lunes, 7 de marzo de 2016

Ordenamiento para mejor vivir




Es bueno ver que nuestra ciudad retoma su ambiente normal. Me refiero al clima, por supuesto. Nuestra ciudad es fría, andina. Aún extraño fenómenos que admiraba cuando pequeño, granizadas apocalípticas y tormentas de rayos que ponían en sustos a mi bisabuelita. Falta, porque desde hace mucho no se ve, la neblina cubriendo las calles empedradas y apenas iluminadas por los faroles que cuelgan de algunas paredes y postes del centro.

Es innegable que nuestro clima ha cambiado. Ahora enfrentamos sequías de casi un año seguido y las disputas por el agua están a la orden del día.

Productores campesinos denuncian el bombardeo de las nubes con químicos que estarían impidiendo que llueva. Por su parte, grandes empresas productoras a las que se les imputa tal acto afirman no haberlo hecho y estar igual de preocupados por la situación climática. ¿Es el inicio de verdaderas disputas por el líquido vital?

Regresan a mi memoria los inviernos llenos de “catzos”, que por miles se apegaban a las luminarias de mi casa, correr por potreros sobrecargados de saltamontes y escaparme con los amigos del barrio a capturar sapos y renacuajos. Hoy, eso es imposible. La producción de bienes agrícolas no alimentarios como rosas y claveles a eliminado el hábitat del escarabajo, la sobreoferta inmobiliaria asesinó al saltamontes y la desecación de pantanos acabó con los anfibios.

Y, si le pregunto a mi padre o abuelo, ellos todavía me hablarán de cochas llenas de garzas y digles y patos de páramo; me cuentan de bosques cercanos donde se podía cazar perdices y gallinetas con tan solo una piedra y buena puntería.

Hoy, los humedales de La Cocha han sido desecados, sacrificando miles de animales para beneficio de un par de vacas, y bajo la bandera de la mal llamada “propiedad comunitaria”. Los sectores boscosos de Alaquez, Joseguango y sus cercanías han sido eliminados para dar paso a un urbanismo desordenado, canchas y proyecciones agrícolas. Ni hablar de los ríos y canales de agua que por allí cruzaban, donde íbamos con los primos, en las bicicletas, a refrescarnos; éstos o no existen más o están tan contaminados que a nadie beneficiarán corriente abajo.

La ciudad está creciendo, es verdad. Es necesario que crezca y, sobre todo, es imposible impedirlo. Pero podemos ser más organizados. El gobierno cantonal no hace empeño en reformar el ordenamiento territorial. Creo que hay zonas en las que se puede crecer verticalmente. Latacunga está lista ya para edificios de varios pisos. No podemos seguir soportando estructuras antiestéticas de tres o cuatro pisos, cuando en ese mismo espacio se puede hacer diez y así aliviar la carga que nuestra urbanidad significa para la madre naturaleza.

Es es mediocridad e hipocrecía: escudarse en el riesgo de temblor y el volcán Cotopaxi para impedir construcciones elevadas en la ciudad mientras en Japón que soporta todo embate natural se levantan rascacielos y mientras acá, de todos modos, se autorizan las mismas casonas de cuatro pisos al filo del río.

En papeles existe una supuesta zona industrial, en la realidad tal cosa no existe ni existirá en buen tiempo y los emprendimientos industriales se asientan adonde bien pueden. Eso, los pocos emprendimientos de este tipo que existen, sino es mejor referirse a mecánicas y lubricadoras, para ser más acertado.

Necesitamos un nuevo ordenamiento territorial, pensado en una mejor calidad de vida. Es indispensable replantearse TODA la ciudad, desde la óptica del vecino, del ciudadano. La ciudad necesita tener a las empresas potencialmente contaminantes a relativa distancia, que la zona centro sea protegida y que en ella se potencia la cultura, las artes y el turismo; zonas residenciales diferenciadas para casas, condominios, departamentos y edificios inclusive; veredas amplias, muchas áreas verdes y, lo más urgente, orden y control de tránsito y de construcciones.

Hay que reinventar Latacunga. Para esto se necesita mentes abiertas, gente nueva con ánimo y ganas de ser diferentes, de ser mejores. Se necesita hombres y mujeres sin miedo, creativos y leales.

En otras palabras, hace falta latacungueños. A Latacunga le hace falta latacungueños.

jueves, 18 de febrero de 2016

Células cancerígenas.




