viernes, 15 de enero de 2016

Cómo potenciar la economía




La pregunta del millón de dólares, el cáliz perdido de los políticos y la respuesta mesiánica que esperamos todos.

Está claro que el año anterior fue recesivo, y este año, según casi todos los analistas, pinta para peor. La esperanza principal de todo un pueblo está afincada en la capacidad (o bondadosa voluntad) de las esferas políticas y en la genialidad de los supermanes de turno. Esto no va a suceder nunca, así de simple.

Iniciemos buscando la respuesta en el análisis delos errores que cometimos. Y empiezo conmigo mismo, pero seguro de que ustedes habrán pecado igual: primero que nada, nos acostumbramos muy fácil a la bonanza. Pasamos los últimos años en medio de un oasis petrolero que nos permitió elevar nuestro ritmo de vida; y, eso hicimos: subimos nuestros gastos mensuales, en lugar de capitalizar proyectos productivos. Los que no teníamos carro, ya tenemos; los que no tenían terreno, ya tienen, y casa, y seguro privado, y los hijos en el extranjero, y cambiamos El Salto por el Supermaxi. Todo tenemos: deudas también.

Entonces lo que debe usted hacer, vecino, para potenciar su economía, es sencillo: cree liquidez, Deshágase de los bienes suntuosos y, más rápidamente venda lo que a futuro pueda perder su valor como, por ejemplo, los autos nuevos. Regrese a un modo de vida más sencillo, más real y, con el dinero líquido que obtenga, apunte a un negocio: EMPRENDA. Todo es bueno, no le haga feos a ningún negocio lícito.

Eso hará usted en su casa, y el administrador deberá hacer lo propio en la casa grande. La ciudad necesita capitales, pero obviamente no tenemos bienes para vender. Necesitamos atraer la inversión y más que ello, permitir los proyectos que la gente presente.

Señores administradores, si no saben cómo generar riqueza, no estorben a quienes quieren hacerlo.

A diario converso con vecinos que se quejan de la imposibilidad de hacer arrancar sus ideas por puras necedades burocráticas. La falta de una organización territorial local flexible pero clara también limita las iniciativas de inversión. La ciudad es políticamente inestable y nadie va a poner un centavo en un lugar que no tiene reglas claras y perennes.

Latacunga debe, urgentemente, modernizar sus ordenanzas de manera tal que toda iniciativa económica tenga flujo sin fricciones. EL Municipio no puede ni debe ser la piedra de tope de los emprendedores. Entre los limitantes más comunes que he escuchado están, por ejemplo: problemas para conseguir permisos de uso de suelo, falta de reglamentos para algunas ordenanzas, organización territorial inflexible y poco o nada consecuente con el crecimiento económico y urbanístico de la ciudad, falta de proyectos de infraestructura básica, excesiva carga impositiva, falta de información general por parte de los organismos locales, inexistencia de datos históricos o estadísticos de la ciudad, poca o nula modernización de los servicios al usuario, entre otros.

Urge una reforma integral, suficiente para llamar la atención del emprendedor. Amigos Concejales, legislar es su función, y francamente no se ha visto mucho hasta ahora. Directores Municipales, (algunitos) dejen de quejarse de la falta de presupuesto y muestren más imaginación. Señor Alcalde, reorganice su equipo de trabajo, porque no está rindiendo como la gente esperaba.

¡Hay que poner la casa en orden!


jueves, 7 de enero de 2016

ANDAMOS CONFUNDIDOS




Confusion: Falta de orden o de claridad cuando hay muchas personas o cosas juntas.

Ese es el problema aquí, todos y todas están en lo mismo, buscando lo mismo y haciendo eso mismo, pero nadie sabe qué mismo.

La política de nuestra ciudad es asquerosamente jocosa. Unos se van bajando de la camioneta, mientras otros tratan de subirse para aprovechar algún resto de poder y gracia. Mientras una sola bandera política exista, los “micropartidos” se forman dentro de ella. Luego, la lucha intestina entre facciones acaba por despedazar al organismo.

Mucho chisme se dice de las relaciones de poder en la ciudad y la provincia. Al final pocas cosas quedan claras y lo más seguro es que el verdadero poderoso sea alguien que ni siquiera ocupa cargo de vitrina. Aquí ya no está claro quién hace qué o quien manda a quien en el sector público. Hay muchas autoridades, y las autoridades administrativas se confunden con las autoridades del partido verde. No es raro ver a administradores locales “pasando revista” a sus sectores de influencia acompañados de dirigentes partidistas y uno o dos aparecidos con atarraya en mano.

