Más de una vez hemos
escuchado en la radio, o leído en la prensa, referencias a las
ordenanzas. Y, pareciera ser, por lo que se oye, que estas cosillas
son suficientes para salvar o hundir a la ciudad; y así es. Pero,
¿qué son, exactamente?
Simple: una ordenanza
es una especie de ley. Así como las leyes mandan la vida de todos, a
nivel nacional, las ordenanzas hacen lo mismo, a nivel de la ciudad.
A la par, el Concejo hace las veces de Asamblea, y los Concejales son
una especie de Asambleistas locales. Queda claro, las ordenanzas son
las “leyes” que rigen la ciudad, mientras no se contrapongan a
las leyes nacionales y la Constitución; y, los Concejales son
quienes las elaboran.
Con una ordenanza bien
hecha pueden resolverse la mayor parte de los problemas de la ciudad,
como tránsito, organización sectorial, construcciones, impuestos,
servicios municipales, transporte, medio ambiente y muchos otros
temas. Para que una ordenanza sea bien hecha, quienes las elaboran
deben tener conocimientos profundos del problema que se va a
solucionar y, al menos, conocimientos básicos de Derecho. Hacer una
ordenanza no debería ser una labor política, sino un trabajo
técnico especializado.
Estando a puertas de
elecciones, bien nos cabe, a los votantes, consultar a los candidatos
a Concejales, sobre sus propuestas de regulación legal de la ciudad,
recordando que ellos no hacen obra, sino ordenanzas. El candidato a
Concejal debe ser capaz de responder qué ordenanzas hay que crear,
cuáles modificar y cuáles eliminar. El candidato debe poder
mostrarnos cuáles serían los posibles efectos futuros de estas
modificaciones, y, sobre todo, convencernos y convencerse él mismo,
de que tales propuestas no tendrán otro fin, sino, el mejoramiento
de la ciudad.
Hacer leyes no es
fácil. Así como un padre de familia no puede ofrecer o disponer
comprar, para su casa, un carro del año, cuando gana un sueldo
básico, tampoco el candidato puede ofrecer, o el Concejal puede
disponer mediante ordenanza, la elaboración de un imposible. Para
hacer una ordenanza hay que verificar varios puntos escenciales,
entre ellos: disponibilidad de fondos, efectos ambientales, cuántas
personas serán afectadas y cuántas beneficiadas, si esa ordenanza
va a servir a futuro y no solo como parche, si es ambientalmente
factible, si es necesaria y, sobre todo, si realmente va a poder
llevarse a efecto y controlarse su cumplimiento.
La ordenanza es letra
muerta, si no existe un encargado de hacerla cumplir. No importa
tener la mejor ordenanza de construcciones del país, si el comisario
encargado no controla esas construcciones o si, el mismo municipio,
otorga permisos fuera de la ordenanza. De nada sirve que se regule el
comercio del centro, si la Policía Municipal es incapaz de controlar
el comercio informal. Una buena ordenanza debe incorporar una sanción
drástica a quien la incumpla, y tiene que venir de la mano de un
agente encargado de su cumplimiento que sea capaz, transparente y,
sobre todo, tenga mano firme.
Si la ordenanza es
responsabilidad del Concejo de la ciudad, nominar la autoridad de
control correspondiente suele ser tarea del Alcalde. Es obligatorio
que trabajen juntos, coordinadamente.
Estando, como digo, a
puertas de elecciones, nosotros, los ciudadanos, debemos analizar
minuciosamente y con cabeza fría las ofertas de campaña y, sobre
todo, saber valorar la real capacidad intelectual, la voluntad y el
espíritu latacungueñista del candidato. Ante todo, recordemos lo
que ya dejo anotado: la administración de la ciudad NO es una labor
puramente política, sino un trabajo técnico especializado.
Es tiempo de elegir
gerentes para nuestra ciudad.
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