Cuando se está acostumbrado a hacer deporte, y por cualquier motivo debe dejar de entrenar por un buen tiempo, uno empieza a sentirse deprimido. Luego decimos que no salimos a entrenar porque estamos deprimidos. La realidad es al revés: estamos deprimidos porque no entrenamos.

La ciudad es igual. Para los filósofos clásicos, el deporte de la ciudad es justamente su administración y gobierno. Entrenar es, bajo el mismo ejemplo, participar activamente del ejercicio de ese gobierno.

¿Entienden ahora por qué nuestra ciudad se siente tan deprimida? Es simple: los ciudadanos, que somos propiamente las células de la ciudad, no estamos gobernando ni participando de la administración. Si las células de los músculos dejan de trabaja, el músculo muere y el deportista se torna deficiente y deprimido. Si los ciudadanos dejamos de participar del gobierno de la ciudad, sus organismos administradores se vuelven vagos y la ciudad también se torna deficiente y deprimida.

Latacunga está enferma de depresión. Los organismos administrativos se han vuelto ociosos y hasta parásitos y los ciudadanos no hacemos nada.

Hablando con propiedad, Latacunga NO tiene gobierno. Esto, claro, visto el gobierno como el acto de dirigir, controlar y administrar. Aquí no se dirige porque no hay un proyecto real que dirigir; no se controla porque no se tiene los pantalones, en unos casos, o no se tiene los recursos y medios adecuados, en otros; y no se administra porque, simplemente, no se tiene idea de cómo hacerlo.

Pero recordemos que los organismos son como los músculos, y que los ciudadanos son como las células. Lo que sucede en Latacunga es rarísimo: las células quieren que los músculos hagan, pero sin que las células participen. ¿Cómo puede el corazón seguir bombeando, si sus células no se comprimen juntas y a ritmo?

Entonces, y como no me canso de decir, la culpa es nuestra. Si a las células no se les da la gana, pues el músculo no se mueve, y punto. Si las células hacen fuerzas todas juntas y con la intensidad suficiente, el músculo se rompe.

Nosotros somos latacungueños, hijos de próceres, filósofos, escritores, independentistas, ideólogos... No hechemos a la basura la herencia de nuestros ancestros. Es tiempo de recuperar nuestra ciudad y hacerlo juntos.

La economía local no se moverá, mientras insistamos en evitar comprarle al vecino o afincar nuestras inversiones aquí. Todos estamos asustados, deprimidos; con nuestros ahorros metidos bajo el colchón esperando que algo maravilloso pase afuera. ¡Nada va a pasar afuera! Nosotros somos amos y señores de todo lo que pasa adentros; y, es aquí adentro donde los cambios deben ser realizados.

Es nuestra obligación inmiscuirnos en la administración local. Si los que delegamos no saben administrar, pues gobernemos nosotros. Hagamos, vecinos, una ciudad boyante con el simple ejercicio de gobernar nuestros cuatro metros cuadrados y, por supuesto, impedir que los músculos se muevan para donde nosotros no queremos.

La marcha contra al delincuencia fue una buena iniciativa. Faltaron células.

Nos tienen divididos. Para buscar implanta el camal en Tilipulo habían hablado con los barrios cercanos, les pintaron mariposas y con su anuencia, el gestor de este proyecto se llena la boca diciendo que “la ciudadanía” está de acuerdo. Dejemos algo claro: tres barrios no son “la ciudadanía”. La hacienda Tilipulo no es de doscientas gentes: pertenece a más de cien mil latacungueños.

Vecino, deje de sentirse solo y deprimido. Usted es una célula, el más importante elemento de la ciudad. Sin usted la ciudad se muere, y porque usted no funciona bien es que Latacunga agoniza.

Las cosas en mi ciudad están mal. Y lo digo de frente. O los latacungueños empezamos a hacer lo que debemos hacer, o nos vamos todos al mismo hueco donde van a parar los enfermos que no se curan.

Decida, vecino: quiere ser latacungueño o quiere ser un cáncer. Hoy es cuando. Mañana es tarde.

viernes, 12 de febrero de 2016

El Anticristo (político)



Hemos pasado las últimas décadas soportando proselitismo político que ha aprovechado y agudizado las diferencias de clases para crear luchas ficticias e innecesarias y, de esas guerras entre pueblo hermano, obtener rédito electoral.