Para acabar con un año revoltoso, diciembre tuvo un resumen coloridísimo: el alcalde actual insistiendo en un teleférico millonario, el ex alcalde prometiendo no volver a hacer política luego de que le “descolan” del partido que él mismo dirigía hasta hace poco; el “Gober” nunca pasa desapercibido pues siempre está en el centro de algo, el Prefecto con perfil más bien bajo pero algo ha de estar haciendo; el Concejo de la ciudad dividido entre los que quieren relevo, los que no saben qué quieren y un par que saben que todo está mal pero que no les paran bola.

En esta confusión se forjan alianzas oscuras, se traicionan los amigos de la infancia y se arrejuntan los que normalmente fueran compañeros imposibles.

Pero la confusión es unilateral. Solo nosotros estamos confundidos. En nuestra ciudad hay menos de una docena de personas que tienen bien claro qué es lo que pasa, y ellos son, justamente, los que nos venden la incertidumbre.

Entramos al 2016 con esperanzas, con mucha fe, pero sobre todo con mucha ignorancia. Terminamos el 2015, básicamente, sin información de la gestión administrativa de nuestros elegidos de turno, con presupuestos ajustados, con promesas baldías y sin un ápice de control sobre nuestra ciudad.

Para terminar con esta confusión, haremos unas pocas recomendaciones simples:

Primero que nada usted, vecino, tiene que leer más y ser más crítico. Le están metiendo gato por liebre y nada dice... hasta aplaude. Luego de que usted reaccione, los falsos administradores no podrán hacer mucho y, muertos de aburrimiento, se irán nomás.

A aquel que quiera gobernar esta ciudad le hará falta cambiar a muchos directores y jefes de mandos medios que, a fuerza de carecer de ideas, hacen poco y lo hacen mal. En los mandos medios se necesita adultos jóvenes. Pero no esos pobres recién graduados con caritas de asustados que quieren asesorar negocios públicos con una mano en el Play Station. Necesitamos gente con ideas radicales, si; pero también con experiencia en el negocio privado. Necesitamos a ese individuo logrado por sus propios medios que quiera aportar a la comunidad con su sapiencia pero que mantenga la mente suficientemente abierta para no creerse dueño de la razón.

Vea vecino, no se confunda. Las cosas de la ciudad no son difíciles de entender cuando se les pone atención.

Vea, administrador de turno, no se confunda. Si sus mandos medios son mediocres y mitómanos, ¡cámbielos!. No se acobarde. A la final ¿quién es el jefe aquí?

lunes, 4 de enero de 2016

Compromiso de año nuevo.



Primer lunes del año. Es un día casi sagrado: el primer día de la primera semana del primer mes de un año que arranca. Es importante, casi mágico.

Este día, espero, hayan iniciado sus actividades temprano. Este año habrán de venir muchos cambios, ¡que nos nos cojan dormidos!

Iniciemos bien, con buenas noticias y buenos proyectos. Lo ideal es dejar de lado las malas venturas del 2015, pero sin olvidar las experiencias que dejaron. Retomemos nuestras labores con buen ánimo y muy pendientes de las iniciativas de nuestros vecinos.

Mientras la mayoría de nosotros acabamos el año anterior quejándonos de la poco próspera situación económica, muchos otros salieron de la queja y se dedicaron a mejorar sus negocios y obtener mejores situaciones para sus inversiones. Entre los boyantes están varios restaurantes que han modificado su manera de atender para poder vender más. En nuestra provincia, orgullosamente, hay al rededor de una docena de negocios con certificación de calidad internacional ganada este año. Podrían haber sido más.

Hay algunos que no han sabido sobrellevar el bajón de una manera digna. Especialmente en el área de servicios, se ha visto que algunos de los profesionales han reducido sus honorarios a rangos ridículos y desleales, con el efecto consecuente de realizar un mal trabajo y generar mayor incertidumbre además de afectar a sus colegas. El comercio decayó, obviamente, pero si hubo en el 2015 algunos comerciantes que hicieron crecer sus negocios, cambiaron de proveedores, organizaron promociones, redujeron un poco su margen de ganancia o entendieron, por fin, que un buen servicio si produce rédito.

