viernes, 29 de julio de 2016

¿Qué mismo?



Nuestro Alcalde va de tumbo en tumbo. Primero que quería hacer el camal en tierras de valor histórico. Entonces muchos actores sociales brincamos por la ridiculez de esta idea y, finalmente, la razón parecía imponerse pues, además de absurdo, resultaría ser antitécnico. A la luz de estas obviedades, el Alcalde Sánchez da la buena noticia: el camal se construirá en tierras de Poaló, con el beneplácito de todos.

Pero la necedad se impone cuando, según se supo hace unos días, el burgomaestre insiste en su intención de atentar contra el patrimonio de los latacungueños.

Sabemos que hasta la fecha no se cuentan con los permisos para el proyecto, y que incluso habría problemas con los estudios que hasta ahora se han realizado, pero por sobre todo eso, la campaña de “socialización” ya arrancó.

¿Se socializa un proyecto que oficialmente no existe, que no cuenta con los permisos necesarios, y que muy pocos latacungueños aprobamos? Yo creo que es tiempo de optimizar los recursos, señor Alcalde. Insistir en la propuesta del camal en Tilipulo representa horas de trabajo y dinero de los contribuyentes invertidos en un capricho inviable e indeseado.

Elegimos administradores para que hagan lo que NOSOTROS queremos, no lo que se les pega la gana. Entiéndase esto de una vez: los barrios de 11 de Noviembre no quieren el camal en Tilipulo, mientras la gente de Poaló agradece la obra; del otro lado estamos frente a todos los Latacungueños que vemos peligrar la histórica hacienda. Si el administrador no hace lo que su gente desea, entonces ya no la representa.

Alcalde Sánchez, usted no me representa más. Si su administración se resume en dar paso a caprichos de grupos interesados, a cambio de algún apoyo político; o, a pelearse con los Concejales que no le dan presupuesto para las deudas de sus incapaces acólitos, o presentar alguna propuesta de ordenanza antitécnica y mal redactada y negar su palabra a vuelta del día, entonces ni siquiera es usted capaz de representar al espíritu del latacungueño.

Mientras todo esto sucede, pareciendo cortina de humo, porque el camal en Tilipulo simplemente no se va a hacer, nos descuidan de otro tema pendiente: el alcantarillado de la ciudad. ¿No lo sabían? Hay dineros pendientes de gestionarse por este tema, algo así como treinta millones de dólares, según los entendidos. Resulta que este capital debe ser recibido e invertido de manera inmediata, pues nuestra situación es notoriamente urgente.

Justo este tema no quiere, el Alcalde, poner en el orden del día de las sesiones del Concejo.

¿No será que “arrepentirse” de hacer el camal en Poaló es una cortinita de humo para entretenernos en un tema estéril, mientras se “coordinan” las cosas para el alcantarillado?

Espero que no sea así. Detestaría verificar que nuestra política local se ha contaminado de prácticas pútridas y deplorables.

Pero nosotros, los latacungueños, hemos crecido, ya no somos los de antes y, sobre todo, los que abrimos los ojos y tomamos interés en la ciudad cada día somos más. Y estamos vigilando.

Mucho cuidado, administradores, que cualquier certeza política es nula estando a puertas de comicios y, al final del día, la historia no perdona y los pueblos -ya no- olvidan. Si no saben cómo administrar mi ciudad, no hagan más ridículo. Renuncien.

viernes, 22 de julio de 2016

Endeudarse para crecer.



A veces, sobre todo cuando se camina por la ciudad en la noche, pareciera que nuestra Latacunga se ha estancado en el tiempo. Es una magnífica sensación, si se da un paseo nocturno por el centro histórico. Pero nada de agradable tiene cuando se siente lo mismo, a plena luz del día y en los barrios todavía urbanos de nuestra ciudad.

Nos falta mucho, y hoy no hay a quién echar la culpa. Los cambios estructurales se hacen con dinero, y cuando hubo no se aprovechó. El presupuesto de nuestra ciudad no es equitativo ni equilibrado. Una ciudad con más de doscientos mil habitantes no puede crecer sin un rubro de varias decenas de millones de dólares.

Tampoco podemos continuar esperanzados en los fondos que nos provienen o nos adeuda el gobierno central, porque el país está quebrado también. Nos urge crear fuentes de financiamiento rápido y barato, no para financiar obra corriente, sino para financiar proyectos productivos que nos garanticen un ingreso estable durante las próximas décadas. Hay que dejar de pensar en los próximos cinco años y empezar a proyectarnos al próximo medio siglo.