Actualmente todo parece ser un conflicto. Patrono contra trabajadores. Pobres contra ricos. Mujeres contra hombres. GLBTI contra heterosexuales. Consumidores de marihuana contra dogmáticos religiosos. Burócratas contra independientes. Todos contra todos.

Naturalmente, en las guerras nacen los héroes. Pero debemos tener claro que las guerras simuladas traen héroes simulados.

Acuso que, en nuestra sociedad actual, existen todavía falsos arengadores, sembradores de tormentas que se entretienen fabricando problemas inexistentes para, luego, y tras no poco engaño, hacerse aparecer a sí mismos como los únicos salvadores. Mientras tanto, los torpes seguidores se quedan con los problemas que el falso mesías les endilgó (porque obviamente no va a solucionar los problemas, sino deja de ser indispensable) y sin que nadie sepa cómo, resulta que además se le debe favores, gratitudes y hasta honorarios.

Hay que tener cuidado en año electorero. Estas temporadas son cuando los chacales visten de ovejas, los burros usan birrete y los pícaros lucen hábito obispal.

Y, si algo hay en nuestra política local es chacales, burros y pícaros.

Vecinos, cuídense del chacal, porque ese perro no solo come ovejas, sino a sus propios congéneres. De los pícaros huyan, porque esos dejan, nomás, endosando problemas y luego no hay ni cómo encontrarles. Pero más teman a los burros porque, bueno, ya ven cómo nos está yendo.

Nuestra situación -la de Latacunga- es delicada y emergente. No podemos permitirnos el lujo de volver a elegir en base a pasiones o desafectos. Es verdad, esta vez elegiremos asambleistas, pero en estas elecciones es dónde levantarán su perfil los futuros candidatos a supermanes locales. Cuidado, mucho cuidado, y ojo atento.

Hay que estar muy agudos en este año electoral por dos principales motivos: porque tras la masa de alimañas disfrazadas hallaremos a un séquito de zombies anonadados por las ofertas proselitistas (y, como dijo don Facundo, hay que tener miedo de los pendejos); y, sobre todo, porque es bastante posible también que en la mitad de esta fanesca del diablo, se encuentre alguno que realmente valga la pena y que no llegue muy lejos por faltan de apoyo.

Un solo consejo voy a dejar hoy: no se dejen llevar por ofertas ni discursos. Exijan planes reales y factibles, propuestas legislativas y temas fiscalizables específicos. Luego, analicen uno a uno a los candidatos en base a las iniciativas LEGISLATIVAS y de FISCALIZACIÓN (porque solo eso hace la Asamblea, así que cualquier otra oferta es simplemente falsa) y, viendo bien quién miente y quien no -que siempre se delatan solos-, elija su representante.

Estamos en crisis, y estamos muy mal acostumbrados a salir de ellas no por esfuerzo propio sino por gestión de héroes o salvadores. Este es el año en que los anticristos se aprovecharán de nuestras esperanzas y nuestros anhelos.

Solución: no tenga esperanza en un tercero sino en usted mismo y póngase a trabajar; no tenga más anhelo que el de un día bien justificado, llegar a casa cansado por una jornada aprovechada. Aléjese del dogmatismo político, crea en usted y no en el candidato.

viernes, 29 de enero de 2016

Igual de brutos!


Es indispensable darse cuenta que seguimos siendo igual de torpes que hace cuatro o cinco décadas. Nuestra sociedad no ha madurado y continuamos siendo obscenamente ignorantes e incautos en materia de política. Me incluyo, naturalmente.

No se enojen, pero es verdad. La semana anterior, por ejemplo, se suscito un evento que movilizó opiniones a nivel nacional, cual fue la desafiliación de algunos miembros del grupo de gobierno. Quién se fue, a quien sancionaron, si fueron diez o fueron cien y qué efectos tendrá eso en nuestro mapa político local, todo eso trataremos algún otro lunes. Este lunes lo que me preocupa es aún más grave: los latacungueños no fuimos capaces de argumentar un comentario mayor a una frase revanchista. ¡Qué vergüenza!

Revisen las redes sociales. Muy pocos comentarios analizan los motivos de la dimisión, o la factibilidad legal de la sanción que les impusieron a algunos, o a la relación del grupo divisionista con el grupo leal ni sus efectos en el equilibrio de la política. No. La mayoría se quedó en el anuncio grosero y en el vaticinio de un “camisetazo”.