En las crisis se miden los valientes. Latacunga no ha sucumbido y eso debería decirnos mucho.

Ahora, empecemos bien. Dejemos de lado las malas mañas. Seamos positivos.

Este lunes, muchos de nosotros iremos a ocupar nuestros puestos de trabajo, casi igual que siempre, a menos que reaccionemos y nos demos cuenta que ese puesto de trabajo es importante. Nuestra labor diaria es grandiosa porque le cambia el día a alguien más, genera un progreso en nuestra sociedad y, finalmente, alimenta a nuestros hijos y paga sus estudios. Este lunes vayamos al lugar de siempre, a hacer la labor de siempre, pero con una actitud nueva.

Quienes no dependen de otros para trabajar, aquellos que realmente producen han de empezar este lunes más temprano que nadie. Es nuestra obligación mantener esta sociedad andando. Nuestra economía de la última década se ha basado en el dinero público; hoy, que no hay y parece que no va a haber en todo el año, es nuestra responsabilidad mantener un mínimo de equilibrio. Los emprendedores, los inversionistas, los arriesgados, los valientes, todos estos héroes de nuestra economía deberán redoblar esfuerzos. En nuestra Latacunga hay muchos de ellos, afortunadamente.

Es momento de volver a una economía más solidaria, más casera. Es importante que volvamos a hacer compras en los mercados tradicionales, que nuestros insumos diarios sean adquiridos en la tienda del barrio y que contemos siempre con profesionales de la localidad. Hay que dinamizar la economía doméstica. Debemos volver a confiar en el otro, dejar de especular, ser más leales, más vecinos.

Este año que viene, con las transformaciones que se vienen, si somos inteligentes, deberemos volver a la economía del barrio; y para que esto tenga éxito, es imperativo que el barrio se conozca. Se sorprenderán al encontrar, en su barrio, a muchos mediano y pequeños empresarios que, siendo conocidos en otros lugares, pasaban desapercibidos en su propia calle.
Regresemos a lo nuestro. Volvamos a ser la ciudad familiar que siempre fuimos. Retomemos nuestras buenas costumbres y enseñemos a los otros cómo se vive “a lo Latacungueño”. Bienvenidos al reto de año nuevo: reconstruir Latacunga, desde cada uno de nosotros.

lunes, 16 de noviembre de 2015

Vacas flacas




No son tiempos de bonanza, y eso es clarísimo e irrefutable. Podemos culpar a quien sea, que a la final cada uno de nosotros tiene algo de esa culpa. Y no hablo del país: hablo de su casa, vecino.

La economía, como las personas y como todo lo que existe entre el cielo y el suelo, tiene mareas. A veces estamos arriba, y otras abajo. Todas estas mareas son rítmicas, no son “porque si” ni aparecen aleatoriamente. El ritmo de la economía mundial es igual al ritmo de nuestras propias expectativas personales. Cuando se necesita no se tiene, y cuando se tiene no necesariamente se adquiere lo que se necesita.

A la famosa “crisis mundial”, que no es crisis sino para unos cuantos porque los otros siguen lucrando, hay que sumarle nuestra realidad continental: latinoamérica nunca cuajó su proceso de unificación y los problemas entre Estados siguen hoy más patentes que hace seis décadas. Mientras cinco supuestos izquierdistas tratan de forzar la idea de una sólida unidad regional (haciendo malabares para sostener sus gobiernos), tres supuestos derechistas mantienen economías medianamente más sólidas, pero a un significativo costo social.

Mire, la cosa de la izquierda y la derecha es sencilla: la derecha prefiere la producción, y entiende que cada hombre debe ser lo suficientemente capaz de producir acorde a sus fortalezas e inteligencia; la izquierda en cambio propugna repartir la plata lo más equitativamente posible entre los menos favorecidos. Y los errores de la izquierda y la derecha también son sencillos: la derecha se reserva el derecho de elegir quién es más fuerte e inteligente, lo cual es claramente presuntuoso e ilegítimo, y; la izquierda es feliz repartiendo plata, pero no sabe cómo generarla. Corrupción hay en ambos extremos, desde luego.

Como decían mis antiguos: “lindo repartir plata ajena”. Esa es la izquierda de hoy. Pero cuando la plata se acaba, ¿qué harán los izquierdosos?. Impuestos, porque de producir el que sabe es el capitalista.

