice que no tiene ningún pacto ni debe favor a nadie, porque eso simplemente es mentira.

El que no tiene acuerdos, el que dice enfrentar la campaña solo, ese me da más duda: no hace propaganda, no moviliza gente, no llega a las masas, no pone ni un cartel. Queda averiguar qué hace entonces con la plata que le dio el Estado, y si no puede mover ni cien personas, cómo se le ocurrió lanzarse de candidato.

Repito: lo que el estado da es poco para el que si tiene intensiones, pero mucho para el que no va a hacer nada y pueda esperanzarce en estos rubros para pagar alguna deudita.

Vecinos: es importante entender cómo funciona la política. Nos están vendiendo seres mitológicos, no administradores reales. Y nosotros seguimos votando por estos demagogos mentirosos, en lugar de elegir a quien, con transparencia, nos dice cómo realmente piensa hacer las cosas.

Nos gusta que nos mientan.

No hay campañas de pobre. Hay pobres haciendo campaña. Y otros haciendo campaña para dejar de ser pobres.


viernes, 3 de febrero de 2017

Crónicas de Piedra Pómez



¿Ya se vieron las películas tipo Crónicas de Narnia y otras parecidas que cuentan historias sorprendentes, en reinos mágicos, donde ninguna cosa parece tener sentido,pero sin embargo suceden? Yo ya me vi algunas. Y veo novelas parecidas todos los días. Situaciones increíbles, personajes que nadie explica por qué están en la posición que están, locaciones mágicas y un montón de mentiras infantiles que algunitos optan por creer para no complicarse.

Creo que podríamos ensayar una historia similar, más o menos con el siguiente guión:

En una tierra prodigiosa, isla de paz y poblada por gente industriosa pero extremadamente incauta, lugar apacible rodeado de colinas y surcado por ríos se levantó, hace más de un siglo, un elegante castillo de Piedra Pómez, el mejor y mas grande en su tipo que el mundo haya visto jamás. Habitar ese castillo es un premio que galardona al mejor habitante del reino, por selección escrupulosa de sus vecinos y con el fin de gobernar y administrar dicho reino para que continúe siendo, como ha sido siempre, el más bonito de la región.

Naturalmente, el acceso a ese castillo ha sido muy codiciado por mercenarios, oportunistas y vagos. La mayor parte de quienes han pasado por la casa de cascajo han aprovechado la inocencia de los habitantes para hacerse de beneficios personales. Unos, disfrazados de héroes azules, otros con coraza y espada en mano, otros acanallando al antecesor y todos, pero todos, escondiendo sus errores, agrandando virtudes inexistentes, ocultando su incompetencia e ignorancia, engañando.

El castillo otorga bondades mágicas a quienes lo gobiernan. De repente, tienen el poder de desaparecer monedas, crear estructuras sin nunca haber hecho un plano, convertir tierras agrícolas en edificaciones de concreto, hacer llegar agua hasta donde nadie la necesita, convertir monumentos históricos en carnicerías, otorgar absoluciones a los más pecadores y hasta organizar tratos con el diablo sin que parezca haber ningún efecto colateral para el que gobierna.

En este castillo también funciona una mesa redonda, donde notables ciudadanos cumplen con el deber de organizar la vida del reino. Pero el gobernante de turno es hábil e impide que los notables puedan llegara a acuerdos benéficos para la ciudad, ya sea haciéndose de la voluntad de algunos u organizando entuertos para desprestigiar a otros. Se dice incluso que algún notable se ceba con favores y beneficios para sus cercanos.

El que gobierna el castillo distribuye su poder entre varios delegados, a fin de que le ayuden a gestionar su autoridad. Algunos de estos delegados son terribles tiranos, otros incluso se creen superiores al propio gobernante y, en general, hacen y deshacen sin control, aún por fuera del conocimiento y aprobación de aquel que los delegó. En el mejor de los casos hay delegados que no hacen nada, porque no saben hacerlo y están en sus lugares a título acomodaticio, pero como tampoco presentan incomodidad para el gobernante, son mantenidos allí, mientras se fabrique situación más favorable.

Mientras, los habitantes del reino se distraen y contentan con mínimas raciones de felicidad y comida, además de una que otra bondad residual de la administración. El reino pierde su lucidez y los habitantes se encuentran más preocupados en sobrevivir el día a día que en el propio destino del reino.

El castillo de Piedra Pómez se ha vuelto gris. Ya no es símbolo de orgullo del pueblo, sino un estandarte de decadencia.

(...)

