jueves, 28 de agosto de 2014

¡Busco un Mashca!




Hace centurias, y según se dice, Diógenes, que para muchos era un maestro filósofo, andaba por las plazas rodeado de perros y gritaba “¡busco un hombre!”. Esto le mereció la calificación de loco. Hoy sabemos que, muy seguramente, si estaba loco; pero entre loco y tonto, la distania es grande.

Hasta el día de hoy, la frase “busco un hombre” consignaría risas. Pero Diógenes no buscaba un hombre-macho, sino un hombre-humano. Según otros, lo que buscaba el mendigo era un hombre-honesto, mientras descalificaba al que se le presentaba diciendo que tan solo se le muestran escombros.

Nadie entendió, y no muchos entienden qué era “humanidad” para Diógenes. Algunos creen que él odiaba a la humanidad; muchos creemos que, al contrario, él amaba a la humanidad, pero simplemente no la encontraba en ningún hombre.

Hoy, cual Diógenes, la ciudad busca un Mashca. Esta búsqueda no es fácil, pues no se tiene claro cuáles son las características de ese grandioso ser. Quienes podían contarnos como era un Mashca, ya no están: o han muerto o se han ido de nuestra ciudad. ¿De dónde obtendremos la información que nos permita organizar un perfil del Latacungueño Real? ¿Cómo sabremos cuando encontremos a un Mashca de verdad?

Para orientarnos en lo que un Mashca era, algunos de nosotros aún podremos preguntar a nuestros abuelos, quienes seguramente conocieron a alguno o, mejor, posiblemente fueron uno. Pero eso es lo que el Mashca ERA, no lo que es, ni lo que necesita ser. Y no digo que las virtudes de antaño estén caducas, jamas; pero necesitan ser completadas con nuevas virtudes y destrezas que son obligatorias en el mundo de hoy.

Puede que lo siguiente suene a pedantería de juventud. Por favor, no se tome lo que sigue como una mocedad, pero, realmente, ¿será que nos encontramos en momento y lugar de redefinir el concepto “latacungueño”?

Si no es así, sería una lástima creer que hemos perdido lo que teníamos y que nos encontramos sin mucho porvenir inmediato. Y, si efectivamente resulta ser así, que la ciudad se apiade de nosotros, porque la responsabilidad es mucha y no parece haber muchos que quieran afrontarla.

Tenemos el raro lujo de poder empezar de cero, de crear, de dar a luz una nueva ciudad y un nuevo ciudadano. Nuestros ancestros serán la guía, pero la responsabilidad es nuestra. Tenemos nuestra madre enferma, pero también tenemos los recursos y el conocimiento para crear la cura. ¡No vamos más a rogar por medicina; vamos a crearla, nosotros!

Es tiempo de preguntarse, qué, realmente, significa ser LATACUNGUEÑO. Pero más allá de eso, la responsabilidad no queda en la pregunta. Es, en verdad, tiempo de respondernos, nosotros mismos: ¿Qué es ser latacungueño? Y, por ende: ¿quiénes somos?

De esas respuestas dependerá la ciudad que queremos, y de las acciones que tomemos en base a esas respuestas, dependerá la ciudad que tendremos.

Nuestra madre está enferma, no nos acostemos junto a ella a compartir su dolor: saltemos de nuestra inercia y fabriquemos la cura.

Nuestra madre está enferma. ¿La dejaremos morir?

jueves, 31 de julio de 2014

NO SEA MALCRIADO!


A usted le digo, vecino: no sea malcriado. Y no se lo digo gratuitamente. Puede ser que usted, para su concepto, sea un ciudadano modelo, y, obviamente, todos los demás estamos mal. Ahora bien, le voy a dar la razón en algo, y es que todos los demás, también, estamos mal. Todos somos unos malcriados. Me incluyo.

Mire usted, vecino, no se haga mala sangre ni se sienta insultado. El asunto es, propiamente, de etimología, o de gramática, pues somo mal-criados. Nos criaron mal. Y no es culpa de nuestros padres, sino que ellos crecieron en una ciudad diferente.

