martes, 12 de julio de 2022

¿Quiénes somos?

 


 

Luego del paro, y comprometidos todos a volver a poner en marcha nuestro país, no podríamos hacerlo bien sin antes saber quiénes somos y cómo llegamos a la situación en la que estamos. Desde ahí, deberemos entender que hay cosas muy arraigadas en nosotros que pueden ser simplemente mentira, y que tenemos que cambiarlas. Si no, no podremos avanzar.

Al día de hoy, nuestra sociedad actúa en base a emociones y no en base a la razón. Además, durante décadas nos han metido ideas en la cabeza que no necesariamente son verdaderas y que fueron inventos de engatusadores de turno.

Una gran mentira es la de los 500 años de lucha y resistencia indígena. De hecho, son muchos años más lo que nuestros pueblos originarios llevan resistiendo. En lo que hoy es Ecuador, en las primeras etapas de las que se tiene alguna investigación, parece, que existían los denominados Cacicazgos, lo que básicamente eran grupos de población organizados bajo el dominio de un Cacique y que, aparentemente, dominaba en base a la represión, la violencia y la esclavitud. En un momento posterior llega la colonización, pero no de España, sino del imperio Inca. Este imperio, como cualquier otro imperio, se expandió y dominó por las armas y la violencia. Así, el famoso Tahuantinsuyo no fue ni puede seguir siendo un sueño ideal de unidad andina, sino que se trataría de un imperio despótico, opresor, genocida y esclavista.

Para cuando llegan los españoles, en la América Andina no habían pueblos originarios establecidos (excepto unos pocos en la sierra y en la costa y los del oriente) sino nacionalidades sin territorio esclavizadas bajo el yugo del Inca. Así siendo, España no llega a subyugar, sino que desplaza al gobierno imperial incásico (obvio, por la fuerza) y hereda las estructuras de explotación que ya estaban instaladas en América. El imperio español no subyugó a los pueblos nativos, porque éstos ya estaban subyugados. Obvio, tampoco es que les hayan dado libertad.

La independencia nacional, donde nos liberamos del imperio español, fue canalizada a través de los criollos. Es decir, los mismos hijos de españoles nacidos en América que se cansaron de la explotación económica del Rey de España. Pero nos olvidamos que una gran cantidad de próceres eran, de hecho, indígenas. Obviamente, a ellos también les convenía acabar con el sistema imperialista y negociar en mejores términos el nacimiento de una nueva república. Así que la independencia del Ecuador se forjó con intereses, sangre, sudor y lágrimas de indígenas y criollos por igual.

Hasta aquí, indios y criollos están empates. Nadie debe nada a nadie, porque juntos creamos esta República.

Lo que si pasó es que, advenida la independencia, dejamos de conversar entre nosotros. Los criollos se dedicaron a la producción, porque su interés siempre fue económico y, parece, que entre los indígenas, en lugar de rehacer sus estructuras sociales, simplemente revivieron a los Caciques, lo que significó retrasar su evolución social.

Llegamos al día de hoy con diferencias ridículas. El mestizo quiere avanzar dentro del mundo actual, bajo parámetros de producción y libertad. Muchos indígenas siguen amancebados en la idea de un imperio, al que ahora quieren llamar “Comunismo Andino”. Esto, básicamente significa la reconstrucción del Tahuantinsuyo como imperio y al Rey Inca como único poder totalitario, disfrazado en la figura de un presidente o líder regional.

Tan arraigada sigue la idea del Cacique, que es bien conocido que una gran cantidad de hermanos indígenas siguen actuando “porque el dirigente ordena” y sin la más mínima razonabilidad sobre sus actos. Las modernas estructuras “de clase” que dominan el sector indígena son Cacicazgos disfrazados de estructuras orgánicas. Son, de facto, estructuras impositivas que para nada velan por el interés de la gente de base, sino solo por las motivaciones políticas y personales de los Caciques que hoy se han cambiado de nombre a “lideres sindicales”, “presidentes de juntas” o líderes de organizaciones como la Conaie, que definitivamente tiene otros y mejores fines que joder gobiernos.

