lunes, 13 de octubre de 2014

¿Sumak kawsay o mishky kausay?




Asuntos de mera traducción. No es lo mismo una vida lograda y digna que una vida dulce y cómoda. Es que no es lo mismo vivir bien, que darse la buena vida.

En esta confusión nos encontramos, tanto ciudadanos comunes como administradores públicos cuando, entre otros yerros, mantenemos figuras acomodaticias como el bono solidario, seguro social campesino, preferencias a minorías y demás. En este punto me saltarán al cuello varios sindicalistas, pseudo socialistas, cuasidirigentes y demás.

Antes de mi linchamiento, quiero que se me permita explicarme:

Una cosa son las reivindicaciones sociales que pueden bien merecer algunos grupos, así como las facilidades (no beneficios) que la sociedad debe prodigar a grupos prioritarios como niños y ancianos; pero otra cosa es el demérito institucionalizado de las mayorías.
Debemos aclarar algunos conceptos. Primero, no está claro qué es una minoría y qué es la mayoría. Actualmente, cualquier congregación que comparta una diferencia, que se asocie más o menos organizadamente, entra en el parámetro de minoría. Por ley de la carambola, todos los que no tenemos esa diferencia, somos mayoría. Nada más errado que esto. Bajo el mismo parámetro, y parafraseando a Gandhi, yo también soy una minoría, una minoría de uno. Además, hay que diferenciar la idea de “minoría” y el concepto “grupo vulnerable”. Está de moda hacer de cualquier minoría un grupo vulnerable. Todos, sin excepción, somos parte activa o pasiva de algún tipo de minoría, basado en nuestros gustos, obligaciones, relaciones o realidades, yo mismo soy de la minoría que juega paintball, por ejemplo; pero VULNERABLES solo hay dos: los niños y los ancianos.
Como esta espina ya le ha picado a más de uno, se introdujo un nuevo concepto: “grupos de atención prioritaria”. Y, claro, las minorías oportunistas también quisieron ingresar en los listados de prioridad en su atención. Nuevamente, hay que restringir el concepto: de atención prioritaria hay uno solo, los enfermos, y, de ellos, los que presentan afectaciones permanentes a su vida diaria, mal llamados discapacitados. Nadie más. ¡Y nadie más!
Ser negro, blanco, indio, chino, mujer, homosexual o madre soltera no me pone en desventaja fáctica frente a nadie, en tanto haga respetar mis derechos y ejerza mi primera obligación para con el Estado: superarme continuamente.
¿Cómo se pretende construir igualdad, cuando cada uno quiere ser “mas igual” que el otro?
Cuando contrato gente para trabajar, no le pregunto su raza, pero la empresa pública si. Cuando voy a sacar un préstamo en un banco privado no importa mi ancestralidad o mi autoreconocimiento cultural, pero el dinero público se otorga preferentemente a proyectos “de minorías”, sean o no bueno proyectos.
Existen leyes “de la mujer”, así como normativa específica para campesinos, indígenas y LGBT. Los demás, a ver como sobrevivimos, porque, en verdad, parece muy malo en este país ser varón, heterosexual, sano, joven, blanco-mestizo y económicamente activo.
Esta nueva minoría, la de los "normales", pese a ser minoría, no existe. Y no existe por un simple hecho: no nos reconocemos como minoría. Así, mientras nosotros nos partimos el lomo buscando el Sumak Kausay, otritos que si supieron aprovechar su situación, viven el Mishky Kausay.
Así llegamos al día de hoy, donde un joven independiente que no se pertenece a ninguna minoría reconocida, no tiene mejor opción vital que acceder a un cargo público, porque el Sumak Kausay cuesta plata, y esa plata es menos fácil de acceder si uno no es fatalmente diferente al resto. La afectación es severa, pues no solo golpea a los jóvenes profesionales, sino al país entero, pues, está visto, que salvo proyectos de desarrollo rural y otros parecidos, no existe proliferación de iniciativa productiva nacional.
Muchos no estarán de acuerdo con lo que digo, si eres uno de ellos, tienes dos opciones: o eres uno de los pocos que triunfaron sin ayuda y contra la marea pseudosocialista, o eres uno de los que usufructúan de las ventajas de esta dolce vita: EL MISHKY KAUSAY.

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