En tiempo de nuestros padre y abuelos, la ciudad era diferente. Las calles eran menudas y empedradas, no había ni la décima parte de vehículos que hoy hay, todos se conocían y hasta eran familia en algún grado. Todo era paz. Fuimos un pueblo grande, sin tráfico, ni urgencias, ni extraños. Bajo esos parámetros fuimos criados, sabiendo que cualquier error iba a ser benévolamente visto por el afectado quien siempre resultaba ser medio tío o medio primo en algún grado, seguramente conocía a nuestros padres y, al final, se solucionaría con un tirón de orejas y el abrazo de los eternos amigos que siempre fuimos, más que vecinos.

Esos días han cambiado. Hoy, la ciudad está atestada de ajenos, de gente de fuera que no conoce nuestras costumbres. Hay tráfico, la gente camina urgida, las calles siguen siendo menudas y el centro de la ciudad no se da abasto. Más allá de ello, nuestras otrora costumbres de buena amistad, más que de buena vecindad, no son compartidas por los foráneos que hoy ocupan nuestra casa.

Estos foráneos, la mayoría, ni se han percatado de nuestras tradicionales costumbres, ni han traído las suyas, sino las malas o ninguna.

Ahora bien, nuestras costumbres de buena amistad tampoco eran las mejores. Me explico: el salir corriendo a mitad de la calle en un carnaval, cuando mozos, es, a todas luces, riesgoso e impertinente, pero, en esa época no era mala costumbre porque no había carros y, los que había, circulaban muy despacio pues eran propiedad de los amigos, que ya sabían lo salvajones que éramos los niños. Hoy, eso, es una mala costumbre.

Entonces, seamos prácticos. Nuestras costumbres de buena amistad latacungueña -algunas, no todas- están desgraciadamente descontinuadas; y, las costumbres -o la falta de- de los foráneos, simplemente no es compatible con normas básicas de buena vecindad. Necesitamos nuevas reglas. Etiqueta, cordialidad, solidaridad, espíritu de comunidad... todo ellos serviría; pero, no son lostiempos todavía y nuestra ciudad es demasiado disímil en su población como para que todos alcancen a comprender estos conceptos por igual.

Propongo un nuevo concepto, que lleva un título ácido para los de corazón sensible: NO JODER.

El “no joder” es un concepto práctico y de aplicación inmediata, reconocible por todos y basado en el más elemental sentido común. Enlisto algunas prácticas aplicaciones directas de este principio: En el vehículo, no pitar si no es necesario, ocupar un colo carril de circulación, no tratar de “ganar” un paso en la esquina, no dejar o recojer gente en la mitad de la vía, respetar el semáforo, amar al peatón y al ciclista...

Como peatón, utilizar las veredas (por más estrechas que sean), utilizar los pasos cebra, caminar atento a los vehículos y no como zombies o como borricos, no escupir en la calle, no pararse como mudos en las puertas de las entidades obstaculizando el acceso, ceder el paso, no botar basura...

Y, así, normas simples que se basan en no hacer lo que a nosotros también nos molestaría. Esto podría ser particularmente difícil para algunos, como chóferes -poco- profesionales, gente que nunca ha vivido en una ciudad, jovencitos en época de “superman”, alcohólicos empedernidos y otros. Pero, al final, esto es tan sencillo que todos deberán, tarde o temprano, entender.

Entonces, amigos, ya saben: sean felices, y no jodan.

miércoles, 9 de julio de 2014

Vacas sagradas.



Hoy hablaremos, en verdad, de dos vacas, ambas, sagradas para el desarrollo de nuestra Latacunga.

La primera es sagrada, porque nos la comemos. Eso mismo: la vaca que va a nuestro triste camal, y que es tratada como desecho en lugar de como alimento. Esta vaquita es sagrada, digo, porque se destina a nuestra alimentación, y debe ser tratada como la más preciada mercancía. El ritual de sacrificio de este animal debe empezar por su crianza, donde la alimentación y vacunación debe ser minuciosa, ordenada y saludable. Al final de su etapa de crecimiento, su muerte, debe ser también sagrada, llevada a cabo en un establecimiento que guarde la pulcritud de un templo, mediante herramientas modernas y apropiadas, creadas y destinadas únicamente para dicho fin, tal como los amuletos shamánicos que solo sirven para una cosa y son guardados, aseados, mantenidos y utilizados con celo y esmero. Tras su sacrificio casi ceremonial, sus restos sagrados deben ser tratados sagradamente, no muy diferente a como se trata a una reliquia religiosa, impidiendo que cualquiera la toque sino solamente los iniciados, los conocedores, los preparados; eliminando cualquier impureza que corrompa su santidad y destinando su masa al fin que le está prescrito solamente mediante los procedimientos más adecuados y benévolos.