Por eso las mareas también son aplicables en la economía, como en el gobierno de los países que pretendan progresar. Me explico: el capitalista debe generar plata, para que el socialista la reparta.

Este “socialismo” (término que discutiremos algún otro lunes), tuvo la enorme ventaja de encontrarse con un mercado petrolero que pagaba lo que pedíamos y esa plata se distribuyó (de formas y en montos que no son posibles discutir sin que me demanden) en obras supuestamente de beneficio social. Listo, han cumplido. Gracias, ya tenemos carreteras.

Le toca al capitalismo. Y esto no lo digo porque sea yo derechista ¡que no lo soy!, sino porque es cuestión de mareas, de ciclos, de ritmos. Es natural, simplemente.

Me gustó mucho la primera gestión de Correa, y ya dije que no soy correista -ni tampoco anticorreista-. Ese ciclo debía ser seguido de otro diferente, de explotación productiva pura para que, ahora, retorne otro Correa (o el mismo, incluso) a enfrentar la crisis con un mayor sentido social que lo haría el derechoso, pero, obviamente, con la plata que este capitalista haya podido generar en su período. La lógica es facilita: en un período produzco, y en otro reparto.

Esta explicación es la más simple que me he dado a mi mismo para decidir no apoyar mandatos extensos. Trate de hacer lo mismo. El argumento de que “me cae mal” o “es prepotente” o “mucho habla”, no es un argumento técnico ni lógico. Hay que madurar políticamente, creo yo.

En definitiva, para mi, mientras sigamos pensando en Izquierda vs. Derecha y los sigamos viendo como antagónicos y seamos incapaces de crear un modelo político PROPIO, fuera de moldes comunistas o imperialistas o socialistas o capitalistas, sino un modelo de pura ADMINISTRACIÓN, bajo parámetros técnicos basados en eficiencia y eficacia, mientras no seamos capaces de dejar de lado animosidades en lugar de concentrarnos en lo que a todos nos hace falta y en fijar una meta común, mientras sigamos pensando en minorías y grupos “vulnerables”, mientras no seamos libres de los prejuicios políticos y económicos que nos vienen implantando desde hace dos siglos o más, mientras no evolucionemos, cualquier intento de un Estado organizado será fallido y seguiremos obteniendo intentos autocráticos en lugar de administraciones técnicas. No saldremos de las vacas flacas.

Lo mismo aplica para el continente, para el país y para su casa, vecino. Y de la ciudad no hablo porque acá se juegan otros intereses y otros egoismos. En buena hora que se me acabó el espacio.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Miedo, cheque, miedo.



Soy abogado. Mi profesión me exige vivir del trámite y la gestión. Y estoy harto.

Una gran parte de asalariados públicos, por abstenerme de decir casi todos, viven recluídos en sus oficinas, cubículos o lo que les toque, casi totalmente ajenos al mundo que les rodea. Viven un mundo irreal que no se compadece con la verdad de la vida en el Ecuador “de afuera”. Algunitos, llegados a sus cargos por obra y gracia de la ley de la carambola y totalmente desconocedores de lo básico que demanda dicho cargo. Deficientes. Inútiles.

Me gustaría hablar de los supermanes de turno, esos de las altas esferas, que también viven con miedo. Pero no, hoy no. Hoy hablemos de los que realmente hacen el trabajo: los misionales, los de contrato.

Esos, los de contrato, son mis amigos y por eso saben que estas líneas no son para reclamarles (bueno, a algunitos si), sino para poder hacer pública su situación, para que los vecinos y todos los que estamos “afuera” nos condolamos de la otra realidad: la de “adentro”. “Adentro” también es grave, no se crean.

Verán vecinos, si “afuera” está feo porque no hay plata y nos estamos comiendo las joyas de la abuelita, “adentro”, aunque sueldito pueda haber, no se sabe por cuánto tiempo ni con qué sacrificios. Mire, resulta que ya (casi) no hay funcionarios de carrera, la mayor parte son contratos de a unos meses. Entonces, si no se “portan bien”, pues no hay renovación de contrato. Así de fácil. Ya no trabajan por un objetivo, no ejercen sus labores con el fin supremo de brindar un servicio, sino que deben hacer lo que se les manda, a cambio de otro contratito que garantice el pan de sus hijos un par de meses más.