Vecinos, hay que ir más al fondo. Hay que comentar, si, porque es urgente, pero debemos organizar criterios estructurados.

Cosa similar está pasando con el asunto del Camal en Tilipulo. Los que están a favor opinan que “los estudios dicen que si se puede”, pero, ¿ya vieron esos estudios? ¿quién los hizo? ¿existen realmente? Los que están en contra creen que “no se debe perturbar un lugar patrimonial” como la hacienda Tilipulo, pero, ¿qué evento histórico se dio allí? ¿por qué es importante para nuestra identidad? ¿cuál sería la afectación real? ¿que otros proyectos podrían ocupar ese espacio?

Se viene un año fuerte, y no hay rastro de intentar mejorar nuestros conocimientos en política, historia local y, sobre todo, sentido común.

Recuerden, vecinos, que detrás de cada palabra hay una persona, y tras de ella a veces muchas más. En polítiquería no hay amigos ni enemigos sino útiles e inútiles. En nuestra ciudad no hay ni salvadores ni necesitados, solo vagos que no quieren hacer y sabidos que les ofrecen dar haciendo.

Si hay gente positiva, inteligente, trabajadora, sabia y bienintencionada. ¡Claro que hay! Pero están callados, expectantes. Los buenos han preferido quejarse que actuar. Hemos cambiado el hecho por el dicho, y con palabras no nos alcanza para hacer cambios: siga quejándose vecino.

Hoy, la columna es corta, pero la tarea es ardua. Seamos más críticos y menos criticones.

No podemos seguir igual de brutos, calificando las situaciones con tanta ligereza. El Camal, la desafiliación de los mucho o pocos de Alianza Pais, los nuevos basureros que e están importando para la ciudad, el alcantarillado que no llega, la oferta del Teleférico... todo tiene un por qué. Todo es por algo y esas causas son, casi siempre, son mucho más complejas de lo que comprendemos; y, mientras no nos esforcemos en comprenderlas, los que si las entienden y las manejan, seguirán haciendo con nosotros y nuestra ciudad lo que se les viene en gana. ¿No hemos visto suficiente ineficiencia en la administración, como para darnos cuenta que somos pésimos electores?

Decida vecino: sigue igual de bruto o ya va a hacer el papel de dueño de casa.

viernes, 15 de enero de 2016

Cómo potenciar la economía




La pregunta del millón de dólares, el cáliz perdido de los políticos y la respuesta mesiánica que esperamos todos.

Está claro que el año anterior fue recesivo, y este año, según casi todos los analistas, pinta para peor. La esperanza principal de todo un pueblo está afincada en la capacidad (o bondadosa voluntad) de las esferas políticas y en la genialidad de los supermanes de turno. Esto no va a suceder nunca, así de simple.

Iniciemos buscando la respuesta en el análisis delos errores que cometimos. Y empiezo conmigo mismo, pero seguro de que ustedes habrán pecado igual: primero que nada, nos acostumbramos muy fácil a la bonanza. Pasamos los últimos años en medio de un oasis petrolero que nos permitió elevar nuestro ritmo de vida; y, eso hicimos: subimos nuestros gastos mensuales, en lugar de capitalizar proyectos productivos. Los que no teníamos carro, ya tenemos; los que no tenían terreno, ya tienen, y casa, y seguro privado, y los hijos en el extranjero, y cambiamos El Salto por el Supermaxi. Todo tenemos: deudas también.

Entonces lo que debe usted hacer, vecino, para potenciar su economía, es sencillo: cree liquidez, Deshágase de los bienes suntuosos y, más rápidamente venda lo que a futuro pueda perder su valor como, por ejemplo, los autos nuevos. Regrese a un modo de vida más sencillo, más real y, con el dinero líquido que obtenga, apunte a un negocio: EMPRENDA. Todo es bueno, no le haga feos a ningún negocio lícito.

Eso hará usted en su casa, y el administrador deberá hacer lo propio en la casa grande. La ciudad necesita capitales, pero obviamente no tenemos bienes para vender. Necesitamos atraer la inversión y más que ello, permitir los proyectos que la gente presente.

Señores administradores, si no saben cómo generar riqueza, no estorben a quienes quieren hacerlo.

A diario converso con vecinos que se quejan de la imposibilidad de hacer arrancar sus ideas por puras necedades burocráticas. La falta de una organización territorial local flexible pero clara también limita las iniciativas de inversión. La ciudad es políticamente inestable y nadie va a poner un centavo en un lugar que no tiene reglas claras y perennes.