Solo así llegará carne sagrada a nuestra sagrada mesa para alimentar a nuestra también sagrada familia. (¡Que nadie diga que sus hijos no son sagrados!).

Sin embargo, organizar este casi esotérico ritual de sacrificio parece, hoy, imposible. Nuestro camal es una franca desgracia y la calificación del ganado que ingresa a él no es la mejor. La solución, parece y es, construir un nuevo camal o repotenciar completamente el existente. El flamante Alcalde indica que ya se están obteniendo recursos para esta obra y que, el Alcalde anterior, no se sabe si por orgullo, descuido o inicuidad, había renunciado, por escrito, a recibir los fondos que el Banco del Estado había ya prodigado para tal fin. Los latacungueños habremos de juzgar duramente al que, en el lugar de casi sacerdote, no hizo más que renunciar a los recursos para mejorar nuestro templo.

La segunda vaca es, todavía, mas sagrada. Se trata de la “vaca” (esta vez, entre comillas), que todos debemos hacer para mantener el orden y la estética de nuestra ciudad. Lo pido formalmente: ¡hagamos “vaca”! Ya deberíamos estar cansados de esperar que la autoridad nos de haciendo. Nosotros, los ciudadanos, los vecinos de Latacunga, tenemos la también sagrada obligación de contribuir con la tierra que nos acoge.

Es que no es difícil, ni la vaquita será muy gorda. El compromiso es bastante simple: limpieza, flores y cortesía. Mantener limpia nuestra casa y acera, pintar nuestra fachada, eliminar carteles, graffitis y publicidad desmesurada; llenar de flores nuestros balcones y alféizares; y, sobre todo, alimentar el espíritu de vecindad con amabilidad, buen trato y solidaridad, gestos que serán también compartidos, obligatoriamente, con los turistas que nos visitan.

Estamos encasquillados en organizar patrullas ciudadanas, poner alarmas y cámaras, mientras descuidamos la manera más sencilla de ahuyentar a la delincuencia: ocupar los espacios públicos. Es simple, un barrio donde sus vecinos salen a caminar juntos por las noches, organizan partidos de fútbol nocturnos, bingos en sus casas comunales, competencias de juegos tradicionales, y otros eventos de ese tipo, ese barrio, se libera de delincuentes. Es obvio, el ladrón no existe donde hay gente activa, sino donde permitimos un rincón oscuro.

Hagamos “vaca”. Limpieza, flores y cortesía; eso es todo lo que se necesita.

miércoles, 4 de junio de 2014

ME MUERO, SE SUBEN EL SUELDO!




La nueva bomba local: los Concejales suben el sueldo al Alcalde y, por ende, se suben sus dietas mensuales. Además, se han propuesto eliminar su obligación de trabajar ocho horas diarias y registrar su ingreso y salida de la oficina. Es decir, eso es lo que están debatiendo.

Todo esto suena alarmante. Parecería ser que, los encargados de la más compleja obligación para con la ciudad quieren, en definitiva, ganar más y trabajar casi nada. Eso parece, pero no necesariamente es así.

Me explico mejor: la Ley permite un límite a la remuneración del Alcalde y Concejales, dentro de ese límite, todo es bueno. Desde aquí, ya podemos sostener que subirse el sueldo no es, bajo ningún parámetro, ilegal. Ahora bien, trabajar ocho horas diarias es lo obligatorio para todo empleado público y privado, pero, resulta ser que, lo que hace un Concejal dentro de las instalaciones del Municipio es, básicamente, sesionar. No queremos Concejales que estén reunidos en sesiones ocho horas al día, cinco días a la semana, claro que no, eso si sería perder el tiempo. Tampoco queremos que cumplan horario de ocho a cinco, sino que trabajen el tiempo que sea necesario, sin límites.

El problema real, para quienes consideran que subirse el sueldo y bajarse las horas laborables está mal, es que no confiamos en nuestros Concejales, consideramos, por defecto, que son vagos y oportunistas. Siendo así, ¿por qué votamos por ellos?