Obviamente el cuento está incompleto. Es indispensable que usted, amigo lector, colabore con el final de la obra. Pero no se moleste en escribir, usted solo ejecute su papel que el cuento se escribirá solito. Decida, amigo mío, si quiere ser villano, ogro, mutante, duende, aldeano ignorante o si, por el contrario, desea ser el héroe del cuento o, al menos, un soldado activo y leal al antiguo espíritu de este pueblo.

Usted decida y actúe, que yo también le entraré a la obra, que seguro tendrá teatro lleno.



viernes, 16 de septiembre de 2016

DE CABLES Y CAMALES




Mientras nos entretienen con las Mamas Negras, mil cosas suceden en nuestra ciudad sin que ni siquiera nos hayamos pronunciado.

Igualito que cómo nos metieron la Cárcel, ahora pretenden lacrar nuestra joya natural con un montón de torres y cables de alta tensión. Tales armatostes no serían otra cosa que el monumento a la estupidez. Recuerden: ya tenemos cárcel, ya nos excluyeron de la E35, y ahora nos van a golpear justo en la única fuente posible de ingresos: el turismo.

No podemos seguir callados, nos están acabando la ciudad.

No fue muy diferente lo que casi nos sucede con el tema de la construcción del camal en Tilipulo. A cuenta de un pseudo progreso, algunos infames, trataron de mancillar otra de nuestras joyas. Es verdad, la hacienda Tilipulo no es funcional, y está abandonada; pero una joya, aunque sucia y oxidada, no deja de ser joya.

Y esta batalla aún no está ganada, pues el uso de suelo de la hacienda Tilipulo no parece estar suficientemente definido y, tal parece, que sin una reforma legal importante que proteja a este emblema histórico, no habrá manera de garantizar que la Hacienda Tilipulo vuelva a su esplendor de siempre.

De las torres de electricidad nos ocuparemos durante la semana siguiente, pero sin descuidarnos mucho porque esas torres nos ls van a poner cualquier madrugada. Hoy es importante completar el esfuerzo hecho por Tilipulo. Varias semanas, centenares de latacungueños, cada uno desde su trinchera, hemos hecho esfuerzos por evitar el uso industrial de los terrenos de la hacienda. Esta semana, un grupo de muy preocupados Mashcas harán una propuesta al GAD Municipal de Latacunga: que se declare a la Hacienda Tilipulo como una zona de uso exclusivo ecológico y recreacional. Esta propuesta va acompañada de cientos de firmas, que se han reunido durante las últimas semanas. Si se logra, y solo entonces, podremos decir que salvamos a Tilipulo.

Gracias al Foro Latacunga por esta propuesta que, seguro, será apoyada por cada uno de los latacungueños de corazón. Y, tenemos fe, que será recogida por el GAD Municipal, en donde se forjarán los instrumentos jurídicos necesarios para ratificar el actual estado de búsqueda e identidad en que nos encontramos.

Luego, habremos de guardar fuerzas para lo que viene. La lucha por la vindicación de lo que nos pertenece no ha terminado. Hoy, como nunca, Latacunga ha renovado votos con el futuro. Hoy, como nunca, la sociedad latacungueña es fuerte y más consciente de sus atribuciones y capacidades. Hoy, como nunca, hemos vuelto a ser dueños de aquello que nos quisieron desheredar.

Las torres de alta tensión no se harán en suelo de nuestro Parque Nacional. De ellos depende el futuro turístico de nuestra ciudad, el pan de nuestros hijos.

Es tiempo de dejarnos oír. No mas miedo: nos están destruyendo la casa. O nos paramos o perecemos.

jueves, 11 de agosto de 2016

Alcantarillado



Trascendió la semana anterior que una mayoría del Concejo de la ciudad negó la posibilidad de aceptar una deuda de 16 millones de dólares con el Banco de Desarrollo, entidad que nos entregaría 31 millones en total, de los cuales 15 son no reembolsables; es decir, nos regalan 15 y pagamos 16. Este dinero tendría como finalidad financiar la primera etapa del plan de alcantarillado para la ciudad.

Pero, siendo un negocio tan bueno, y necesitando tanto esta obra, ¿por qué los Concejales se niegan?

