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martes, 13 de mayo de 2014

Plantones



Conforme al diccionario, un plantón es una “Espera muy larga por una persona que se retrasa o no acude a la cita”, o, según otro diccionario, el castigo que sufre un militar al cual se le ordena hacer guardias por jornadas extendidas.

Con esta idea, y con el último plantón que convocó a los latacungueños por la inseguridad (por la seguridad, debería decir), me queda la duda: ¿se atrasó la seguridad y nos dejó esperando? ¿Aguantamos castigo voluntario parados por largas jornadas, pagando nuestra propia culpa por la inseguridad actual?

Estoy de acuerdo con las manifestaciones masivas de la voluntad ciudadana; pero, el plantón, es definitivamente la menos creativa de ellas. Es, en definitiva, tiempo productivo desperdiciado, y, en muchos casos, un termómetro de la capacidad de convocatoria de tal o cual personaje o agrupación. Ahora bien, si se aprovechó ese plantón, por ejemplo, para compartir un comunicado, una carta abierta, una solicitud masiva a la autoridad encargada, una recolección de firmas o, incluso, socializar un proyecto de solución, entonces si, el plantón tiene sentido. Si el plantón fue solo eso, un montón de gente parada o caminando como perdida, gritando y pitando, no sirve de nada.

Parece que nos esforzáramos en mantener la cultura de la queja, en lugar de fomentar una sociedad de soluciones. El plantón, la marcha, el pito y la arenga, sin propuesta, es solo una forma más de queja. Analicemos lo siguiente: por estar fuera de nuestras casas, gritando, pitando, parados o caminando, el ladrón no se va a alejar, ni la policía va a trabajar mejor, ni el sistema judicial va a ser más eficiente. ¡Dejemos de quejarnos y empecemos a solucionar!

De otro lado, estas manifestaciones, a estas alturas, son un acto de hipocresía. Cuando se quería hacer la cárcel en Poaló, menos de cien personas evitaron que se construya. ¿Por qué nadie, en Latacunga ni Saquisilí dijo nada, cuando se empezaba a construir la cárcel actual? ¿No será que, en esos momentos, en aquel entonces, los que se dicen “actores políticos”, estaban todos comiendo del mismo plato y no les convenía decir nada? ¿No será, que la misma ciudadanía, que hoy se levanta a las calles, estaba amortiguada, conformista, paciente, rumiante, dormida o, convenientemente acomodada?

Creo que ya habíamos tratado sobre esto. A estas alturas, dibujar un cartel con la frase “fuera la cárcel”, es simplemente hipócrita, además de torpe e innecesario. Nadie dijo nada cuando se estaba construyendo, y queremos hoy, apenas hoy, hacer un plantón (?!).

Nos hemos dado vuelo hablando, escribiendo y posteando en redes sociales todo tipo de insultos y descontextualizaciones sobre las actuales autoridades. Pero éstas ya están varios años, y antes no se dijo todo lo que hoy se dice. Dar la patada a la salida, por muy merecido que muchos malos administradores se lo tengan, sigue siendo un acto cobarde y trapero. ¿Dónde está el latacungueño valiente, que enfrenta en todo tiempo, y no solo cuando le es conveniente y a enemigo ya vencido?

Promovamos una sociedad más madura. Basta de niñerías. La Federación de Barrios, junto con otras agrupaciones de todo tipo, debe liderar el pedido, directamente al Ministerio encargado, para que nos asignen, al menos un centenar de Policías para patrullar la ciudad 24 horas, 7 días. Es indispensable que las nuevas autoridades cobren el “favor” que le hicimos al país con esta cárcel, y lo cobren caro. Es urgente que dejemos de hacer lo que se nos pega la gana, y nos acostumbremos a mantener una ciudad organizada, ordenada y limpia, sin construcciones ilegales, ni “voladitos” en el segundo piso, ni vehículos mal parqueados. Todo esto es también inseguridad. Es imperativo que conozcamos a nuestros vecinos, que salgamos a hacer deporte las noches, que ocupemos los espacios, que actuemos como dueños de la ciudad. Donde hay gente, no hay delincuencia, así de simple.

miércoles, 9 de abril de 2014

Me muero, se han llevado la cárcel!




Como si fuera broma, ahora el problema no es solo que nos hayan puesto una cárcel, sino que nos han quitado la vieja y no sabemos qué hacer con ella.

Mientras una autoridad piensa en un Museo, el administrador que ya se va, quisiera hacer un parqueadero, y la Ministra de Justicia preferiría hacer un centro de detención para contraventores y alimentantes impagos. A alguien escuché que deberían aprovechar para hacer un mejor puente con la panamericana, o que se debe ceder el espacio para un edificio satélite del Hospital General. Todas las ideas son buenas.

Y, mientras las autoridades deciden, los ciudadanos guardamos silencio. Todos callados, mientras nos dan decidiendo el futuro. Nosotros, los dueños de ese edificio, nada hacemos ni decimos.

Digo yo, que el destino de ese edifico debe ser consultado a la ciudadanía, pero no a toda, porque nadie sabe las necesidades de la casa del vecino. Quienes deben ser consultados, inmediatamente, son los habitantes del sector, los que viven en el barrio y, específicamente, aquellos que tienen sus casas a cuatro cuadras a la redonda de la cárcel. ¿Qué dicen ellos?

Nada dicen nuestros vecinos de la 2 de Mayo. Y nada dicen porque nadie les ha preguntado aún. Pero el que no les consulten no debe sorprendernos, porque ésta es la manera en que se toman decisiones administrativas hoy en día: en base al viserazo, a “proyectos” más o menos estructurados, a capacidades y necesidades de entidades particulares y no siempre tomando en cuenta la afectación de los humanos que están más cerca del asunto. Lo que si sorprende, es que los vecinos del sector no se hayan organizado. ¡Nadie va a escuchar a quien nada tiene que decir!