No son “borregos” como se les ha llamado de mala manera: son esclavos. Es verdad, ganan un sueldo, pero su esclavitud radica en su imposibilidad de pensar, de decidir, de oponerse, de razonar. Viven con miedo, no trabajan por resultados felices de servicio y bienestar, sino que cumplen “metas” lo suficientemente bien como para no ser amonestados, y tampoco demasiado bien como para incomodar a algún superior. Muchos dedican sus horas a torear responsabilidades, aterrorizados con la sola idea de un error. Mientras, los de “afuera” esperamos su gestión. Y seguimos esperando.

Me queda el gusto enorme de conocer algunos latacungueños que, honor a su procedencia de ciudad hidalga, se han opuesto a doblegar su personal criterio aún a riesgo de perder el pan de sus hijos, sus carreras, y hasta su imagen pública, merced de falaces acusaciones que los empoderados harán sobre ellos.

Así es como funcionan algunos lugares: Témeme para pagarte, y luego de pagarte sigue temiendo que no te vuelva a pagar. Muchos héroes (porque ahora el honesto es héroe) se han opuesto al círculo tétrico del “miedo-cheque-miedo”. Y a ellos se le persigue: son tóxicos, atentatorios al status quo; peligrosos, en todo caso.

Estén atentos, vecinos, que muchos latacungueños ya han demostrado su carácter frente a los abusivos y se verán pronto atacados por la enorme maquinaria creada para desacreditar a los más nobles. Es el trabajo ruin propio del usurpador: ensuciar al honesto.

Esperemos que no suceda lo que se ve venir, pero esperemos con mayor fervor que, si sucede, los mashcas nos encontremos juntos.

miércoles, 21 de octubre de 2015

NO DAN NADA




Me gusta mi ciudad, y me gusta también sus tratos coloquiales. Si es frío está chachay; si caliente, rrarray; si feo, tatay. Cuando golpean la puerta y no queremos atender, decimos “ya no hay trago”; y si nos tenemos que ir, reclamamos que “no dan nada”.

Hablamos simpático los latacungueños. Pero más allá de lo “alhaja”que suenan nuestras expresiones diarias, su uso nos da identidad: nos vuelve más latacungueños.

Pero todas estas palabras encierran un significado propio y profundo. La mayor parte son quichuismos remedados y heredados de los obrajes y batanes que existieron en la ciudad. Otros son frases determinantes, que se dicen casi sin decir, pero cuyo valor es extraordinario cuando se los analiza,.

Me voy, porque no dan nada. Te dejo, porque eres ingrato. Me largo, porque eres mal anfitrión.

Chuta! Qué fuerte es esto. Y parece que no decimos mucho. Pero la realidad no permite que la frase sea falsa. Como aquí no dan nada, vamos décadas migrando para poder obtener un trabajo. Los inversionistas no vienen ni pagados y, los que había, poco a poco están saliendo a lugares donde si dan, y mucho.

¿Cómo esperamos atraer al foráneo, si ni siquiera encontramos motivo para quedarnos nosotros mismos?

Bueno, ya no quiero decir mucho de los supermanes y elegidos del pueblo, quienes no dan nada, pero porque, mismo-mismo no dan. Léase en idioma latacungueño: esos manes NO DAN. Dejémosles descansar esta semanita.

Hoy me pego con usted, vecino. ¡Es que usted tampoco da nada! No atiende bien, no sonríe, no tiene paciencia con los gringuitos. Está espantando el cliente pues, vecino. Y luego se queja de no andar bien su negocio.

Los latacungueños nos hemos acostumbrado a dar poco, o nada. Estamos atados a la Ley del menor esfuerzo. Prueba de ello, lo que siempre digo: la juventud secuestrada por el aparataje público, porque les da pereza crear. Los mayores, aunque aún útiles, buscan jubilarse lo antes posible. Las mujeres, en algunos y no pocos casos, confían más en su apariencia que en su capacidad intelectual y los que alcanzan a un cargo de los llamados “de poder” se contentan con mantener el status quo en lugar de motivar un cambio real, una evolución en la sociedad.