Podemos obtener dinero de las multas de tránsito. Ya hemos hablado de eso y estamos claros que en una ciudad tan llena de malcriados y choferes pseudoprofesionales, el adelantar una agencia de tránsito municipal resultará un grandioso negocio. El manejo del agua potable debería ser una empresa que genere ganancias; no muchas, porque siempre está el fin social, pero algo mismo debe dejar de ganancia. SIMTEL, como sostengo hace mucho, debe desaparecer, no solo porque el espacio público debe ser gratuito, sino porque debemos semi-peatonizar varias calles del centro de la ciudad y, además, porque es mucho mejor negocio gestionar empresas de economía mixta entre los actuales dueños de parqueaderos y el municipio, donde el municipio pondría estructura metálica para hacer dos niveles de parqueaderos y la privada se encargaría de administrar el negocio.

Si obtuviéramos crédito barato, no sería mal idea invertir en energía eléctrica eólica (del viento) para vendérsela al sistema interconectado.

Paralelamente a estos negocios, deberemos revisar cómo estamos explotando el mercado turístico, retomar una posesión activa de nuestro volcán Cotopaxi, fomentar el turismo de aventura y, luego de un trabajo de recuperación de la memoria local, organizar recorridos turísticos históricos. Cuando estos negocios florezcan, y solo luego de ello, el Municipio podrá alimentarse de tarifas diferenciadas por uso de suelo y  lugares naturales que hayamos repotenciado con estructura básica, como el Putzalahua y otros atractivos que existen en cada parroquia. El famoso teleférico, olvídenlo, es demasiado costoso e inútil, no generará un centavo.

Otro negocio para la ciudad es la gestión de residuos sólido. Si. La basura da plata, y bastante. Pero más dinero podría permitirnos si invirtiéramos en una plante de incineración, donde dispongamos de desechos hospitalarios, químicos, biológicos e, incluso, podamos incinerar drogas y otras sustancias. Naturalmente, se cobra por estos servicios.

Las tasas que se cobran en la Dirección de Movilidad son antitécnicas y no tienen sentido en muchos casos. Si se reestructura esa dirección, se brinda mejor servicio y se trabaja como se debe, puede ser una mina de oro para la ciudad. Todos lo que tenemos carro debemos pasar por ahí algún día, lo que lo convierte en un monopolio de lucro simple.

¿Ven? En seiscientas palabras proponemos casi media docena de ideas lucrativas para la ciudad. Es cuestión de dejar de buscar la pantalla política y ponerse a administrar como se debe. Los ciudadanos ya sabemos que no va a haber obra, porque no hay plata. Que haya endeudamiento estratégico para inversión rentable, por lo menos.

lunes, 18 de julio de 2016

Prenda el taximetro




Mientras los suizos rechazan la posibilidad de recibir un sueldo de dos mil quinientos dólares sin trabajar, el taxismo latacungueño se emociona por recibir veinte y cinco centavos más por carrera mínima. Definitivamente, somos torpes.

El problema del taxismo no es el dólar que cobran por el servicio mínimo, sino que ya no se sabe de dónde a dónde es un servicio mínimo. Obviamente ya no es la ciudad que podíamos cruzar por un dólar, hemos crecido bastante y es indispensable revisar los costos de la movilidad. Pero esta revisión no se sostiene en el aumento de las tarifas, sino en medidas más modernas y hasta progresivas. Una de estas medidas fue el uso del taxímetro que, además es obligatorio conforme la Ley de Tránsito vigente; otra medida podría ser, por ejemplo, la zonificación de la ciudad.

Para mi, el taxímetro era lo mejor: nadie podía quejarse, pues el valor era justo y conductor y cliente podían estar tranquilos. Pero aquí no, no se nos pegó la gana de prender el aparatito ese. Ni los taxistas lo usaron nunca, por cómodos, ni los ciudadanos lo exigimos, por sapos.

El razonamiento (si puede llamarse así) era sencillo: por un lado, como pasajero, yo se que si prende el taxímetro puede salirme costando unos centavitos más, entonces mejor no lo pido; y, si soy chofer, no lo prendo para ahorrarme tener que explicárselo al pasajero, por simple pereza o para evitar que se me lleve registro de los ingresos.

Lo peor es que hubo quienes, supuestamente en representación de la ciudad, aprobaron tal medida.