Los hermanos indígenas viven en un micro imperio, dentro del territorio de una República democrática. Son engañados y explotados. Y el resto de sociedad se hace la ciega. Los gobiernos no comprenden el factor cultural que viene de la mano con la protesta violenta.

Urge una reforma educativa profunda y la creación de estructuras de gobierno a las que los hermanos indígenas puedan acceder, de forma directa y sin pseudo líderes intermediarios, para poder lograr sus objetivos que, a la final, son los mismos: más libertad y más dinero para vivir mejor.

lunes, 11 de enero de 2021

Redes sociales y gobierno.

 


En China, un gran empresario del comercio electrónico deja de hacer vida pública, y la prensa se preocupa. Su gobierno también se preocupa cuando él no demuestra estar a su favor. De hecho, parte de la política China se depende de la reacción de sus cinco empresarios más grandes, y particularmente de uno.

En Estados Unidos, al otro extremo del planeta, de la política, de la religión, de la cultura y de todo en general, pasa lo mismo. El Presidente de la supuesta nación más poderosa del mundo, y por lo tanto el supuesto hombre más poderoso del mundo, no puede tener cuentas en redes sociales a menos que los dueños de estas empresas se lo autoricen. Y si quiere irse a otra red social, ésta no funciona porque los más grandes servidores de datos del mundo están en manos, de nuevo, de un puñado de empresas.

Que los grandes capitales manejen la política internacional no es nuevo. Solo que ahora es más obvio y descarado. A nivel nacional pasa lo mismo. Incluso a nivel local, nuestras ciudades no necesariamente se mueven hacia donde necesita la mayoría, sino hacia donde menos perjudica ciertos intereses.

Y esto no está del todo mal, si consideramos que los grandes capitales son, al final del día, los que mantienen la economía moviéndose. Que la política cuide los grandes capitales, no necesariamente es una corrupción del gobierno, en tanto este cuidado signifique asegurar también los beneficios sociales que toda inversión privada conlleva. Al Ecuador, por ejemplo, le hace falta política de atracción de la inversión; pero más falta le hace políticas de cuidado y respaldo de estas inversiones. ¡Que grato fuese que nuestro país cuidara a sus inversionistas!

Lo malo es que los capitales intervengan en la política en desmedro de derechos de otros, o incluso en abierta competencia desleal y abusiva. Los gobiernos de los países más poderosos empezaron protegiendo estas inversiones, y hoy se han convertido en sumisos a ellas. Existen corporaciones que, prácticamente, poseen países.

Cuando se propone un libre mercado, muchos pensamos en comercio sin muchos impuestos, pocas barreras arancelarias, menores costos de producción, etcétera. Pero de lo primero que debe ser libre el mercado es de la injerencia del gobierno. Y los gobiernos deben ser libres, principalmente, de otros gobiernos, de la presión de los medios y de las coacciones de los grandes capitales.

La izquierda más zurda, al proponer el control del gobierno sobre el capital, no hace sino proponer un monopolio peligroso, con un único dueño que será, obviamente, el caudillo de turno. La derecha más extrema sostiene que la empresa privada debe hacerse cargo de todo lo que pueda proveer una ganancia, y el estado de lo que es gasto social. Al final del día, por la izquierda o la derecha, los de a pie terminamos siendo poseídos, como si fuésemos ganado, por privados.

No importa si la empresa es pública o privada, atrás hay un caudillo o un empresario que, de facto, la posee. Hemos dejado de ser usuarios de un servicio, para ser el producto a comerciar. La información que gratuita y alegremente les damos a estas entidades es comercializada con diversos fines. A veces para vendernos más cosas, incluyendo candidatos y doctrinas; y a veces para perseguirnos y controlarnos. Todo depende del cliente, que a veces son otras empresas y a veces es el mismo caudillo.