El Concejal óptimo es un ciudadano que vive de su trabajo privado, por lo tanto, no puede pasar ocho horas encerrado en el Municipio. Este utópico Concejal, dedica sus horas nocturnas y libres a ESTUDIAR los problemas de la ciudad y estructurar sus propuestas de soluciones legales a esos problemas. Luego de preparado este trabajo, lo presentará ante el Concejo, donde los otros ediles harán sus valoraciones TÉCNICAS en pro de potenciar la idea de quien la presenta en beneficio de la ciudad y, estas reuniones no necesitan ser diarias ni durar más de unas pocas horas, si se hacen con técnica y transparencia. Si nuestros Concejales fueren como digo, no necesitarían estar en el Municipio sino un par de veces a la semana, porque dedicarán sus noches al trabajo por la ciudad. Este cansancio, este esfuerzo, bien merece ser recompensado con el más alto precio que les permite la Ley, porque, si así fuere, cualquier valor es poco para un trabajo técnico y denodado.

Pero claro, suponemos, por experiencia, que nuestros ediles no son como los que necesitamos. Y, sobre todo, permanece la inicua idea de que, quien hace trabajo intelectual, en realidad se pasa rascando y cobra por estar sentado. El trabajo intelectual, bien realizado, es aún más costoso para el trabajador que el trabajo físico, y debe ser muy bien remunerado, siempre que sea muy bien realizado.

Insisto, como siempre: no defiendo a nadie. Es solo que ya debemos dejar de escandalizarnos por todo y ver las cosas desde una perspectiva más técnica y pragmática.

Repito: no defiendo a nadie. Solo digo, que debemos dejarles que ganen lo que se les venga en antojo, siempre que esté dentro de los parámetros legales, pero también debemos -si, nosotros, los ciudadanos- preocuparnos de controlar -si, controlar- que el trabajo de nuestros elegidos sea del mayor nivel.

En resumen: ¡cobren lo que quieran, pero trabajen bien!

lunes, 19 de mayo de 2014

El último día




Hemos llegado a un punto, donde toda la gente considerada o autoconsiderada “buena”, presenta, como mayor aspiración, el tener un trabajo estable y medianamente bien remunerado, comer tres veces al día, pagar las cuentas y, al final, morir tranquilamente, de preferencia, durante el sueño. Tan cómodos nos hemos vuelto, que del dolor queremos escapar. La vida no tiene, luego, más sentido que el de, simplemente “estar”. Nuestras aspiraciones no son muy diferentes a las de cualquier semoviente: respirar, comer, existir y morir con el menor dolor posible.

Extraño los anteriores tiempos, donde la meta en la vida era trascender, y morir haciendo algo por lo que valga la pena morir, y no, simplemente, durmiendo.

Se dice, y bien dicho, que hay que vivir como si fuera el último día de nuestras vidas. La sociedad mercantilista actual ha interpretado ésto como “no dejar para mañana lo que se puede hacer hoy”. Esa no es la idea: la idea es experimentar cada momento como si fuera el último. Esque eso es la vida, experimentar. De entre todos los chocolates de la caja, ¿cuál se disfruta más?, pues el último, claro. Experimentemos la vida, vivamos la vida.

Y así, viviendo, viviendo de verdad, nos daremos cuenta que no estamos solos, que todo lo que hacemos tiene un motivo y ejerce una fuerza en el entorno. Nuestro trabajo, nuestros sueños, convicciones, nuestro esfuerzo; todo ello, produce energía, que es transmitida al ambiente y a los otros seres humanos, para, finalmente, formar parte de una energía planetaria, global. Esta energía planetaria es lo que define el destino de la raza humana. Dicho esto, ¿se dan cuenta del delito, casi de lesa humanidad, que comete el que se conforma y se acomoda? ¿Tienen una idea del acto atroz que comete el que, con solo pagar sus cuentas, se da por triunfador, y desiste de seguir creciendo?

Vivimos cada día, con la solvente mentira de que mañana seguirá saliendo el sol. Nos acostumbramos, nos acomodamos y, finalmente, nos rendimos ante nuestros propios “triunfos”. Nos conformamos. Energéticamente, morimos.

Ahora bien, esta arrogante actitud frente a la vida también afecta a la ciudad. Recordemos, la ciudad también es un elemento planetario; la ciudad respira, siente, vive. La ciudad está viva, y se alimenta de nuestras energías. Nuestra ciudad está anémica. Nuestra ciudad está llena de zombies, gentes sin energías, sin convicciones, sin motivos más allá de sus deudas y necesidades. Latacunga se está quedando sin latacungueños.