Creo que los administradores de turno no se dieron cuenta de lo que hicieron. Ellos, los administradores, que solamente buscan la sonrisa del votante y convierten a su labor en un mercadillo electorero no repararon en calcular los efectos adversos de tal medida. Ellos, los mal llamados políticos, en nada aplican políticas, sino que deciden los destinos de la ciudad en base a sus encuestas de popularidad. Hoy, quisieron caerle bien al gremio del volante, nada más.

Pero no se dan cuenta que acaban de elevar el índice de costes de movilidad de una ciudad entera, que esto transforma a Latacunga en una ciudad más cara para vivir. Elevar el costo del transporte equivale, en la cartera familiar, a elevar el costo de los combustibles. Todo tiene efectos progresivos en la economía. Quien necesita pagar más por cualquier servicio, obviamente cobrará más por lo que él produzca, justamente para poder pagar el nuevo costo del servicio que necesita, y quien adquiera éste último, también elevará sus costos para poder pagarlo. Simple y obvio.

¡Pero si tan solo es cuestión de abrir los ojos y ver los errores del otro! Hace poco nos subieron 2% el IVA, y miren lo que pasó; y nuestros administradores van a elevar 25% el costo de moverse en la ciudad. Adivinen el desenlace.

Lo que debía haberse hecho es controlar y promover el uso del taxímetro, así todos ganaban. Hagan un experimento simple: díganle a su taxista de confianza que prenda el aparato y, lo más seguro es que el taxímetro marque más que lo que pactaron. Yo lo he hecho, y realmente, por tener el aparatito apagado, quien pierde es el chofer. Eso es buena administración: lograr que los administrados respeten y ejecuten la Ley, no ser capariche del incumplimiento de la norma, repartiendo dádivas a unos pocos y cayendo mal a todo el resto.

A eso súmenle la elevación de las contribuciones municipales, que ya trataremos otro lunes. Están convirtiendo a nuestra ciudad en un lugar invivible, inviable, irracional.

Muchos, como yo, no vemos la hora en que esta administración termine.

jueves, 9 de junio de 2016

Boyas para el ahogado




Flotar, sacar la cabeza y respirar. Es básico, es indispensable tener un flotador salvavidas para no morir.

La economía es igual: el barco zozobró y no podremos aguantar mucho sin un flotador. Ese flotador no es, ni menos, un crédito internacional o una subvención estatal o un proyecto no reembolsable. La boya, para nuestra ciudad, se llama TURISMO.

Latacunga es estratégica: estamos en el centro de todo. Desde aquí se puede, fácilmente, comandar expediciones a las más altas y bellas montañas de nuestro país, lagunas, ríos, páramos interminables y demás. Nuestra provincia es muy explotable en lo que se refiere a turismo naturalista y de aventura. Si nos ponemos las pilas podríamos todavía evitar perder gran parte de nuestro patrimonio histórico explotable, y no me refiero a las casas viejas.

Hay que ver las cosas con mente abierta, hay que adaptarse. Insistimos en proyectos productivos, cuando la única industria que ha sobrevivido es la agrícola, y no como industria propiamente sino como producción primaria. Además se nos viene la ley de tierras y habrá que ver cómo ésta afecta a nuestra provincia. Nos gusta creer que somos grandes comerciantes, creemos que es sencillo eso de “comprar barato y vender caro”, pero no tenemos parámetros de servicio al cliente ni políticas de calidad. El mercado de servicios es restringido y con sobreoferta, con contadas excepciones. Mercado cambiario no tenemos y bolsa de valores tampoco. Los costos de la tierra en Latacunga son obscenos, y más ridículos aún si tomamos en cuenta la deficiente planificación de la ciudad.

Turismo, señores: TURISMO.

Este mercado ha mantenido boyantes economías en países donde parecería no haber nada más. ¡Haití tiene menos deuda externa que nosotros! Macao y Palaos viven casi exclusivamente de turismo, y tienen menos que ofrecer que nuestra provincia.

Urge un cambio de actitud. El mejor o peor estado de la economía es solo un pretexto cuando no se tiene ideas.

Está claro que si mañana me pongo una agencia de viajes, pues no me va a ir nada bien. Se requiere un cambio estructural. De parte de la población es indispensable detener el abuso al turista, y que no me digan que no hay, porque lo he vivido yo, siendo paisano. Urge que nuestros hijos hablen varios idiomas y, nosotros mismos, hablemos por lo menos uno más.

