Es
bueno ver que nuestra ciudad retoma su ambiente normal. Me refiero al
clima, por supuesto. Nuestra ciudad es fría, andina. Aún extraño
fenómenos que admiraba cuando pequeño, granizadas apocalípticas y
tormentas de rayos que ponían en sustos a mi bisabuelita. Falta,
porque desde hace mucho no se ve, la neblina cubriendo las calles
empedradas y apenas iluminadas por los faroles que cuelgan de algunas
paredes y postes del centro.
Es
innegable que nuestro clima ha cambiado. Ahora enfrentamos sequías
de casi un año seguido y las disputas por el agua están a la orden
del día.
Productores
campesinos denuncian el bombardeo de las nubes con químicos que
estarían impidiendo que llueva. Por su parte, grandes empresas
productoras a las que se les imputa tal acto afirman no haberlo hecho
y estar igual de preocupados por la situación climática. ¿Es el
inicio de verdaderas disputas por el líquido vital?
Regresan
a mi memoria los inviernos llenos de “catzos”, que por miles se
apegaban a las luminarias de mi casa, correr por potreros
sobrecargados de saltamontes y escaparme con los amigos del barrio a
capturar sapos y renacuajos. Hoy, eso es imposible. La producción de
bienes agrícolas no alimentarios como rosas y claveles a eliminado
el hábitat del escarabajo, la sobreoferta inmobiliaria asesinó al
saltamontes y la desecación de pantanos acabó con los anfibios.
Y,
si le pregunto a mi padre o abuelo, ellos todavía me hablarán de
cochas llenas de garzas y digles y patos de páramo; me cuentan de
bosques cercanos donde se podía cazar perdices y gallinetas con tan
solo una piedra y buena puntería.
Hoy,
los humedales de La Cocha han sido desecados, sacrificando miles de
animales para beneficio de un par de vacas, y bajo la bandera de la
mal llamada “propiedad comunitaria”. Los sectores boscosos de
Alaquez, Joseguango y sus cercanías han sido eliminados para dar
paso a un urbanismo desordenado, canchas y proyecciones agrícolas.
Ni hablar de los ríos y canales de agua que por allí cruzaban,
donde íbamos con los primos, en las bicicletas, a refrescarnos;
éstos o no existen más o están tan contaminados que a nadie
beneficiarán corriente abajo.
La
ciudad está creciendo, es verdad. Es necesario que crezca y, sobre
todo, es imposible impedirlo. Pero podemos ser más organizados. El
gobierno cantonal no hace empeño en reformar el ordenamiento
territorial. Creo que hay zonas en las que se puede crecer
verticalmente. Latacunga está lista ya para edificios de varios
pisos. No podemos seguir soportando estructuras antiestéticas de
tres o cuatro pisos, cuando en ese mismo espacio se puede hacer diez
y así aliviar la carga que nuestra urbanidad significa para la madre
naturaleza.
Es
es mediocridad e hipocrecía: escudarse en el riesgo de temblor y el
volcán Cotopaxi para impedir construcciones elevadas en la ciudad
mientras en Japón que soporta todo embate natural se levantan
rascacielos y mientras acá, de todos modos, se autorizan las mismas
casonas de cuatro pisos al filo del río.
En
papeles existe una supuesta zona industrial, en la realidad tal cosa
no existe ni existirá en buen tiempo y los emprendimientos
industriales se asientan adonde bien pueden. Eso, los pocos
emprendimientos de este tipo que existen, sino es mejor referirse a
mecánicas y lubricadoras, para ser más acertado.
Necesitamos
un nuevo ordenamiento territorial, pensado en una mejor calidad de
vida. Es indispensable replantearse TODA la ciudad, desde la óptica
del vecino, del ciudadano. La ciudad necesita tener a las empresas
potencialmente contaminantes a relativa distancia, que la zona centro
sea protegida y que en ella se potencia la cultura, las artes y el
turismo; zonas residenciales diferenciadas para casas, condominios,
departamentos y edificios inclusive; veredas amplias, muchas áreas
verdes y, lo más urgente, orden y control de tránsito y de
construcciones.
Hay
que reinventar Latacunga. Para esto se necesita mentes abiertas,
gente nueva con ánimo y ganas de ser diferentes, de ser mejores. Se
necesita hombres y mujeres sin miedo, creativos y leales.
En
otras palabras, hace falta latacungueños. A Latacunga le hace falta
latacungueños.
Gracias por escribir esas líneas, han servido de inspiración para poder hacer un pequeño comentario.
ResponderEliminarTodo lo que redactas en el artículo tiene mucha verdad, también fui parte de la temporada de "catzos", cruzada de ríos a pie con el perro de la familia, casería de saltamontes y recolección de sapos después de la lluvia, pero debemos entender, que ya crecimos! Y los recuerdos que ahora añoramos, son solo recuerdos, ahora debemos trabajar para construir un espacio para las generaciones venideras, en donde los niños puedan salir en sus bicicletas como lo hacíamos nosotros. Es verdad que los tiempos han cambiado, ni la ciudad es la misma, ni la gente piensa igual, debemos entender que el mundo cambio, acoplarnos al cambio global, de lo contrario no creceremos y habremos fracasado como ciudadanos. Pero ahora, como crecemos? si ni los administradores públicos se preocupan de eso, y no es que no quieran, sino que no avanzan, en el mundo entero se trabaja una temática que se llama ciudades creativas que promueve la UNESCO, es cuestión de entrar la plataforma crear un login y un password y solicitar asesoría, ellos encantados envían a los técnicos, trabajan en conjunto, solucionan el problema y felices y contentos todos, pero ni eso! Tan difícil será? Lo que pasa es que no hay voluntad, y sobra la envidia o verdaderamente no avanzarán? Se la pasan pensando en como hacerle quedar mal al contrincante político o pensando a que partido saltan para ganar las próximas elecciones, "y eso desde los nuevos políticos hasta los viejos", se desgastan pensando en la vanidad y el ego personal, que no les da tiempo de planificar o hacer un verdadero ordenamiento territorial. Florida R. (2009), en su libro Las Ciudades Creativas, dice que, el lugar donde decidimos vivir es un factor crucial en nuestras vidas, por que es allí donde se trabajará, crecerán los hijos y estará la persona amada. Haciendo un análisis del texto propuesto, nos damos cuenta que tiene toda la razón, un alto porcentaje de nuestra felicidad depende del lugar en el que decidimos vivir. Entonces, es el momento de empezar a trabajar por nuestra #Latacunga, desde lo poco que podemos hacer hagamos, y para empezar, vamos a dejar de tirar la basura en las calles!
Q:. H:. Te felicito por la valentía de los comentarios, se que no es fácil pero lo lograremos, te dejo un video para que lo veas y analices, un TAF.
https://vimeo.com/58255845
Que buen video! Ahorita mismo lo comparto en mis redes. La ciudad es la Vida!!! Gracias por comentar ñañito.
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