El internet comercial no es libre: tiene dueños. Pero promover la libertad total de las comunicaciones tiene otros riesgos para una nación como espionaje, delincuencia y terrorismo. Sea como fuere, al final, somos tratados como propiedad de los gobiernos y como propiedad de las empresas a quienes les hemos vendido el alma a cambio de algo de distracción. Nuestros gobiernos se han convertido en una red social, y las redes sociales en gobierno.

 

lunes, 10 de agosto de 2020

Independencia

 

Hoy, como hace un poco más de doscientos años, lo que algún día esperamos sea nuestro país, se encontraba dividido. Entonces, como ahora, se nos exigía contribuciones económicas para mantener una estructura invisible que solo servía a unos pocos. Estábamos, y estamos, tan distraídos en sobrevivir que no nos podemos concentrar en aquello que nos mantiene en zozobra.

Los intelectuales de la era pre-republicana, igual que los de hoy, carecen de los espacios para compartir su sabiduría. O deben mantenerse callados, o están en otros países que los tratan mejor.

En aquella época, Europa veía caer a sus reyes y América se aprovechaba de las circunstancias de quienes eran sus dueños. Hoy, debemos escoger si servimos a China o a Estados Unidos, porque no podemos existir por nosotros mismos. En aquel entonces aprovechamos los conflictos europeos, hoy estamos sentados al costado de la mesa donde se juega la guerra fría internacional, esperando que se caiga alguna migaja. En 1809 nuestra economía era residual y basada en la explotación brutal de los recursos; igual que ahora. Lo que producíamos era vendido al precio que la corona decidía, tal como hoy lo hacen los llamados mercados internacionales.

Entonces no podíamos elegir a nuestros líderes; y sorprendentemente hoy tampoco. Los colonizadores clásicos simplemente negaban la democracia, y los modernos colonizadores nos fabricaron un sistema fraudulento que nos contenta con darnos una papeleta cada par de años. Al final el resultado es el mismo: la gente no puede elegir a quienes realmente necesita.

En 1809 había un grupo de intelectuales y guerreros independentistas que forjaron la independencia sin recursos, sin gobierno, sin autoridad, sin reconocimiento y con mucho miedo. Los últimos 10 años, en cambio, el Ecuador abundaba: la economía era boyante, el gobierno tenía credibilidad y por tanto gobernabilidad plena ocupando todos los poderes del Estado, la comunidad internacional nos veía como un prodigio y la identidad nacional iba viento en popa. Es decir, verdaderamente estuvimos listos para una nueva independencia. Pero aquí no hubo intelectuales ni patriotas, sino mercaderes de almas. Nos vendieron.

Hoy estamos igual que en 1809. Nada ha cambiado en el fondo.

Hoy, igual que entonces e igual que siempre, no somos independientes. Y cuando verdaderamente tuvimos la oportunidad de serlo, nuestra independencia fue vendida por los mercaderes, perjudicando a millones por el beneficio económico de un ciento. Y no podemos hacer nada, porque dependemos de un sistema judicial deficiente, de una estructura legal ineficaz y de la voluntad política de quienes pugnan por ser los futuros dueños de la chacra.

Hoy no somos independientes. No nos hemos ganado el derecho a serlo y por lo tanto tampoco a festejarlo.

Para poder volver a gritar independencia, un buen inicio será sancionar a aquellos que nos robaron nuestra segunda oportunidad de ser libres. Y no vamos a esperar que el sistema judicial lo haga por nosotros, porque no puede. La respuesta debe ser en las urnas.

Solo cuando tengamos un parlamento diferente, dotado de intelectuales y patriotas como en 1809, solo entonces podremos iniciar la nueva guerra de independencia. Es que esta guerra no será con sangre o en las calles como algunos pseudidirigentes pregonan, con mas tinte terrorista que patriotista. La guerra por recuperar la república debe darse dentro del mismo sistema. Y para librarla debemos ocupar una posición estratégica: hay que devolver el legislativo al pueblo. Y solo el pueblo puede tomarlo.