Hay cositas que no van juntas, por concepto. Hay situaciones atentatorias al turismo en niveles intangibles. Dos ejemplos: a la entrada de la ciudad tenemos un motel y un prostíbulo, con un UPC policial entre los dos, hasta pareciera caricatura de Bonil; y casi ponemos un camal junto aun lugar histórico y turísticamente explotable.

Es cuestión de sentido común. En mi casa, no pongo a mis parientas desnudas en la puerta de entrada ni instalo la refrigeradora en la sala.

La administración insiste en que sus proyectos son “factibles”. Y puede que sean, pero no son lógicos ni buenos. A Poaló le querían comprar la voluntad con ofertas fútiles que seguramente ni se cumplan, tal como tampoco se cumplió el alcantarillado ofrecido a cambio de ponernos la cárcel. El camal es factible, el prostíbulo también ha de haber sido, pero no es correcto ni adecuado en los lugares que se plantearon, así de simple.

Tilipulo podría generar muchísimo dinero con una administración proactiva. San Buenaventura, si se reorganizara, estaría llena de extranjeros. Mulaló debería ser un refugio de paz y aprovechar tanto el turismo de montaña como el de jubilados. Belisario Quevedo tiene decenas de rutas de aventura para explotar, miradores, puerto de parapente y un sin fin de opciones. Y así, cada parroquia está dotada de beneficios explotables como termas, cascadas, folclore, cultura, gastronomía.

Administrador, láncenos una boya: publicite. NO pedimos más, ni necesitamos. Los ciudadanos organizados haremos el resto.

lunes, 30 de mayo de 2016

SIMTEL




Primero que nada, he de disculparme por el editorial anterior. Hice constar como si fueren más recientes algunos hechos que se sucedieron ya varias semanas atrás. A veces la tecnología no nos acompaña y, en el apuro, remitimos archivos borradores en lugar de versiones finales. Me disculpo.

Ahora si, a lo que vinimos: siempre he sido un profundo detractor de SIMTEL. No solo que nos golpea en el hígado cuando nos ponen esos candaditos, sino que los parámetros legales sobre cuales lo hacen no son, digamos, los más técnicos.

Verán, bajo mi muy personal opinión, el Sistema Municipal Tarifado de Estacionamiento Latacunga tiene mal desde el nombre -que por norma gramatical debería ser “Sistema Municipal de Estacionamientos Tarifados de Latacunga”-, además de varias incongruencias legales. No estoy seguro de cómo sea hora, pero la última vez que multaron a un conocido no le dieron ni factura. Por sobre ese problemita tributario tenemos el hecho de que las ordenanzas que regulan a SIMTEL dejan demasiados vacíos legales. La meta, los objetivos de SIMTEL están oscuros y su gente son una mezcla de oficial de tránsito y aparcador de carros... cualquier cosa sirve mientras venda su cuota de tarjetas. Como siempre, la estadística por sobre el sentido común.

Incluso, creo yo, toda la idea misma de cobrar por parquearse es ilegal, inconstitucional. No se si lo han pensado ya, pero la calle no es propiedad municipal: es mía, del ciudadano, del que paga los impuestos. Ya me dejan “limpio” cuando matriculo mi carro (mas ahora que ese asunto lo maneja el municipio) y encima quieren cobrarme por dejarlo en un lugar que me pertenece (¡¿?!).

Lo que yo rescato, así a muchos les duela, es a los trabajadores del SIMTEL. Esas personas que andan por las calles controlando las tarjetas, sí, esos que nunca aparecen cuando queremos comprar tarjetas pero están primeritos cuando dejamos el carro mal parqueado cinco minutos. Esos “malas gentes” que nadie entiende, esos “perros del hortelano” como a veces les decimos, ellos, si, ellos, tienen familias y se sacan la madre por llevar el pan a su casa, aguantan agua y sol, gentiles y patanes, sonrisas e insultos y todo eso por un sueldito que, ojalá alcance para lo prioritario.

Nadie se detiene a pensar en ellos. Yo les voy a contar lo poco que se: ganan muy poquito y trabajan duro. No tienen seguro médico privado, pese a los muy evidentes riesgos de su trabajo. No son servidores públicos sino que están acomodados al Código del Trabajo, es decir, no tienen nombramiento sino que pueden ser despedidos apenas haya el presupuesto para liquidarles, cualquier día, a cualquier hora. No cuentan con asesoría jurídica. No tienen los suficientes cambios y tipos de uniformes para los variados climas de nuestra ciudad. Trabajan bajo presión y reciben muchos malos tratos todo el día... como si sus vidas privadas no reportaran suficientes problemas (como todos).