El latacungueño VIVE su ciudad, late con ella, respira con ella. El latacungueño sueña, aspira, tiene convicciones. El latacungueño siempre quiere más. El latacungueño alimenta su ciudad, con el esfuerzo de su trabajo, y con un plus, con un extra, con la yapa. El latacungueño sobrepasa sus ocho horas de trabajo remunerado, que es el trabajo benéfico para su familia, y dedica un par de minutos más, de trabajo no remunerado, a su ciudad, a construir ese escudo energético que, finalmente, le beneficiará.

Ese trabajo no remunerado es VIVIR. Acabar nuestras ocho horas obligatorias y necesarias, y darse cuenta que, mañana, posiblemente, no amanezca, y que aún queda mucho por hacer. No es cuestión de regalar trabajo, ni dineros. La ciudad necesita energía, y esa energía se crea con el discutir saludable, con la perfección del concepto “vecindad”, con la generación de ideas, de proyectos. Esa energía se genera cuando, simplemente, tomando un café, el latacungueño propone, discute y crea alternativas para su ciudad. El dolor social es energía; el buen mashca se interesa, le duele, le ofende lo que a su ciudad le ofende y perjudica; y reacciona, mejora, crece.

Mañana se acaba el mundo. ¿Qué necesita Latacunga, hoy?

martes, 13 de mayo de 2014

Plantones



Conforme al diccionario, un plantón es una “Espera muy larga por una persona que se retrasa o no acude a la cita”, o, según otro diccionario, el castigo que sufre un militar al cual se le ordena hacer guardias por jornadas extendidas.

Con esta idea, y con el último plantón que convocó a los latacungueños por la inseguridad (por la seguridad, debería decir), me queda la duda: ¿se atrasó la seguridad y nos dejó esperando? ¿Aguantamos castigo voluntario parados por largas jornadas, pagando nuestra propia culpa por la inseguridad actual?

Estoy de acuerdo con las manifestaciones masivas de la voluntad ciudadana; pero, el plantón, es definitivamente la menos creativa de ellas. Es, en definitiva, tiempo productivo desperdiciado, y, en muchos casos, un termómetro de la capacidad de convocatoria de tal o cual personaje o agrupación. Ahora bien, si se aprovechó ese plantón, por ejemplo, para compartir un comunicado, una carta abierta, una solicitud masiva a la autoridad encargada, una recolección de firmas o, incluso, socializar un proyecto de solución, entonces si, el plantón tiene sentido. Si el plantón fue solo eso, un montón de gente parada o caminando como perdida, gritando y pitando, no sirve de nada.

Parece que nos esforzáramos en mantener la cultura de la queja, en lugar de fomentar una sociedad de soluciones. El plantón, la marcha, el pito y la arenga, sin propuesta, es solo una forma más de queja. Analicemos lo siguiente: por estar fuera de nuestras casas, gritando, pitando, parados o caminando, el ladrón no se va a alejar, ni la policía va a trabajar mejor, ni el sistema judicial va a ser más eficiente. ¡Dejemos de quejarnos y empecemos a solucionar!

De otro lado, estas manifestaciones, a estas alturas, son un acto de hipocresía. Cuando se quería hacer la cárcel en Poaló, menos de cien personas evitaron que se construya. ¿Por qué nadie, en Latacunga ni Saquisilí dijo nada, cuando se empezaba a construir la cárcel actual? ¿No será que, en esos momentos, en aquel entonces, los que se dicen “actores políticos”, estaban todos comiendo del mismo plato y no les convenía decir nada? ¿No será, que la misma ciudadanía, que hoy se levanta a las calles, estaba amortiguada, conformista, paciente, rumiante, dormida o, convenientemente acomodada?

Creo que ya habíamos tratado sobre esto. A estas alturas, dibujar un cartel con la frase “fuera la cárcel”, es simplemente hipócrita, además de torpe e innecesario. Nadie dijo nada cuando se estaba construyendo, y queremos hoy, apenas hoy, hacer un plantón (?!).

Nos hemos dado vuelo hablando, escribiendo y posteando en redes sociales todo tipo de insultos y descontextualizaciones sobre las actuales autoridades. Pero éstas ya están varios años, y antes no se dijo todo lo que hoy se dice. Dar la patada a la salida, por muy merecido que muchos malos administradores se lo tengan, sigue siendo un acto cobarde y trapero. ¿Dónde está el latacungueño valiente, que enfrenta en todo tiempo, y no solo cuando le es conveniente y a enemigo ya vencido?