Hoy, igual que entonces, dependemos de la reacción de todos. Hoy igual que entonces, hace falta conciencia y unidad. Hoy, igual que entonces, debemos desconocer las estructuras que han montado los que nos oprimen y crear otras que nos beneficien. Hoy, igual que entonces, es urgente empezar a pensar por y para nosotros mismos.

Y mientras hoy siga siendo igual que entonces y no otra cosa, seguiré ahogando el grito de ¡viva la idependencia!

viernes, 14 de junio de 2019

Aborto




Desde hace ya mucho se discute sobre la legalización del aborto. Y parece que la pugna se trata en términos morales más que técnicos. Esto es triste, porque al final del día, y aunque la ley deba ser un reflejo de los principios que imperan en una sociedad, también es verdad que esta ley debe ser útil y eficaz.

En el caso del aborto clandestino, como con el consumo de drogas, sucede que su propia clandestinidad impide que tengamos datos precisos del fenómeno. Sin estos datos, el Estado no puede fabricar políticas públicas adecuadas.

Las mujeres que han decidido abortar lo harán sin importar su legalidad. De hecho, esta clandestinidad lo vuelve más riesgoso para ellas. De otro lado, el asunto del aborto no se soluciona con política penal, sino con política de salud y educación. El Estado debe invertir más recursos en analizar el problema del embarazo en menores de edad, por ejemplo, y menos en perseguir a estas muchachas.

Pero debemos tener claro que hay dos conceptos diferentes: despenalizar el aborto, con lo que estoy de acuerdo; y, legalizar el aborto, con lo que discrepo.

Despenalizar quiere decir que una conducta ya no será castigada. Nada más.

Legalizar podría significar un universo de situaciones que no queremos confrontar hoy. Por ejemplo, que un procedimiento médico de este tipo sea cubierto por el sistema de seguridad social, o peor, que la política de salud o de control de natalidad se encarrile en este sendero. Esto, creo yo, muy pocas personas lo desean.

Despenalizar si. No veo motivo para que una mujer que ya tiene que pasar por este proceso traumatizante deba, además, ser encarcelada. Y es que casos hay muchos, pero en gran parte se trata de adolescentes desesperadas, de mujeres que están encerradas en relaciones violentas y otras tantas que carecen de las oportunidades para criar un niño. Muchos dirán que nada es pretexto, pero es indispensable intentar imaginarnos en la situación de otra.

Despenalizar el aborto podría significar la reducción de muertes de mujeres por prácticas médicas inadecuadas, pues podrán acceder a clínicas legales que cumplen con todos los requisitos. Además habrá un registro real de esta práctica que puede ser utilizado para mapear el problema y establecer mejores estrategias contra él. El embarazo adolescente, por ejemplo, parece ser más un problema de educación que de política criminal. Los embarazos no deseados en las zonas rurales son un conflicto cultural y de salud, no criminal.

Caso aparte son asuntos relacionados con violaciones o mujeres gravemente enfermas, con enfermedades terminales o incapacidades mentales. Creo que en estos casos los sistemas de salud del Estado si deben procurar el acceso a un aborto gratuito.

Al final mi posición es pragmática: combatir el aborto desde lo penal y punitivo es un error y solo ha significado el aumento de los efectos letales de estas prácticas. El Estado ha fallado al enfrentar este problema desde el código penal y no puede hacerlo desde otros frentes porque no tiene las herramientas. Y las herramientas que el Estado necesita son datos, información, estadística, números. Toda esta información, hoy, es clandestina. Necesitamos traerla a la luz para poder actuar.

Así las cosas, para evitar que nuestras hijas aborten, debemos despenalizar el procedimiento. Para poder actuar en contra de un fenómeno, primero debemos conocerlo. Y el Ecuador no conoce a profundidad el fenómeno del aborto. Solo por esto, debe ser liberado de toda sanción.

miércoles, 5 de junio de 2019

Matrimonio igualitario




Actualmente en el Ecuador, la unión de hecho entre homosexuales es permitida. Y este estado civil da a estas parejas casi los mismos derechos y obligaciones que el matrimonio. Es obvio preguntarse por qué entonces se sigue peleando por el matrimonio homosexual.