También sé que su equipamiento es apenas básico. Sus uniformes ya están viejitos y apenas cargan un esferográfico, un paquete de tarjetitas y un radio pesado y feo. ¡Así quién los va a respetar!

La mayoría de ellos son mujeres. Están, las pobres, expuestas a cualquier malcriado. No tienen un departamento jurídico encargado de apoyarlas. ¡Ni su propio jefe les acompaña a las audiencias! Están solas.

SIMTEL no sirve. No sirve para la municipalidad, no sirve para los ciudadanos y no sirve ni para sus propios empleados. Cuidado, que no estoy poniéndole cara ni nombre a esto. Que se me entienda bien: la misma idea de cobrar por usar lo público es errada. Y, además, la forma en que se lo hace aquí es antitécnica y denigrante para quien ejerce el control de tal tarifa. Por sobre eso, los mismos encargados de dicho control no cuentan con apoyo ninguno. Lo dicho: SIMTEL no sirve.
Ya hemos escrito sobre esto: desaparezca SIMTEL, peatonalice la ciudad y organice un cuerpo de control de tránsito.

lunes, 2 de mayo de 2016

Somos héroes



Tras las jornadas vividas en el país estos últimos días, me gustaría mucho tratar sobre asuntos preocupantes y de atención inmediata. Sería necesario hablar, por ejemplo, del aprovechamiento del estado de excepción para la gestión de cierto tipo de contratos y crédito; del desabastecimiento generalizado, del alza de impuestos o, incluso, de la patente incompetencia del personal del MIES que maneja las donaciones y la práctica invisibilidad de la directora provincial de esta cartera. Más cercano está el poco liderazgo de la Alcaldía en este escenario y la preocupante evidencia de estar, los latacungueños, totalmente faltos de preparación para cualquier evento remotamente similar al de nuestros hermanos costeños.

Podemos tratar hoy, también, de la completa inoperancia de la logística gubernamental y la necia posición de no permitir hacerse cargo de esto al ejército. Otro tema colgante es el qué se va a hacer con el crédito de ocho mil millones de dólares que se sacaron del sombrero chino, así como el paquetazo tributario que no va a servir los fines publicitados y todos los errores y horrores que son conocidos por todos, merced a las redes sociales.

De todo eso podemos tratar, pero no, hoy no. Y no lo haremos por dos motivos principales: primero, que en estado de excepción cualquier comentario puede ser tomado al arbitrio del superman de turno, y no vale “dar papaya” gratis; y segundo, que, simplemente, no es el momento no estamos de genio para más malas noticias. Nos damos por mal gobernados y punto, para qué ahondar el asunto. En todo caso, después nos encargaremos de ustedes, burócratas.

Hoy necesitamos revisar lo que en el fondo, en el espíritu, significó esta catástrofe natural. Y es que hemos visto lo más importante, aunque toque tomar palabras del “más simpático”: ningún ecuatoriano está solo. Somos, en el alma, los guardianes más celosos del egregor de la minga, renacimos como pueblo unánime en contra del desastre natural con fuerza nunca vista, pese a los muchos desastres políticos que vivimos los últimos tiempos. Mientras llega la ayuda internacional, en empaques bonitos y uniformizados, antes que éstos, y en mayor cantidad estuvieron ya las conservas enlatadas movilizadas a la costa desde las despensas más lejanas del país, con notas de solidaridad escritas con marcador indeleble, las cartas de los niños a sus coetáneos despojados, las redes sociales bulliendo y los más fuertes viajando a brindar rescate, aún sin formación ni entrenamiento y tan solo armados de su férrea voluntad y el compartir del dolor de otro ecuatoriano.

Es que somos héroes, forjados en el fuego de los volcanes, aleación de machetes y azadones fundidos y templados en aguas de lagunas y mares. El ecuatoriano no es cualquier gente: somos especiales, raros, únicos. Aguantamos más sufrimiento y opresión que ningún otro (lo cual, de paso, es un defecto), pero no medimos limites en nuestra voluntad cundo un hermano sufre y nos necesita.

¡Este es el fondo del asunto! No los políticos que viven para mal parecer, como si sus cargos incluyeran esta obligación, sino nosotros mismos, los ciudadanos, los ecuatorianos que hoy, como siempre pero más que nunca, nos convertimos en falanges de un mismo puño. Esta es la lección a aprender: siempre hemos estado juntos, y juntos hemos vencido hasta las fuerzas naturales, cuando así hemos deseado. Bajo nuestra voluntad conjunta se han rendido colonizadores, opresores, ejércitos, caudillos y gobiernos enteros. ¡Al mundo entero haríamos rendir si nos lo propusiéramos!Hoy, y a costa de la vida de cientos de hermanos, hemos encontrado algo que nos han venido quitando de a poco: la voluntad, la fuerza, el valor y la fe.