Promovamos una sociedad más madura. Basta de niñerías. La Federación de Barrios, junto con otras agrupaciones de todo tipo, debe liderar el pedido, directamente al Ministerio encargado, para que nos asignen, al menos un centenar de Policías para patrullar la ciudad 24 horas, 7 días. Es indispensable que las nuevas autoridades cobren el “favor” que le hicimos al país con esta cárcel, y lo cobren caro. Es urgente que dejemos de hacer lo que se nos pega la gana, y nos acostumbremos a mantener una ciudad organizada, ordenada y limpia, sin construcciones ilegales, ni “voladitos” en el segundo piso, ni vehículos mal parqueados. Todo esto es también inseguridad. Es imperativo que conozcamos a nuestros vecinos, que salgamos a hacer deporte las noches, que ocupemos los espacios, que actuemos como dueños de la ciudad. Donde hay gente, no hay delincuencia, así de simple.

jueves, 8 de mayo de 2014

EL QUE NO TENGA FACEBOOK, QUE LANCE LA PRIMERA PIEDRA




Conversando con mi amigo J.C. Melo, justamente sobre el fenómeno de las redes sociales y el infausto uso que, algunitos, hacen de ellas, le pedí que me mandara su comentario para compartirlo con ustedes hoy. Y eso hago, lo comparto tal como él me lo envió a mi:

Cada vez que se suscitan hechos de interés nacional o mundial… los nativos de la gran comunidad de la Internet, expresamos nuestro punto de vista, a través de redes sociales o Blogs. Sin embargo, hay quienes (dentro de las mismas redes) estigmatizan como "expertos del asunto" a sus colegas usuarios, o peor aún los catalogan como "Noveleros".
Cada vez que leo aquellos 'estados' o 'tweets', se me viene a la memoria lo que antes sucedía en nuestra casa u oficina, el mismo foro de debate de manera más privada. Ahora, gracias a la internet aquel foro es más público, en el cual se arman discusiones y criticas constructivas, pero a su vez, se invoca a opiniones totalmente fuera de contexto.
Esto me lleva a cuestionarme si en realidad es una "novelería" por parte del público consumidor del tema o si gracias a esta red, el seguidor del mismo, puede dar su punto de vista. En la mayoría de foros "improvisados", que aparece en cada red, hay ciertos comentarios totalmente fuera de lugar, acusando al opinante de manera destructiva y degradando su opinión, que, en la mayoría de las veces es acertada. Personas que al refugiarse en un medio de comunicación digital, atacan al ‘que se le aparece en frente’, con la escusa de estar hartos del tema del día, sin medir las consecuencias de sus acciones. En la actualidad existe una infinidad de información de fácil acceso, con la cual, el erudito y el novato pueden estar en igualdad de condiciones y que gente totalmente desinformada, podría aprender más sobre el asunto. Pero estos tipos de comentarios limitan en exceso la libre fluidez de la discusión y tal vez se podría decir, que viola la libertad de expresión, pues el atacado limita sus inquietudes y hasta borra sus ‘estados’ y su duda nunca es saciada, mientras que, el atacante ni opina, ni deja opinar, no aporta en nada al que sí le interesa el tema a discusión,
Creo muy en lo personal, que en las conversaciones (hoy foros digitales) de épocas pasadas, nadie exclamaba ese tipo de argumentos acusatorios; que se llegaba a una conclusión, que existía un dialogo, y nadie terminaba “peleando” por el tema, más bien cada uno de los actores defendía su posición de manera critica, algo que hoy en día se ha perdido por aquel tipo de gente que lo único que hace es “joder la paciencia.

Por eso amigo lector te sugiero: Antes de compartir un ‘estado’ en una red social que discrimine tanto al opinante, como al tema del día; mejor te ‘desconectes’, pues así aportas mucho más al foro de discusión de la red, te evitas un mal momento y sobre todo tu amargo momento leyendo a los “ambientalistas” “metaleros” “politólogos” “todólogos” y “sabelotodo” será recompensado con alguna otra actividad en la cual si estés interesado.
Es más fácil y confortante ignorar, que, ondear en un tema para ti, irrelevante.”

Estando muy de acuerdo con mi amigo J.C.; solo cierro insistiendo en lo último: si la discusión no interesa, más vale callar que atacar a aquel a quien si le interesa. Hace falta modales en las redes, y en la vida real, también!