Hay dos teorías. La primera es que algunos ediles se oponen porque el pago de este préstamo obligaría a distraer recursos de las parroquias rurales. Si así fuera, primero debería realizarse una reforma completa al presupuesto de la ciudad, cosa que no podría suceder hasta el próximo año. Además, debemos sincerarnos en algo: de todos modos no hay dinero y el próximo año deberán restringirse muchísimas obras ofrecidas. De otro lado, la obra de alcantarillado es urgente, es emergente; la zona rural tiene obra OFRECIDA, pero la parte urbana tiene obra DE EMERGENCIA, ante este posición, naturalmente la administración debe dejar de lado la obra ofrecida para impulsar la obra urgente, con toda la pena para los barrios a los que se les ofreció su media cuadra de tubería o pavimento o su canchita de fútbol.

Por esto yo creo que el hecho de desviarse fondos de la parte rural es un argumento secundario. Frente a la emergencia, cualquier administrador, incluido un padre de familia, sabe que debe priorizar lo urgente.

Pero la teoría más aceptable es la que detiene la pretensión del Alcalde por su falta de lógica. Resulta que gran parte de esta inversión terminaría en una construcción ubicada a pocos metros del río Cutuchi, lo cual es un absurdo conceptual a partir de que ese río es justamente el que más se afectaría en caso de erupción volcánica. Y, ni siquiera eso, pues hace no muchos años que ese río superó el nivel de varios puentes luego de una lluvia fuerte.

Entonces la posición del Alcalde, cuando dice que los Concejales se oponen al progreso de la ciudad es, definitivamente falaz. La cosa es simple: si queremos alcantarillado, nos urge y si, estamos perfectamente conscientes de la necesidad de endeudarse para ello. Pero nos negamos rotundamente a botar nuestra plata en una obra que se va a llevar la creciente.

En contraparte, el burgomaestre ha dicho que la obra estaría completamente asegurada. Puede ser, pero no es cuestión de asegurar la casa, sino de hacer una casa que no se caiga. Es que la razón no pide fuerza. Aunque la obra esté asegurada, ese seguro cuesta y si llegara a inundarse la obra, el seguro para responder ha de cobrar un deducible, que obviamente paga la ciudad. Y hasta que el seguro responda y se vuelva a construir la obra pasará tiempo suficiente como para que la ciudad pierda más dinero y los ciudadanos pasemos por peripecias arriesgándonos hasta a una potencial crisis sanitaria.

No hay que ser genios: si construyo junto al río se lleva la creciente. Tan sencillo como eso. Es botar la plata.

Seamos objetivos y trabajemos rápido, de lo contrario ese préstamo se va a perder. Es indispensable rehacer el plan de alcantarillado, hacerlo bien y lo mas rápido y barato posible. Pero hacerlo bien, no a lo tonto.

Los ciudadanos, desde el otro lado, debemos informarnos bien, porque los rumores y desinformaciones traen consecuencias. No hay Concejales enemigos de la ciudad, al contrario, quienes se han opuesto lo han hecho pensando en el futuro de nuestra Latacunga.

Pero seguimos necesitando una solución urgente. Y no parece que haya una.

viernes, 29 de julio de 2016

¿Qué mismo?



Nuestro Alcalde va de tumbo en tumbo. Primero que quería hacer el camal en tierras de valor histórico. Entonces muchos actores sociales brincamos por la ridiculez de esta idea y, finalmente, la razón parecía imponerse pues, además de absurdo, resultaría ser antitécnico. A la luz de estas obviedades, el Alcalde Sánchez da la buena noticia: el camal se construirá en tierras de Poaló, con el beneplácito de todos.

Pero la necedad se impone cuando, según se supo hace unos días, el burgomaestre insiste en su intención de atentar contra el patrimonio de los latacungueños.

Sabemos que hasta la fecha no se cuentan con los permisos para el proyecto, y que incluso habría problemas con los estudios que hasta ahora se han realizado, pero por sobre todo eso, la campaña de “socialización” ya arrancó.

¿Se socializa un proyecto que oficialmente no existe, que no cuenta con los permisos necesarios, y que muy pocos latacungueños aprobamos? Yo creo que es tiempo de optimizar los recursos, señor Alcalde. Insistir en la propuesta del camal en Tilipulo representa horas de trabajo y dinero de los contribuyentes invertidos en un capricho inviable e indeseado.

Elegimos administradores para que hagan lo que NOSOTROS queremos, no lo que se les pega la gana. Entiéndase esto de una vez: los barrios de 11 de Noviembre no quieren el camal en Tilipulo, mientras la gente de Poaló agradece la obra; del otro lado estamos frente a todos los Latacungueños que vemos peligrar la histórica hacienda. Si el administrador no hace lo que su gente desea, entonces ya no la representa.