La tierra ha temblado para recordarnos el tipo de pueblo que somos, para despertarnos. El precio de esta lección es alto: medio millar de almas o más. No hagamos desperdicio de la sangre de nuestros hermanos: aprendamos y aprendamos bien. ¡A despertar, ecuatoriano!


martes, 12 de abril de 2016

Información Pública




Muy a pesar de la política de “no mas pitos” que guardan varios de nuestros administradores, las desgracias siguen sucediendo. La reacción desgraciadamente natural de quienes dicen representarnos es silencio y cuasi complicidad.

Por evitar un “pito”, y hasta donde conozco, la autoridad no ha dicho nada respecto del detenido que habría sido asesinado en el interior de la cárcel y, justamente, en el área de máxima seguridad. Mientras, en las redes sociales se ha dicho que el fallecido sucumbió tras más de media docena de tiros y que, además, ni siquiera tendría sentencia. Mientras no haya una versión oficial, los ciudadanos nos vemos obligados a creer a las redes sociales, que parecen ser el único medio de información que -más o menos- nos informa de algo.

Dejemos una cosa clara: la ciudad nos pertenece, es nuestra casa, y lo que pase en esta casa debe ser informado a los dueños. Ya nos pusieron la cárcel, a contracorriente y con un secretismo ridículo. Lo menos que pueden hacer, ahora, es contarnos la verdad de lo que sucede allí. Esa información es nuestro derecho.

Pero qué derecho podría reclamar un ciudadano de a pie, cuando aquel que elegimos como fiscalizador tiene problemas para acceder a información considerada pública. Y, sino, pregúntenle al Concejal García Moreno, que necesitó de acciones judiciales para obtener información de una empresa pública local.

Es una vergüenza: el Concejal, que es el representando directo de los ciudadanos en el Municipio y que además es fiscalizador, necesita de un juicio para obtener información pública, de una empresa pública, sobre asuntos públicos.

Lo que se evidencia es que nuestra ciudad está a un paso de convertirse en tierra de nadie. Los propios representantes del ciudadano se ven limitados en el ejercicio del control de los bienes que, obviamente, le pertenecen al ciudadano y, por obvia deducción, el mismo ciudadano “de pie” se ve imposibilitado de acceder a información que la Constitución garantiza como accesible de manera directa. Así siendo, pedir que nos informen sobre lo que acontece en la cárcel sería una labor de necios.

Parece ser que los administradores olvidan algo: nosotros, los ciudadanos, somos sus jefes y nos deben información. Así es, no nos hacen ningún favor, NOS LO DEBEN, les es obligatorio mantenernos al tanto de todo lo que sucede con la cosa pública. Y, esta cosa pública, por si lo olvidan, no les pertenece a los administradores: me pertenece a mí, el ciudadano. Yo soy dueño.

La política “no mas pitos” es necesaria para cualquier gobierno que busca perennizarce (y todos los gobiernos buscan eso, en mayor o menor grado); pero evitar el escándalo público no se logra ocultando el error, sino evitando cometerlo y si, se comete, buscando su pronta solución y reparación. Cuando un error necesita ocultarse ya no es error, sino delito; y cuando éste se oculta utilizando el aparato público, no es mantenimiento de la calma social, sino encubrimiento.

La política “no mas pitos” es también saludable para el ciudadano, pues el escándalo degenera en sensación de inseguridad. Pero eso no quiere decir que la información sea ocultada, sino que tenga un tratamiento adecuado.

La verdad debe ser dicha de manera técnica y sin apasionamientos. Alguna prensa amarillista a contribuido de manera innecesaria al aumento de la sensación de inseguridad. En Cotopaxi no hay mucho de esa prensa grotesca, casi nada. Eso debería ser tomado como ventaja para el administrador local, pues puede estar tranquilo sabiendo que los medios locales no exageran las noticias y que, incluso y desafortunadamente, algunos hasta parece que tienen miedo de informar.

De nuestra parte, vecinos recordemos que somos dueños, jefes. Si usted quiere cualquier información, de cualquier entidad y ésta no se encuentra en la página web, pídala y, si no se la dan inmediatamente, acuda a un Juez, que éste seguro hará valer sus derechos.