Latacunga debe, urgentemente, modernizar sus ordenanzas de manera tal que toda iniciativa económica tenga flujo sin fricciones. EL Municipio no puede ni debe ser la piedra de tope de los emprendedores. Entre los limitantes más comunes que he escuchado están, por ejemplo: problemas para conseguir permisos de uso de suelo, falta de reglamentos para algunas ordenanzas, organización territorial inflexible y poco o nada consecuente con el crecimiento económico y urbanístico de la ciudad, falta de proyectos de infraestructura básica, excesiva carga impositiva, falta de información general por parte de los organismos locales, inexistencia de datos históricos o estadísticos de la ciudad, poca o nula modernización de los servicios al usuario, entre otros.

Urge una reforma integral, suficiente para llamar la atención del emprendedor. Amigos Concejales, legislar es su función, y francamente no se ha visto mucho hasta ahora. Directores Municipales, (algunitos) dejen de quejarse de la falta de presupuesto y muestren más imaginación. Señor Alcalde, reorganice su equipo de trabajo, porque no está rindiendo como la gente esperaba.

¡Hay que poner la casa en orden!


jueves, 7 de enero de 2016

ANDAMOS CONFUNDIDOS




Confusion: Falta de orden o de claridad cuando hay muchas personas o cosas juntas.

Ese es el problema aquí, todos y todas están en lo mismo, buscando lo mismo y haciendo eso mismo, pero nadie sabe qué mismo.

La política de nuestra ciudad es asquerosamente jocosa. Unos se van bajando de la camioneta, mientras otros tratan de subirse para aprovechar algún resto de poder y gracia. Mientras una sola bandera política exista, los “micropartidos” se forman dentro de ella. Luego, la lucha intestina entre facciones acaba por despedazar al organismo.

Mucho chisme se dice de las relaciones de poder en la ciudad y la provincia. Al final pocas cosas quedan claras y lo más seguro es que el verdadero poderoso sea alguien que ni siquiera ocupa cargo de vitrina. Aquí ya no está claro quién hace qué o quien manda a quien en el sector público. Hay muchas autoridades, y las autoridades administrativas se confunden con las autoridades del partido verde. No es raro ver a administradores locales “pasando revista” a sus sectores de influencia acompañados de dirigentes partidistas y uno o dos aparecidos con atarraya en mano.

Para acabar con un año revoltoso, diciembre tuvo un resumen coloridísimo: el alcalde actual insistiendo en un teleférico millonario, el ex alcalde prometiendo no volver a hacer política luego de que le “descolan” del partido que él mismo dirigía hasta hace poco; el “Gober” nunca pasa desapercibido pues siempre está en el centro de algo, el Prefecto con perfil más bien bajo pero algo ha de estar haciendo; el Concejo de la ciudad dividido entre los que quieren relevo, los que no saben qué quieren y un par que saben que todo está mal pero que no les paran bola.

En esta confusión se forjan alianzas oscuras, se traicionan los amigos de la infancia y se arrejuntan los que normalmente fueran compañeros imposibles.

Pero la confusión es unilateral. Solo nosotros estamos confundidos. En nuestra ciudad hay menos de una docena de personas que tienen bien claro qué es lo que pasa, y ellos son, justamente, los que nos venden la incertidumbre.

Entramos al 2016 con esperanzas, con mucha fe, pero sobre todo con mucha ignorancia. Terminamos el 2015, básicamente, sin información de la gestión administrativa de nuestros elegidos de turno, con presupuestos ajustados, con promesas baldías y sin un ápice de control sobre nuestra ciudad.

Para terminar con esta confusión, haremos unas pocas recomendaciones simples:

Primero que nada usted, vecino, tiene que leer más y ser más crítico. Le están metiendo gato por liebre y nada dice... hasta aplaude. Luego de que usted reaccione, los falsos administradores no podrán hacer mucho y, muertos de aburrimiento, se irán nomás.

A aquel que quiera gobernar esta ciudad le hará falta cambiar a muchos directores y jefes de mandos medios que, a fuerza de carecer de ideas, hacen poco y lo hacen mal. En los mandos medios se necesita adultos jóvenes. Pero no esos pobres recién graduados con caritas de asustados que quieren asesorar negocios públicos con una mano en el Play Station. Necesitamos gente con ideas radicales, si; pero también con experiencia en el negocio privado. Necesitamos a ese individuo logrado por sus propios medios que quiera aportar a la comunidad con su sapiencia pero que mantenga la mente suficientemente abierta para no creerse dueño de la razón.