Alcalde Sánchez, usted no me representa más. Si su administración se resume en dar paso a caprichos de grupos interesados, a cambio de algún apoyo político; o, a pelearse con los Concejales que no le dan presupuesto para las deudas de sus incapaces acólitos, o presentar alguna propuesta de ordenanza antitécnica y mal redactada y negar su palabra a vuelta del día, entonces ni siquiera es usted capaz de representar al espíritu del latacungueño.

Mientras todo esto sucede, pareciendo cortina de humo, porque el camal en Tilipulo simplemente no se va a hacer, nos descuidan de otro tema pendiente: el alcantarillado de la ciudad. ¿No lo sabían? Hay dineros pendientes de gestionarse por este tema, algo así como treinta millones de dólares, según los entendidos. Resulta que este capital debe ser recibido e invertido de manera inmediata, pues nuestra situación es notoriamente urgente.

Justo este tema no quiere, el Alcalde, poner en el orden del día de las sesiones del Concejo.

¿No será que “arrepentirse” de hacer el camal en Poaló es una cortinita de humo para entretenernos en un tema estéril, mientras se “coordinan” las cosas para el alcantarillado?

Espero que no sea así. Detestaría verificar que nuestra política local se ha contaminado de prácticas pútridas y deplorables.

Pero nosotros, los latacungueños, hemos crecido, ya no somos los de antes y, sobre todo, los que abrimos los ojos y tomamos interés en la ciudad cada día somos más. Y estamos vigilando.

Mucho cuidado, administradores, que cualquier certeza política es nula estando a puertas de comicios y, al final del día, la historia no perdona y los pueblos -ya no- olvidan. Si no saben cómo administrar mi ciudad, no hagan más ridículo. Renuncien.

viernes, 22 de julio de 2016

Endeudarse para crecer.



A veces, sobre todo cuando se camina por la ciudad en la noche, pareciera que nuestra Latacunga se ha estancado en el tiempo. Es una magnífica sensación, si se da un paseo nocturno por el centro histórico. Pero nada de agradable tiene cuando se siente lo mismo, a plena luz del día y en los barrios todavía urbanos de nuestra ciudad.

Nos falta mucho, y hoy no hay a quién echar la culpa. Los cambios estructurales se hacen con dinero, y cuando hubo no se aprovechó. El presupuesto de nuestra ciudad no es equitativo ni equilibrado. Una ciudad con más de doscientos mil habitantes no puede crecer sin un rubro de varias decenas de millones de dólares.

Tampoco podemos continuar esperanzados en los fondos que nos provienen o nos adeuda el gobierno central, porque el país está quebrado también. Nos urge crear fuentes de financiamiento rápido y barato, no para financiar obra corriente, sino para financiar proyectos productivos que nos garanticen un ingreso estable durante las próximas décadas. Hay que dejar de pensar en los próximos cinco años y empezar a proyectarnos al próximo medio siglo.

Podemos obtener dinero de las multas de tránsito. Ya hemos hablado de eso y estamos claros que en una ciudad tan llena de malcriados y choferes pseudoprofesionales, el adelantar una agencia de tránsito municipal resultará un grandioso negocio. El manejo del agua potable debería ser una empresa que genere ganancias; no muchas, porque siempre está el fin social, pero algo mismo debe dejar de ganancia. SIMTEL, como sostengo hace mucho, debe desaparecer, no solo porque el espacio público debe ser gratuito, sino porque debemos semi-peatonizar varias calles del centro de la ciudad y, además, porque es mucho mejor negocio gestionar empresas de economía mixta entre los actuales dueños de parqueaderos y el municipio, donde el municipio pondría estructura metálica para hacer dos niveles de parqueaderos y la privada se encargaría de administrar el negocio.

Si obtuviéramos crédito barato, no sería mal idea invertir en energía eléctrica eólica (del viento) para vendérsela al sistema interconectado.

Paralelamente a estos negocios, deberemos revisar cómo estamos explotando el mercado turístico, retomar una posesión activa de nuestro volcán Cotopaxi, fomentar el turismo de aventura y, luego de un trabajo de recuperación de la memoria local, organizar recorridos turísticos históricos. Cuando estos negocios florezcan, y solo luego de ello, el Municipio podrá alimentarse de tarifas diferenciadas por uso de suelo y  lugares naturales que hayamos repotenciado con estructura básica, como el Putzalahua y otros atractivos que existen en cada parroquia. El famoso teleférico, olvídenlo, es demasiado costoso e inútil, no generará un centavo.

Otro negocio para la ciudad es la gestión de residuos sólido. Si. La basura da plata, y bastante. Pero más dinero podría permitirnos si invirtiéramos en una plante de incineración, donde dispongamos de desechos hospitalarios, químicos, biológicos e, incluso, podamos incinerar drogas y otras sustancias. Naturalmente, se cobra por estos servicios.