Parece ser que la unión de hecho no es suficiente. Y la discusión se enmarca en la igualdad de condiciones entre heterosexuales y homosexuales. Pero parece ser que el carácter práctico de este discurso es pobre.

La palabra matrimonio proviene del latin mater, es decir madre; y monium que se refiere a rituales legales. Esta palabra históricamente se empleaba para referir el estado jurídico de una mujer casada, a la legitimidad de su maternidad y a su unión para con un hombre así como a todos los efectos económicos y sociales que esto deriva. El origen conceptual de la palabra matrimonio no alcanza para definir una unión homosexual. Además, nuestra Constitución en su artículo 67 claramente establece que el matrimonio es la unión entre un hombre y una mujer, así que cualquier intento de hacer lo contrario debe pasar primero por una modificación de nuestra máxima Ley, lo que implica un cambio en los paradigmas de todo el Estado ecuatoriano como ente común. Esto puede traer algunos riesgos, pues debilitaría el bloque de constitucionalidad y nos obligaría a pensar en una rara Constitución flexible.

No puede permitirse el matrimonio homosexual en el Ecuador. Y no estoy en contra de la idea, pero si de las formas: por concepto y por Constitución, esta idea no se puede realizar: el matrimonio no es la manera en que una pareja sexodiversa pueda unirse en este país, punto. Pero estoy completamente de acuerdo que las personas deben explotar su derecho a ser felices, y a formar una familia en la forma que deseen. También creo que el Estado debe apoyar estas uniones y permitir formas de proteger a los miembros de estas parejas frente a las eventuales problemáticas que puedan tener. Por ejemplo: constituir un patrimonio mancomunado, ser tratados como pareja o familia en sentido amplio, solucionar sus controversias desde la óptica de la violencia intrafamiliar, etcétera.

Pero insisto: la unión de hecho ya incorpora todos estos beneficios y posibilidades. Así que la pelea por el matrimonio igualitario parece tener más tintes políticos que prácticos. Dicho de forma más simple: a una pareja homosexual, en la práctica, les da lo mismo estar casados que tener una unión de hecho reconocida. ¿O no?

Creería yo que todo este tema es un distractor que nos abstiene de otra discusión posiblemente más trascendente: la adopción de niños por parte de parejas sexodiversas. Sería interesante transparentar el discurso.

La adopción de niños por parte de parejas sexodiversas no se ha discutido. Este tema, tabú, no se trata abiertamente. Quienes se encuentran en situación de decidir no quieren discutir porque no quieren pelearse con nadie. Las agrupaciones a favor de la adopción tampoco quieren discutir porque saben que la sociedad aún no está lista para todo esto y tratar el tema con mucha frontalidad podría lograr que esta sociedad ponga presión en los políticos, quienes acabarán decidiendo en contra, como siempre, en base a sus miedos, y no en base a la realidad.

Resulta más fácil y menos llamativo hablar del matrimonio homosexual que de la adopción de niños por parte de parejas homosexuales. Nadie quiere esa discusión, nadie quiere exponerse a un debate de tales magnitudes.

El Estado debe proteger la unión de parejas homosexuales. Sobre las implicaciones de la adopción de niños por parte de este tipo de parejas habrá que analizar profundamente y por separado. Trato de hacer notar, a todos, que la forma de tratar estos temas no es la adecuada. Trato de decir que algunas minorías están utilizando formas de discurso inadecuadas y engañosas; y que nuestra clase política se lava las manos, para variar. Y digo frontalmente, que la sociedad no está lista para esto. No es que sea malo, es que no es el tiempo.