Vea vecino, no se confunda. Las cosas de la ciudad no son difíciles de entender cuando se les pone atención.

Vea, administrador de turno, no se confunda. Si sus mandos medios son mediocres y mitómanos, ¡cámbielos!. No se acobarde. A la final ¿quién es el jefe aquí?

lunes, 4 de enero de 2016

Compromiso de año nuevo.



Primer lunes del año. Es un día casi sagrado: el primer día de la primera semana del primer mes de un año que arranca. Es importante, casi mágico.

Este día, espero, hayan iniciado sus actividades temprano. Este año habrán de venir muchos cambios, ¡que nos nos cojan dormidos!

Iniciemos bien, con buenas noticias y buenos proyectos. Lo ideal es dejar de lado las malas venturas del 2015, pero sin olvidar las experiencias que dejaron. Retomemos nuestras labores con buen ánimo y muy pendientes de las iniciativas de nuestros vecinos.

Mientras la mayoría de nosotros acabamos el año anterior quejándonos de la poco próspera situación económica, muchos otros salieron de la queja y se dedicaron a mejorar sus negocios y obtener mejores situaciones para sus inversiones. Entre los boyantes están varios restaurantes que han modificado su manera de atender para poder vender más. En nuestra provincia, orgullosamente, hay al rededor de una docena de negocios con certificación de calidad internacional ganada este año. Podrían haber sido más.

Hay algunos que no han sabido sobrellevar el bajón de una manera digna. Especialmente en el área de servicios, se ha visto que algunos de los profesionales han reducido sus honorarios a rangos ridículos y desleales, con el efecto consecuente de realizar un mal trabajo y generar mayor incertidumbre además de afectar a sus colegas. El comercio decayó, obviamente, pero si hubo en el 2015 algunos comerciantes que hicieron crecer sus negocios, cambiaron de proveedores, organizaron promociones, redujeron un poco su margen de ganancia o entendieron, por fin, que un buen servicio si produce rédito.

En las crisis se miden los valientes. Latacunga no ha sucumbido y eso debería decirnos mucho.

Ahora, empecemos bien. Dejemos de lado las malas mañas. Seamos positivos.

Este lunes, muchos de nosotros iremos a ocupar nuestros puestos de trabajo, casi igual que siempre, a menos que reaccionemos y nos demos cuenta que ese puesto de trabajo es importante. Nuestra labor diaria es grandiosa porque le cambia el día a alguien más, genera un progreso en nuestra sociedad y, finalmente, alimenta a nuestros hijos y paga sus estudios. Este lunes vayamos al lugar de siempre, a hacer la labor de siempre, pero con una actitud nueva.

Quienes no dependen de otros para trabajar, aquellos que realmente producen han de empezar este lunes más temprano que nadie. Es nuestra obligación mantener esta sociedad andando. Nuestra economía de la última década se ha basado en el dinero público; hoy, que no hay y parece que no va a haber en todo el año, es nuestra responsabilidad mantener un mínimo de equilibrio. Los emprendedores, los inversionistas, los arriesgados, los valientes, todos estos héroes de nuestra economía deberán redoblar esfuerzos. En nuestra Latacunga hay muchos de ellos, afortunadamente.

Es momento de volver a una economía más solidaria, más casera. Es importante que volvamos a hacer compras en los mercados tradicionales, que nuestros insumos diarios sean adquiridos en la tienda del barrio y que contemos siempre con profesionales de la localidad. Hay que dinamizar la economía doméstica. Debemos volver a confiar en el otro, dejar de especular, ser más leales, más vecinos.

Este año que viene, con las transformaciones que se vienen, si somos inteligentes, deberemos volver a la economía del barrio; y para que esto tenga éxito, es imperativo que el barrio se conozca. Se sorprenderán al encontrar, en su barrio, a muchos mediano y pequeños empresarios que, siendo conocidos en otros lugares, pasaban desapercibidos en su propia calle.
Regresemos a lo nuestro. Volvamos a ser la ciudad familiar que siempre fuimos. Retomemos nuestras buenas costumbres y enseñemos a los otros cómo se vive “a lo Latacungueño”. Bienvenidos al reto de año nuevo: reconstruir Latacunga, desde cada uno de nosotros.