Las tasas que se cobran en la Dirección de Movilidad son antitécnicas y no tienen sentido en muchos casos. Si se reestructura esa dirección, se brinda mejor servicio y se trabaja como se debe, puede ser una mina de oro para la ciudad. Todos lo que tenemos carro debemos pasar por ahí algún día, lo que lo convierte en un monopolio de lucro simple.

¿Ven? En seiscientas palabras proponemos casi media docena de ideas lucrativas para la ciudad. Es cuestión de dejar de buscar la pantalla política y ponerse a administrar como se debe. Los ciudadanos ya sabemos que no va a haber obra, porque no hay plata. Que haya endeudamiento estratégico para inversión rentable, por lo menos.

lunes, 18 de julio de 2016

Prenda el taximetro




Mientras los suizos rechazan la posibilidad de recibir un sueldo de dos mil quinientos dólares sin trabajar, el taxismo latacungueño se emociona por recibir veinte y cinco centavos más por carrera mínima. Definitivamente, somos torpes.

El problema del taxismo no es el dólar que cobran por el servicio mínimo, sino que ya no se sabe de dónde a dónde es un servicio mínimo. Obviamente ya no es la ciudad que podíamos cruzar por un dólar, hemos crecido bastante y es indispensable revisar los costos de la movilidad. Pero esta revisión no se sostiene en el aumento de las tarifas, sino en medidas más modernas y hasta progresivas. Una de estas medidas fue el uso del taxímetro que, además es obligatorio conforme la Ley de Tránsito vigente; otra medida podría ser, por ejemplo, la zonificación de la ciudad.

Para mi, el taxímetro era lo mejor: nadie podía quejarse, pues el valor era justo y conductor y cliente podían estar tranquilos. Pero aquí no, no se nos pegó la gana de prender el aparatito ese. Ni los taxistas lo usaron nunca, por cómodos, ni los ciudadanos lo exigimos, por sapos.

El razonamiento (si puede llamarse así) era sencillo: por un lado, como pasajero, yo se que si prende el taxímetro puede salirme costando unos centavitos más, entonces mejor no lo pido; y, si soy chofer, no lo prendo para ahorrarme tener que explicárselo al pasajero, por simple pereza o para evitar que se me lleve registro de los ingresos.

Lo peor es que hubo quienes, supuestamente en representación de la ciudad, aprobaron tal medida.

Creo que los administradores de turno no se dieron cuenta de lo que hicieron. Ellos, los administradores, que solamente buscan la sonrisa del votante y convierten a su labor en un mercadillo electorero no repararon en calcular los efectos adversos de tal medida. Ellos, los mal llamados políticos, en nada aplican políticas, sino que deciden los destinos de la ciudad en base a sus encuestas de popularidad. Hoy, quisieron caerle bien al gremio del volante, nada más.

Pero no se dan cuenta que acaban de elevar el índice de costes de movilidad de una ciudad entera, que esto transforma a Latacunga en una ciudad más cara para vivir. Elevar el costo del transporte equivale, en la cartera familiar, a elevar el costo de los combustibles. Todo tiene efectos progresivos en la economía. Quien necesita pagar más por cualquier servicio, obviamente cobrará más por lo que él produzca, justamente para poder pagar el nuevo costo del servicio que necesita, y quien adquiera éste último, también elevará sus costos para poder pagarlo. Simple y obvio.

¡Pero si tan solo es cuestión de abrir los ojos y ver los errores del otro! Hace poco nos subieron 2% el IVA, y miren lo que pasó; y nuestros administradores van a elevar 25% el costo de moverse en la ciudad. Adivinen el desenlace.

Lo que debía haberse hecho es controlar y promover el uso del taxímetro, así todos ganaban. Hagan un experimento simple: díganle a su taxista de confianza que prenda el aparato y, lo más seguro es que el taxímetro marque más que lo que pactaron. Yo lo he hecho, y realmente, por tener el aparatito apagado, quien pierde es el chofer. Eso es buena administración: lograr que los administrados respeten y ejecuten la Ley, no ser capariche del incumplimiento de la norma, repartiendo dádivas a unos pocos y cayendo mal a todo el resto.

A eso súmenle la elevación de las contribuciones municipales, que ya trataremos otro lunes. Están convirtiendo a nuestra ciudad en un lugar invivible, inviable, irracional.

Muchos, como yo, no vemos la hora en que esta administración termine.