Claro, es más fácil un sueldo cada 30 y una pensión miserable que el riesgo de invertir, de trabajar sin horarios, de crear. Le tenemos miedo, pánico al más pequeñito error. ¡Diosito nos libre de fracasar! Y si, tengo una habilidad diferente, el miedo es que a los otros no les guste. Así hemos perdido a valiosos artistas, matemáticos, físicos, deportistas y creativos del mas alto nivel, que fueron a ser ellos mismos en otro lado, porque aquí se sentían obligados a ser simplemente standard.

Y, si nos quedamos y nos va bien, tiene que ser porque andamos con los narcos o cualquier cosa parecida. Pero un vecino nuestro nunca aceptará que uno sea capaz de crecer lícitamente.

Nos falta mucha humildad; pero, sobre todo, nos falta solidaridad.

Vea, vecino, la cosa es simple, si usted no da nada, yo me voy. Y si yo no doy nada, pues usted está en su justo derecho de retirarse.

Empiece a dar, empiece a ceder, a ofrecer, a regalar. ¡Acaso que le estoy pidiendo plata! Una sonrisa, un buen gesto, un “Buenos días”, una horita más de trabajo, un poquito más de limpieza en su local, una canción, un caramelito o un comentario positivo.

Al menos a mi, si me da un comentario, le voy a agradecer bastante. Aunque sea “guambra mudo” dígame, pero no se quede callado.

¡No se quede quieto, vecino, que el agua quieta se pudre!


jueves, 15 de octubre de 2015

Crear clientes, no solo ventas




La semana pasada necesitaba realizar una compra urgente de un artículo especial que lamentablemente una vendedora quedó muy mal. Una de mis opciones para encontrar aquel producto fue el Centro Comercial Popular el Salto. La conclusión que tuve en aquel lugar la hago sin el afán de herir susceptibilidades sino con el propósito de dar una real y objetiva descripción de mi experiencia y con la posibilidad que se tomen acciones al respecto.
Para cuando llegamos a aquel lugar, con el afán de ahorrar tiempo, mi hermano y yo nos separamos para recorrer por cada uno de los locales que consideramos que podrían tener aquella prenda. En uno de los primeros locales que visité, la dueña estaba tan concentrada en la telenovela que no se inmutó cuando le pregunté si disponía lo que necesitaba, se limitó a mover la cabeza de forma negativa para continuar viendo su programa. En otra de las tiendas el vendedor no fue capaz de saludar, estaba tan concentrado conversando con uno de sus amigos que seguramente le resultó más importante enterarse de las novedades en lugar de atender. En el recorrido por los varios pisos del centro comercial, las circunstancias fueron muy parecidas; en la gran mayoría de locales los vendedores se limitaban a responder en un tono apático y hasta grosero.
No puedo decir que este tipo de escenario lo vi en todos los locales, pues hubieron vendedores que fueron muy amables, atentos, prestos a atender e incluso recomendaban las tiendas de sus compañeros para poder ayudar. Al principio, supuse que había sido solo idea mía pero al encontrarme con mi hermano y compartirle mi punto de vista, coincidió que había tenido una experiencia bastante similar. Desgraciadamente la gran mayoría de vendedores habían mostrado una actitud esquiva y hasta quemimportista.
Dicen que un cliente bien atendido puede ser más valioso que invertir en una gran cantidad de dinero en publicidad. Aplicando entonces esta frase al Centro Comercial Popular el Salto, me atrevería a decir que existen detalles muy importantes a considerar. Si bien es cierto los productos son determinantes, la atención al cliente es de vital importancia para la continuidad de un negocio. En el caso puntual de aquellos vendedores que prestaron más atención a la televisión, a las conversaciones o que simplemente no les dio la gana de atender de la una forma amigable, ¿cómo pueden esperar que sus negocios prosperen? Se quejan que sus negocios han bajado, que el comercio informal, que el Cotopaxi, que la crisis del país y muchas otras razones más, sin embargo gran parte de responsabilidad está en su actitud; más aun cuando sus potenciales clientes están siendo mejor atendidos por los comerciantes informales: una cruda realidad.
Vuelvo y repito mi intención no es crear controversia ni mucho menos ofender, mi mensaje es que si bien es cierto la gran mayoría de negocios han sido afectados negativamente por diversos motivos, existe mayor responsabilidad para cuidar a los usuarios y brindarles una mejor atención. Ya que si no se cuida a aquellos clientes, de seguro alguien más lo hará.

Editorial por: María José Rodriguez 
latacunani@gmail.com