Parecería que lo más adecuado será hablar de esto en unos años más.

lunes, 6 de mayo de 2019

Juzgamos mal




Hace ya algunos días trascendió la noticia sobre una Juez, en Latacunga, que habría negado una orden de prisión al hoy prófugo y antes hombre fuerte del correato, Ricardo Patiño. Tras esta noticia, las redes sociales se incendiaron en contra de la Juez, a quien se tachaba de corrupta y negligente, entre otros variados epítetos. Incluso hubo quienes afirmaron que habría recibido la ridícula suma de medio millón de dólares a cambio de la libertad del político.

Y es que cuando somos anónimos, como es el caso del internet, somos muy atrevidos y decimos lo que sea. Y cuando no conocemos la realidad de las cosas, creemos y repetimos lo que sea. Ahora, entendamos como son en verdad las cosas.

Es así de sencillo: la Fiscalía puede pedir la detención con fines investigativos de una persona que, siendo necesaria para la investigación, se niega a colaborar con ella. Es decir, el o la Fiscal debe hacer los esfuerzos necesarios por obtener lo que necesita para su investigación, y solo cuando esos esfuerzos fallan, justificando sobradamente que no existe otra forma, puede pedir que se detenga a un ciudadano.

Para el efecto, el o la Fiscal a cargo debe evidenciar y comprobar certeramente que el requerido no colabora y que no puede ser traído a colaborar sin el apoyo de la policía. Y esto se llama DETENCIÓN, no PRISIÓN. Me explico: lo que se busca es ubicar al requerido, traerlo a la investigación y, luego de eso, liberarlo inmediatamente. No quiere decir, bajo ningún parámetro, que el requerido deba mantenerse privado de su libertad. Es decir, nunca se negó la prisión de Patiño, solo se negó a hacerlo detener para que colabore, porque aparentemente siempre estuvo colaborando.

Obviamente, debemos verificar que Patiño, en este caso, no colaboraba con la investigación. Esto es lo que la Fiscalía debía comprobar y la Juez debía analizar, nada mas. Pero resulta que Patiño había participado de la investigación por medio de sus abogados y que, en algún momento, él mismo pidió que se le permita acercarse a dar su testimonio. Esto es lo que la Juez valoró a la hora de juzgar. Para ella, el petitorio de la Fiscalía no tiene fundamento y, obviamente, corresponde negarlo.

Debo ser claro, no conozco personalmente a la Juez Benítez más allá de lo que mi profesión obliga. Simplemente estoy convencido que, así como alzamos la voz para reclamar, también hay que alzarla para defender las actuaciones correctas de funcionarios. Y esta, a mi criterio profesional, es una actuación muy correcta. No me gusta el resultado, no me gusta ver otro vinculado al correato eludiendo el sistema judicial. Pero más allá de que me guste o no, la actuación de la Juez es acertada.

Hoy, según dicen, la Juez va a ser investigada hasta el aburrimiento, como si fuera una vulgar delincuente. Me gustaría que también se investigara a varios Fiscales, cuyos actos riñen con criterios de objetividad. Así como muchos se preguntan por qué la Juez dejó ir a Patiño, yo me pregunto por qué la Fiscalía hizo un requerimiento sin la más mínima posibilidad de justificarlo.

Ahora, entendiendo las cosas, ustedes estarán de acuerdo conmigo que es más fácil creer que la Juez Benítez actuó conforme su criterio. Ella sabía que los medios y las redes sociales iban a estallar contra ella. Y aún así, hizo lo que consideró mejor. Para mi no es una cobarde que obedece telefonazos o que se amilana ante la crítica pública. Al contrario, es una Juez valiosa, de esas que hacen lo correcto, caiga quien caiga, y aunque la que caiga sea ella mismo.