Es hora de calificar el trabajo de los representantes barriales, de las organizaciones vecinales y de los mismos vecinos individualmente. Cuando se conversa con algunos de estos vecinos, solo atinan a decir “me muero, se han llevado los presos, y ahora, ¿qué será que van a hacer con eso?” Esta última pregunta es ridícula. Somo nosotros los que tenemos que decirle a la administración que es lo que queremos que haga. El espacio que queda en la antigua cárcel de Latacunga es, obvio, propiedad de los latacungueños. No podemos sentarnos a esperar y ver qué es lo que sucede, nos es obligatorio, como propietarios, definir y decidir el futuro de nuestra propiedad.

Propongo lo siguiente: en las próximas semanas, los moradores de los barrios aledaños a la vieja cárcel deben reunirse, en asociación o en colectivo, y definir, técnicamente, qué es lo que se puede hacer con ese espacio que le beneficie mayormente al sector. Esa idea debe estructurarse con estadística, planificación y la técnica vigente. Luego, la idea, que se habrá transformado en borrador de proyecto, debe ser llegada a la autoridad correspondiente, empezando por el Municipio de la Ciudad. Tras ello, generar el activismo necesario para lograr las autorizaciones y disposiciones de las autoridades y, finalmente, disfrutar de lo conseguido.

En todos los casos, algo hay que hacer, menos quedarse callados.

Pregunto, a los vecinos de la cárcel, y directamente a ellos: ¿qué quieren, necesitan o desean hacer con ese espacio? Respóndanse a si mismos, y obtendrán la orden ciudadana, de cumplimiento obligatorio, para la autoridad.

Somo latacungueños, Latacunga no pertenece. No somos inquilinos: somos dueños!


viernes, 28 de marzo de 2014

Me muero, nos han puesto la cárcel!





Tema trillado, este de la cárcel. De entrada, hay que decir que no es una simple cárcel, sino un “Centro Penitenciario de Alta Seguridad”, que servirá para todos los sentenciados en la sierra centro. Hasta bonita está.

Ahora bien, ¿cuál es el problema de tener un Centro de este tipo, cerca de nuestra Latacunga? Por un lado, dicen, esto incrementará la delincuencia en nuestra ciudad; y, por otro, dicen también, que nos están hechando todos los problemas de la sierra centro a nosotros.

De cierta manera, es verdad, vendrán todos los delincuentes de la sierra centro; pero vendrán sentenciados y encerrados, no vendrán a compartir nuestros vecindarios. Pero, dicen también, que con éstos presos vendrán sus familias, a las cuales, desde ya, las hemos tachado de delincuentes potenciales. Y, aunque hay que aceptar que, seguramente, no sean gentes con las mejores costumbres, tampoco podemos caer en el prejuicio de llamarles delincuentes. Con todo, son personas, que consumen; y esto significa, a los ojos de buen judío, un negocio en potencia.

Para controlar a esta posible nueva masa de ciudadanos, necesitamos de policías. Esto es por lo que hay que batallar ahora: contingentes policiales para Latacunga y Saquisilí. El Estado debe destinar, al menos, 20 policías más a Saquisilí, y 50 a Latacunga. Además, debe crearse, en Latacunga, un cuerpo especializado de inteligencia, que permita adelantarse a los eventos delictivos.

Más allá de ello, hay que decir una cosa simple: la cárcel YA ESTÁ. Es de necios organizar, apenas hoy, marchas, plantones y protestas. Aceptémoslo de una vez, ya está hecho, y nada hay que pueda cambiarse al respecto.

Los esfuerzos deben orientarse a conseguir de la administración dos cosas, la primera, el contingente policial del cual ya se trató; y, la segunda, una reivindicación para nuestras ciudades. Creo necesario y justo, por ejemplo, que como contraprestación al “servicio” que estamos prestando para la instalación de este centro, el Estado se avoque a la reconstrucción del sistema de alcantarillado de Latacunga y, de paso, el soterramiento de toda la cablería que pende de nuestros postes y contamina la hermosa vista que presta nuestra ciudad. Si, además, nos instalan un par de turbinas de generación de energía eólica, sería óptimo.

Ya nada hay que se pueda hacer contra el Centro Penitenciario. Construido está. Lo que nos debería preocupar ahora es obtener un rédito directo de ello.

Latacunga debe levantarse en voz de protesta, si; pero no por el hecho mismo de la cárcel, sino como exigencia, al gobierno central, a fin de que consigne los valores, tecnología y otros arbitrios necesarios para solventar los más grandes y urgentes problemas de nuestra urbe. Ya nos sonsacaron el espacio para la cárcel. Ahora, simplemente, cobremos el favor, y cobrémoslo bien.

Dicen por ahí, que el señor Presidente habría ofrecido treinta y cinco millones de dólares para el alcantarillado de la ciudad. Pues reclamemos los setenta que nos hacen falta. Pero, sobre todo, y por el bien de nuestros hijos, reclamemos mediante veedurías técnicas, que el manejo de esta cárcel sea óptimo, que realmente sea de altísima seguridad, que no se corrompan las seguridades, como se sabe que ha pasado en otros centros, donde, en la misma cárcel existe drogas, comunicaciones celulares y hasta armas de fuego.

Reclamemos, si, pero reclamemos el manejo técnico y adecuado del centro, la repotenciación de la seguridad pública en nuestras ciudades y las reivindicaciones a que tenemos derecho.

De estos reclamos deberá apersonarse el flamante Alcalde, sin que deje de contar con todos nosotros para apoyarle. Tenemos la fe no ser defraudados.