No olvidemos la crítica que hacíamos al régimen anterior, la metida de mano a la justicia, funcionarios obedientes y sentencias dictadas en sabatinas. Hoy una juez actuó conforme su criterio profesional, fue leal a sus conocimientos. Hoy, aunque algunos hubieran querido ver en la hoguera al procesado, se aplicó la ley. Hoy, ella juzgó bien y nosotros juzgamos mal.

viernes, 12 de abril de 2019

Lista de pendientes



A punto de estrenar autoridades, y habiendo recibido las más novedosas ofertas de campaña, es adecuado recordarnos – y recordarles – que más allá de la obra física, el reforzamiento de la seguridad y otras ofertas, tenemos una larga lista de pendientes que parecen hacerse olvidado en campaña, pero que no pueden ser dejados de lado a la hora de administrar.

1. Inseguridad.- Aunque la campaña se ha enfocado en un supuesto aumento del crimen, esto no es del todo real. Pero la ciudad sigue siendo insegura en muchos aspectos: la violencia doméstica se mantiene vigente y esto solo se resuelve con políticas públicas de convivencia. La contaminación visual y auditiva es brutal, y la solución solo se depende de una buena ordenanza y un comisario bien parado. Nuestros ríos también están contaminados, y para ello debemos reorganizar nuestros sistemas de manejo de aguas y empezar a sancionar a los contaminadores.

2. Accesibilidad.- Latacunga no es apta para personas con capacidades disminuidas. Hay que mejorar la infraestructura general. También tenemos problemas de accesibilidad al gobierno local: los trámites aún se hacen a la antigua, la información municipal es difícil de acceder y los ciudadanos no somos informados eficientemente de la gestión. Urge incorporar herramientas de gobierno electrónico, reducción de trámites y mejora de los contenidos de la página oficial de la municipalidad y sus redes sociales.

3. Normativa.- Las ordenanzas de nuestra urbe están desordenadas, mal hechas y dejan muchos temas sin tratar. Se requiere una consultoría que informe a los Concejales del estado de la normativa local. En la misma línea, el Concejo debe encargarse de derogar, reformar, crear y codificar un cuerpo normativo sólido que permita reglas claras. Así no solo mejoraremos el sistema en si mismo, sino que seremos más atractivos para la inversión.

4. Tributos.-  Hay muchas tasas y otras imposiciones que se cobran de manera inadecuada o injusta. Una que otra es, incluso, inconstitucional. Deben revisarse los mecanismos de ingreso económico del Municipio, aliviando a los contribuyentes, alentando la inversión privada y permitiendo el desarrollo local en parámetros más competitivos.

5. Producción.- Debemos implementar una política productiva global, que permita el establecimiento de emprendimientos con bajas o nulas cargas impositivas durante sus primeros años. Hay que definir una zona industrial y dotarla de infraestructura. Además urge reestructurar las empresas públicas municipales volviéndolas más eficientes y competitivas en relación a la oferta privada.

6. Turismo.- La mayor tarea de la administración municipal en este punto es la promoción. Conjuntamente se deben iniciar actividades de capacitación a las comunidades indígenas en materia de servicio al cliente, conformación de sociedades y otros temas propios de esta industria. Establecer y promover un circuito turístico que explote las potencialidades de cada parroquia y que convenza al turista de quedarse más de un día en nuestra ciudad.

7. Áreas verdes.- Siendo una de las ciudades con menos espacios verdes por habitante, aún muy por debajo de los estándares recomendados internacionalmente, debemos eliminar la disposición que permite, a los constructores, pagar en efectivo el equivalente al área verde que están obligados a guardar. Si ello no fuere políticamente posible, el Municipio debe organizar un fideicomiso que se encargue de administrar directamente estos fondos, con el único fin de adquirir tierras no productivas y convertirlas en parques y reservas; también de invertir en la recuperación de espacios verdes que ya tenemos pero que no son más que potreros o botaderos.

Y así podemos seguir, posiblemente sin alcanzarnos el espacio de esta página. Posiblemente en siguientes ediciones completemos la lista. Toda recomendación es bienvenida. Solo no olvidemos que una buena administración va más allá de la obra física: debe mejorar nuestro estándar de vida, hacernos sentir más seguros y sobre todo más felices y orgullosos de ser latacungueños.